Cleventine 3: Presente y Futuro [parte 1: Identidad]

3x04. La noche más larga (1/4)

3º LIBRO - Presente y Futuro

_PARTE 1: Identidad_

4.

La noche más larga (1/4)

Ya era medianoche en Tokio. Toda la ciudad dormía a la víspera del lunes laboral. Pero unos pocos no podían conciliar el sueño. Como, por ejemplo, un joven vestido de negro, encapuchado y con una mascarilla tapando la mitad de su cara, que se encontraba en el rellano de la tercera planta de un edificio de viviendas, agachado ante la puerta de una vivienda en concreto, intentando forzar la cerradura con una ganzúa moderna.

No estaba teniendo mucho éxito. Llevaba ya un buen rato y se estaba desesperando. Y no lo entendía, porque siempre se le dio de fábula forzar cerraduras. Se recolocó las gafas sobre el puente de la nariz y dio un suspiro, probando a hacer algo más de fuerza.

El rellano era alargado y sólo tenía dos puertas, distanciadas a cada extremo. Esperaba no hacer demasiado ruido y alertar al vecino de la otra puerta. Todo estaba muy silencioso.

—¡Así no es! —exclamó una voz femenina a su espaldas.

El joven se dio un susto tan grande que reaccionó por puro instinto y práctica de años y años de entrenamiento, dándose la vuelta velozmente mientras alzaba una pierna, rodeaba con ella el cuello de la otra persona y la aprisionó contra el suelo bajo su peso.

Vio que se trataba de una chica que también venía con una mascarilla negra de tela y con la capucha de la sudadera puesta. Ella soltó un gemido ahogado al tener la cabeza atenazada por la pierna de él, pero su reacción también fue veloz y automática, haciendo un giro de cadera y logrando aprisionar la cabeza de él entre sus muslos. Los dos terminaron apresados por la llave del otro, sin poder respirar, poniéndose azules.

—¡Que soy yo, tarugo! —jadeó ella, apartándose la mascarilla para descubrir su rostro.

—¡Mei Ling! —exclamó él con sorpresa, soltándola rápidamente.

Ella también lo hizo y ambos se apoyaron en el suelo para recuperar el aliento.

—¿¡Por qué me sobresaltas así!? ¿¡Estás loca!? ¡Podría haberte matado! —exclamó él en voz baja.

—¿¡Tú!? —le espetó ella—. ¡En tu vida me has ganado un combate cuerpo a cuerpo!

—¡Claro! ¡Porque si no te mataría!

—¡Ahh! ¿¡Cómo te atreves!? —le dio un empujón—. Serás más fuerte, pero te gano en flexibilidad y en aguantar la respiración.

—Bueno, ¿y se puede saber qué demonios haces aquí a estas horas? —preguntó, apartándose la mascarilla bajo la barbilla también.

Mei Ling se metió las manos en los bolsillos de la sudadera y sacó su propia ganzúa.

—A ti tampoco te responde las llamadas, ¿eh? —entendió él.

—¿Le habrá dado un infarto? —se preocupó Mei Ling—. ¿O se harbá resbalado en la ducha y ahora está desnudo y desmayado en el baño?

—Por Dios, Mei, no me des esa imagen. Además, si el abuelo se golpea contra el suelo, lo que acaba dañado es el suelo.

—Aparta, tardón —lo echó a un lado, y se agachó ante la cerradura de la puerta para intentar forzar la cerradura con su ganzúa—. Parece que nunca has usado una de estas.

—Perdona, pero, como comprenderás, no me suelo dedicar a hacer estas cosas ilegales.

—No me hagas reír, Lex. ¿Cuándo fue la última vez que forzaste una cerradura? Sé sincero.

—Mi vida ahora es sencilla y decente.

—¿Me vas a decir que desde que te largaste de tu casa no has usado ninguna de las habilidades que tu padre te enseñó para conseguir algo de tu interés? —preguntó escéptica.

—¿Acaso tú sí?

—Como tres veces por semana —sonrió orgullosa.

—¿Qué? Oh, no… —comprendió Lex, y se frotó los ojos tras las gafas—. ¿Sigues haciendo eso que solías llamar “misiones humanas propias”?

—Sólo ayudo a la gente con la que me encuentro por casualidad necesitando ayuda, ¿vale? Nada peligroso. Como, por ejemplo, proteger a una amiga de la universidad de su violento ex. Vino un día hacia ella como un animal. ¡Hahah! Tenías que haber visto los cuatro dientes que le dejé en su boca. Y después la ayudé con la denuncia y la testificación. O, por ejemplo, el robo que sufrió mi profe de Dinámica de Fluidos Computacional. Alguien le robó su laptop personal en su despacho, con todas las fotos y recuerdos de su familia y su trabajo profesional. Lo ayudé a investigar, y necesité la ganzúa para colarme en el despacho de otro profesor que tenía bajo mis sospechas. ¡Sorpresa! Lo tenía él. Mi profe recuperó su laptop y el otro fue denunciado. ¿Ves? Resolución de problemas al alcance del poder humano. Nada sobrenatural y letal.

—Creía que esas eran cosas anecdóticas, como una vez al año.

—Cuando os cuento cosas, no os lo cuento todo —sonrió ella de nuevo, pero después puso una graciosa cara de buldog al hacer fuerza con la ganzúa—. ¿Pero qué le pasa a esta cerradura?

—Bueno, yo… —titubeó Lex, esperando ahí de pie tras ella—. Puede que usara la ganzúa… para un par de situaciones realmente importantes en los últimos años…

—Ya, ya… un par…




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