Cleventine 3: Presente y Futuro [parte 1: Identidad]

3x02. Un poco de desesperanza

3º LIBRO - Presente y Futuro

_PARTE 1: Identidad_

2.

Un poco de desesperanza

Ya era un poco tarde y el barrio a las afueras de la ciudad estaba, como siempre, silencioso y desértico. Los vecinos estaban terminando de cenar en sus chalets de lujo o yéndose a dormir temprano, ya que mañana era lunes. Pero no en todas las casas se desenvolvía la misma situación de normalidad.

El viejo Lao se encontraba ahora mismo en la casa de los Vernoux. Hacía años que no entraba en esa vivienda, por las circunstancias pasadas. Ahora las circunstancias no estaban parando de cambiar. Llevaba una hora ahí esperando, sentando en el salón, mirando el reloj de vez en cuando, con el móvil en las manos, preguntándose si ya debería empezar a preocuparse y llamar.

Sin embargo, justo cuando se decidió a hacerlo, le pareció oír una voz grave familiar. Sonaba fuera de casa. Extrañado, se acercó a uno de los ventanales, apartó la cortina y miró al exterior. Ahí, en mitad del jardín delantero, encontró a Neuval tendido sobre la hierba, bocarriba, como un pelele. Lo preocupante no era eso; lo preocupante era que estaba hablando solo en voz alta. A veces levantaba los brazos y hacía gestos, como si estuviera teniendo una conversación con el cielo.

«Madre mía… Otra vez no…» pensó el viejo Lao, saliendo de la casa, creyendo que Neuval había vuelto a perder el norte, el sur y un poco del oeste. Cuando caminó hasta él, este seguía hablando solo, en francés, mirando a las nubes. Por eso, cuando Lao se inclinó hacia él y puso su cabeza en su campo de visión, mirándolo fijamente con su ojo de luz roja brillando un poco en esa oscuridad, Neuval se quedó mudo al instante, con cara de susto.

—Hola… —lo saludó Lao, poniendo un tono casual.

—Hola… —respondió Neuval del mismo modo, arqueando una ceja—. Señor Lao.

—¿Me puede explicar qué bemoles está haciendo aquí tirado, señor Vernoux?

—¿No deberías aclarar tú primero qué haces en mi casa?

—Ay… por Dios bendito… —suspiró el viejo, y se sentó sobre la hierba a su lado, apoyando los codos en las rodillas—. Acabarás dándole una idea equivocada a algún vecino y llamarán a la policía.

—¿Qué idea?

—Que hay un loco drogadicto con pinta de vagabundo tumbado en la parcela privada del ilustre Neuval Vernoux.

—Les diré que soy Valneu Vernoux, el hermano gemelo descarriado —se encogió de hombros—. Y que estoy hablando telepáticamente con Neuval.

—Sabes que los gemelos no funcionamos así, ¿verdad? —se rio Lao.

—Ah, ¿no? ¿No estabais mentalmente conectados el tío Kai Shen y tú?

—Más allá de pronunciar a veces las mismas palabras o expresiones al unísono o de reaccionar a algo haciendo la misma mueca o gesto… rara vez nuestros pensamientos coincidían.

—Pero me dijiste que erais idénticos.

—Físicamente —asintió Lao—. Pero Kai Shen era el tranquilo y sensato. Y yo… el alborotador inquieto.

—Hah… justo como Kyo y You —comentó Neuval, curioso—. De todas formas… yo soy un telépata, al fin y al cabo.

—Ya, pero eso no lo saben tus vecinos humanos, ni deben.

Dejaron pasar un rato de silencio. Después, Neuval volvió a girar la cabeza sobre la hierba para mirarlo.

—¿Por qué has venido? ¿Para hablar de la misión?

—En parte —asintió Lao, y sacó una memoria USB de su bolsillo y se la dio—. Acertaste con tus sospechas. La base con el laboratorio clandestino que Drasik y Brey han desmantelado esta mañana sí era una subcontrata ilegal con mercenarios ya veteranos dirigiéndola, los cuales Brey y Drasik ya han desvivido. Allí todos sabían lo que hacían y para qué iba a usarse, pero mi fábrica de envasados y transporte ha resultado ser un chivo expiatorio. Recibían el compuesto químico, el que Drasik ha confirmado, bajo una falsa etiqueta de encargo autorizado gubernamental, creyendo ser legítimo.

»Me he infiltrado como operario, y no cabe duda, allí sólo había inocentes ignorantes siendo utilizados. Lleva quince años siendo una fábrica legítima y normal. Y, como esperábamos, el producto ya había salido de allí, según los registros, hace tres días. Así que no ha sido necesario destruir y desmantelar el lugar. Hay que seguir persiguiendo el rastro del producto. Y ahí te he puesto los diferentes destinos que programaron en los camiones que salieron de la fábrica hace tres días. Hay que averiguar cuál de todos esos camiones se llevó el compuesto y a dónde, porque, por supuesto, ese dato fue borrado de los registros.

—Vaya… Siento haberte dado la parte más aburrida de la misión —dijo Neuval, observando el pequeño pendrive sobre sus ojos—. Esperaba que tuvieras algo más de suerte y encontraras el compuesto todavía allí. Y al incinerarlo todo con tu fuego, los avispones te atacarían con sus armas y te divertirías un poco con ellos.

Los “avispones” era como los iris solían llamar a los típicos guardias o matones armados que las bandas de tráfico o terrorismo solían enviar a vigilar cada lugar donde el producto ilegal que manejaban tenía que pasar como cadena de producción.

—No había avispones.




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