3º LIBRO - Presente y Futuro
_PARTE 1: Identidad_
9.
Hora de levantarse
Hace 19 años…
«Lex estaba pasando unos días de verano con sus padres y con sus abuelos maternos en una casa junto a un lago que Hideki y Emiliya solían alquilar desde hacía años, en la prefectura de Gifu. Era un lugar tranquilo, rodeado de pura naturaleza, bosques y montañas. Había otros turistas en el lago ese día, de los pueblos cercanos o haciendo camping.
Hace poco, Lex e Ichi habían comenzado a recibir de sus padres un entrenamiento básico de artes marciales. Hideki y Emiliya hicieron lo mismo con Katya cuando era pequeña y ahora Katya quería que Lex aprendiera la misma disciplina y fortaleza.
En el atardecer, Hideki, con su largo cabello rojo recogido en una coleta y en bañador, se encontraba en una orilla lejana del lago impartiendo algunas lecciones de lucha a Ichi, y al pequeño parecía dársele muy bien. Lex no podía decir lo mismo. Le estaba costando. Neuval le había estado intentando dar las mismas lecciones esos días, y como no lograba ir tan bien como su tío, se había ido a sentar sobre las toallas cerca la orilla, solo y malhumorado.
Su madre y abuela estaban unos metros más atrás, sentadas en unas sillas plegables, vestidas con traje de baño y sombreros de paja bajo una sombrilla. Katya tenía un laptop sobre sus piernas y no paraba de teclear nuevas programaciones para la nueva Hoti que iba a ser implantada en el futuro rascacielos de Hoteitsuba, cuya construcción había comenzado hace poco en Tokio. Por su parte, Emiliya tenía a un bebé, rubio y de ojos verdes como ella, sobre sus piernas, con el que no paraba de jugar y mimar.
Neuval había aprovechado para darse un baño en el lago. Había visto que Lex necesitaba unos minutos a solas y no quería atosigarlo. Entonces, al salir del agua, se acercó a él y se recostó en la toalla de al lado.
—¿Qué? ¿Quieres intentarlo otra vez? —le apremió, sonriéndole con calma, pero el niño se abrazó las rodillas y miró para otro lado—. Eh, mon grand ?
—No quiero. Es inútil. ¿Para qué perder el tiempo?
—Tiempo es todo lo que tiene un niño de 6 años como tú.
—Pues no tengo paciencia. Así que paso.
—¿Sí? ¿Has decidido rendirte tras una simple semana?
—Me has hecho el mismo ejercicio 100 veces y las 100 veces me he caído. No quiero darle el gusto a la 101. Yo no soy como tus compañeros iris. Ni como el tío Ichi.
—Es que no tienes que ser como un iris ni como tu tío, Lex. No estás compitiendo contra ellos. Estás compitiendo contra tu “yo” de ayer. Sólo tienes que ser mejor que el Lex de ayer.
El niño se giró y lo miró con el ceño fruncido, sin entender.
—¿Estás enfadado conmigo? —preguntó Neuval, y el niño volvió a apoyar la barbilla sobre sus rodillas y se encogió de hombros de mal humor—. ¿O contigo?
—Con los dos. No quiero hacer más esto. No quiero que me obligues.
—Vaaale, no te obligaré. Si quieres que pare, pararé.
—No es tan fácil. Porque entonces te voy a decepcionar. Y me da vergüenza. Y…
—No estamos haciendo esto para que me complazcas a mí. ¿Por qué miras tanto a tu abuelo y a tu tío? ¿Ves la cara de orgullo de tu abuelo cada vez que Ichi consigue superar el ejercicio y quieres que eso pase entre tú y yo?
—Es que… yo esperaba hacerlo bien… y quería demostrártelo… y sólo me has visto caer y caer 100 veces. Es humillante.
—Hah… Eso no es lo que he visto —le posó la mano en la cabeza y lo obligó a mirarlo a los ojos—. Lo que te he visto hacer es levantarte 99 veces.
Lex se quedó sorprendido, y no supo qué decir, porque ese punto de vista de repente cambió su modo de entender el ejercicio.
—Esto que estás experimentando se llama frustración, Lex.
—No quiero sentirla nunca más.
—Quítate esa ilusión de la cabeza. La frustración aparecerá más veces en tu vida, inevitablemente. Es un efecto natural de la ambición. No tienes que verla como un muro que te impide avanzar, sino como un trampolín que te está intentando invitar a saltar a otro camino, a probar otro método, otro enfoque. La frustración es una señal de que lo que estás haciendo no funciona y es hora de buscar otra táctica. Pero eso sólo es posible si aceptas dar el salto.
»No importa cuántas veces te caigas, mientras te sigas levantando. Algunas veces te sentirás agotado y sin ganas de levantarte, pero eso es normal. No pasa nada. Sólo necesitas una pausa, un descanso, pensar un poco. Justo lo que estás haciendo ahora. No tienes que levantarte enseguida si no puedes. Tómate tu tiempo. Y levántate cuando estés mejor. Pero nunca dejes que la caída dure el resto de tu vida.
—¿Hay alguna manera de hacer que este malestar de la frustración se vaya antes? Entiendo que es una emoción compleja, pero no me gusta que por culpa de ella estoy perdiendo un tiempo que puedo dedicar a avanzar.
—No estás perdiendo ningún tiempo. Estás gestionando un problema interno. Es como ejercitar un músculo. Te hará más fuerte, más resistente a las futuras frustraciones. Atesora los malos momentos como un aprendizaje, Lex. Todos estamos en este mundo por tiempo limitado. Es una aventura temporal.
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Editado: 09.08.2026