3º LIBRO - Presente y Futuro
_PARTE 1: Identidad_
7.
La noche más larga (4/5)
Hace 7 años…
«La Asociación jamás había visto un caso así desde la Guerra Extraña que padeció hace poco más de 300 años, a manos de unos extraños y oscuros atacantes, de los cuales los dioses dijeron haberse hecho cargo, sin más explicaciones. Pero, esta vez, la devastación con una similar escala catastrófica no estaba sucediendo en el Monte Zou, sino en Japón.
Comenzó hace tres semanas, y los taimu llevaban desde entonces manteniendo el tiempo congelado en todo el sistema solar, para que luego los humanos inocentes no notaran la más mínima diferencia. Para ellos, esas semanas no deberían haber existido; deberían ser como un parpadeo. Por eso, ni siquiera los astrónomos debían alarmarse al descubrir que los astros se habían movido tres semanas de distancia en un instante.
Así que Japón llevaba todo ese tiempo sumido en un atardecer paralizado, con el sol poniéndose en un horizonte y las estrellas asomando por el otro horizonte. Aunque el humo las había estado tapando.
Iris de todo el mundo, guardianes del Monte, monjes, almaati, todos estaban fuera del tiempo detenido, colaborando en arreglar el destrozo y en rescatar a los centenares de humanos heridos, cuyas lesiones tratarían usando un proceso especial del don taimu para acelerar el tiempo de curación, y así, al devolver el movimiento, esos humanos volverían a hallarse ilesos donde estaban y con las memorias borradas.
Era un trabajo arduo. Pero incluso los dioses estaban ayudando, aunque únicamente en materias de terreno, apagando fuegos, restaurando grietas en la tierra, transmitiendo su energía Yin y Yang únicamente para recomponer la naturaleza y su correcto equilibrio, pues en lo que respecta a los humanos y sus vidas, no tenían ninguna potestad.
La Asociación estaba también preparada para encargarse de los muertos. Con ellos no podían hacer nada. Tenían directrices de ir construyendo escenarios falsos que explicasen sus muertes después, cuando el tiempo volviera a la normalidad, y así sus familiares y amigos, con sus memorias también modificadas, tuvieran un recuerdo que su cerebro comprendiera.
Sin embargo, por alguna milagrosa razón, no estaban encontrando a ningún muerto.
Era algo que nadie se explicaba. Excepto los dioses, quienes silenciosamente sospechaban un posible motivo y estaban siguiendo su huella.
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Alvion era el único que tenía una tarea diferente muy concreta: encontrar a Neuval y frenarlo. Era el único que podía hacerlo, supuestamente. Y no había parado de buscarlo ni un segundo durante esas semanas, sin hacer ninguna pausa ni para comer, ni sentarse, ni dormir, aunque un Zou podía aguantar esto perfectamente mucho más tiempo. Agatha lo había estado acompañando, ayudándolo con el teletransporte.
Lo cierto es que en ese vigésimo día había llegado una calma inesperada por todo el país. Era como si el ruido y la tormenta ya hubieran pasado. El cielo estaba más despejado con la reducción del humo y los huracanes, y se veían las estrellas en el este. Parecía irreal. Esto dio esperanzas a Alvion, pensando que Neuval al fin había agotado sus fuerzas.
No obstante, no notó que Agatha compartiera ese mismo alivio. La anciana había estado especialmente callada todos esos días. Alvion estaba confuso, percibía en ella emociones contradictorias. Rabia… vergüenza… culpa… resentimiento… Decidió comentárselo aquella noche, cuando estaban posados sobre las grandes vigas metálicas de una Torre de Tokio que había quedado bastante inclinada al hundirse dos de sus patas, aunque seguía ofreciendo una gran visión de la ciudad desde su punta.
—Tiene pinta de haber terminado —dijo Alvion, mientras su larga melena blanca ondeaba con la brisa.
—¿Puedes conectarte de nuevo a él? —preguntó Agatha, sentada una viga más abajo, con sus ojos cerrados.
—No puedo hacerlo con un arki…
—No se ha convertido en arki —le interrumpió rápidamente la taimu.
Alvion frunció el ceño, mirándola con una sensación incómoda.
—¿Cómo explicas sino toda esta…?
—No ha sucumbido al séptimo grado —volvió a interrumpir ella—. Hazme caso, niño. Está muy enfermo, pero su iris sigue resistiendo. No lo has perdido. Intenta reconectarte.
Si había algo con lo que Alvion odiaba lidiar era con los secretos. Para dirigir adecuadamente la Asociación y salvar constantemente a la humanidad y proteger la naturaleza del planeta con el mayor éxito posible, lo primero que necesita el encargado de esa tarea es conocerlo todo. Todo lo que hay y lo que no hay, todo lo que pasa y lo que no pasa, cómo funcionan las cosas… Para todos los Zou había sido inevitable trabajar con dos barreras que no podían atravesar: los secretos de los Knive y los secretos de los dioses.
Y Alvion sabía que Agatha era esclava de varios de esos secretos.
—Esto también me pasaba con “él” —comentó Alvion. Vio a Agatha mover un poco la cabeza, como si le hubiera llamado la atención esa mención—. El nacimiento de su iris fue el más raro que sentí. No era una energía normal… Le encargué a Denzel ir a recogerlo, pero en cuanto escuchaste su nombre y apellido tú te impusiste e insististe en ir tú misma. ¿Recuerdas? Y tardaste una semana en traérmelo, Agatha. ¿Tú lo conocías de antes? ¿Qué pasó ese día? ¿Qué escenario encontraste en esos suburbios de París hace 38 años?
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Editado: 09.08.2026