Close to you

Capítulo XVI: La estrategia de Ernesto

Ernesto

Tres de la mañana y mis parpados ya pesaban, le doy un sorbo a mi expreso, ya he tomado dos pero no me quitan el sueño.

Leo y releo el contrato, seguido de eso mis ojos pasan a la ventana dentro de la computadora donde se expone un correo corto pero conciso, esta mujer lo único que quiere en joderme y quitarme parte de mi empresa, que si bien no es una multinacional, hay muchos hombres y mujeres que dependen de mí, por lo que no voy a permitir que una zorra, manipuladora quiera reclamar algo que no es suyo.

Aviento el montón de papeles por fruto de mi indignación, Olivia no solo me abandono, también me quito a Diego, mi único hijo y ahora viene a exigir derechos, no sé en qué momento pude fijarme en esa mujer…

Mi cabeza comienza a jugarme malas pasadas, recuerdo las noches que compartí con Olivia, sus piernas delgadas afianzándose de mis caderas, mis manos recorriendo su estrecha cintura y pellizcando su respingado trasero.

Maldita sea.

Repentinamente los grandes ojos cafés e inocentes de Andrea nublan mi mente, su amplia sonrisa y esos labios rojos, su risa, sus manos recorriendo mi pecho, sus gemidos cerca de mi oído, sus mejillas sonrojadas y es en este momento en que caigo en cuenta de que Andrea y Olivia son totalmente diferentes, sí Andrea es más joven e inexperta pero es honesta, trabajadora mientras que Olivia solo quiere manipular a las personas y solo quiere salirse con la suya cueste lo que cueste.

El miedo y la ansiedad corrompen mi sistema ante el temor de que Andrea se llegue a encontrar con Olivia, no quiero que Andrea me mire con decepción y lo que menos quiero es hacerla llorar por ocultarle mis problemas y algunas situaciones familiares, en algún momento tendré que decirle todo pero por ahora prefiero ocultarle todo esto.

Froto mis manos sobre mi cara, después de eso apago la computadora, pongo orden en mi estudio y cuando pienso que estoy tranquilo y que puedo irme a dormir comienza sonar mi celular, suelto un suspiro lleno de frustración y cansancio. Contesto sin mirar el número o el nombre.

–Diga– suelto sin un atisbo de educación, al otro lado de la línea dudan en contestar y estoy a punto de colgar cuando responde una voz un tanto desconocida.

– ¿Doctor Marín? – la voz es de un joven.

No soy una persona que da tan fácil su número de celular y menos a mis alumnos así que este punto solo estoy rogando a Dios o al universo mismo de que la llamada no tenga nada que ver con Andrea.

–Soy yo ¿Quién habla?

–Esto… disculpe las molestias, sé que ya es muy tarde pero…–no puedo con la incertidumbre y la voz del chico suena preocupado y debe estar muy nervioso porque en ocasiones tartamudea.

–Al grano ¿Quién eres y como conoces mi número de celular?

–Soy Roberto, amigo de Andrea.

Por primera vez agradezco quedarme hasta la madrugada trabajando.

En cuanto Roberto me dice donde están inmediatamente tomo mi saco de la silla frente al escritorio, agarro mi cartera y salgo del estudio para dirigirme a la cochera de mi casa, estoy a punto de escoger las llaves de mi auto blanco pero recuerdo que no solo deben de estar Andrea y Roberto en barandilla, no me detengo a analizar eso cuando ya estoy tomando las llaves de la minivan.

El camino se hace interminable y poco a poco la adrenalina dentro de mi cuerpo desaparece y voy sucumbiéndome ante la preocupación y el enojo y es que ¿Qué carajos estarían haciendo como para terminar en barandilla? Es jueves deberían estar durmiendo.

¿Jueves?

Sino fuera porque voy manejando me daba un zape en la cabeza.

Viernes

Foráneos

No se regresan a casa.

No recuerdo que Andrea me haya comentado algo sobre una fiesta, de hecho por lo que me ha contado y porque la conozco ella no es de ir a menudo a fiestas, cosa que me tranquiliza, la situación no está para que salga tan libremente sobre todo en esta ciudad tan conflictiva.

El resto del camino voy apretando el volante del auto y trato de no subir demasiado la velocidad o sino yo también tendría un problema.

Estaciono el auto y antes de bajar respiro profundamente mientras cierro los ojos, muevo mi cuello en un intento de que mis hombros se destensen, decido no alargar la situación porque seguramente esos chicos–aunque irresponsables– deben estar cansados.

Hablo con un oficial, muy joven por cierto, le comento que vengo por Andrea Gámez y los otros chicos–supongo que debí preguntar sus nombres– supongo que el oficial sabe de quienes hablo por lo que rápidamente empieza el trámite para pagar la multa, mientras hago el pago el oficial me comenta sobre el altercado, él no sabe muy bien los detalles pero aun así trata de explicármelos.

–Los jóvenes hicieron una fiesta, supongo que se salió de control y unos vecinos fueron a reclamar, arrancaron la puerta, el lugar quedo hecho un desastre aunque lo normal después de una fiesta y…–explica agrosomodo el oficial, aunque su voz comienza a dudar, supongo que se debate entre decirme lo siguiente por lo que le hago una seña con mi mano para que continúe y este un poco incómodo  –Una de las chicas fue agraviada por uno de los vecinos, desconozco su nombre pero tiene pelo corto, ondulado, alta, un poco subida de peso…  Lo bueno es que llegue a tiempo y pude evitar cualquier tragedia.

El oficial no termina completamente la descripción de la chica, cuando reconozco que está hablando de mi chica, mi Andy. Un nudo se forma en mi garganta, las manos me tiemblan y aprieto mis dientes, cierro los ojos un microsegundo y al abrirlos me encuentro al oficial un tanto arrepentido.

–Gracias oficial, sus servicios serán recompensados– respondo lacónico.

Observo como el oficial se va en busca de los chicos y yo me quedo sentado, trato de tranquilizarme porque lo último que ha de querer Andrea es ver mi cara de perro y que la sermonee, eso ultimo tal vez lo haga pero más tarde después del desayuno.




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