CAPÍTULO 15: Alta sociedad-2
Darem se levantó de la silla con calma, acomodándose la sudadera mientras daba un pequeño paso atrás del escritorio.
—Bueno… creo que ya abusé bastante de tu tiempo —dijo, con una sonrisa sincera—. Gracias por explicarme todo.
Evelyn inclinó ligeramente la cabeza, como si siguiera cada uno de sus movimientos sin necesidad de verlo.
—Antes de que te vayas —añadió—, tengo que decirte algo.
Darem se detuvo.
—¿Sí?
—Me caíste bien —dijo ella sin rodeos—. No es algo que pase a menudo.
El chico arqueó una ceja, sorprendido.
—Vaya… eso no me lo esperaba.
Evelyn esbozó una sonrisa suave, casi divertida.
—Tal vez podríamos vernos otro día. Sin proyectos, sin Bush, sin misiones raras. Solo… conocernos mejor.
La insinuación era sutil, pero clara.
Darem se rascó la nuca, algo incómodo, aunque no molesto.
—Sí… —respondió tras unos segundos—. Me parece bien. Suena… normal. Y eso no está mal.
—Me alegra oírlo —contestó ella—. Te llamaré.
Darem asintió, dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta.
—Cuídate, Evelyn.
—Tú también, Darem Roger.
Al salir al pasillo, el silencio del edificio lo envolvió de nuevo. Caminó unos metros con las manos en los bolsillos, pensativo.
No me lo esperaba…
Pensé que sería fría, distante… y al final resultó ser bastante agradable.
Sin darse cuenta, sonrió levemente mientras avanzaba hacia el ascensor.
César apareció por detrás sin hacer ruido, con una sonrisa ladeada que Darem reconoció al instante.
—Vaya, vaya… —dijo cruzándose de brazos—. Así que ahora te ligas a CEOs multimillonarias. Y encima albinas, misteriosas y poderosas. Vas fuerte, Roger.
Darem se detuvo en seco y suspiró.
—¿Desde cuándo espías conversaciones ajenas?
—Desde que escuché mi nombre y el tuyo en la misma frase —respondió César encogiéndose de hombros—. Además, las paredes de ese despacho casi hablan solas.
Darem negó con la cabeza, algo incómodo.
—No fue nada de eso. Solo hablamos.
—Claro, claro. “Solo hablamos”. —César hizo comillas con los dedos—. Te miraba como si fueras un experimento interesante… o algo más.
—No digas tonterías —replicó Darem—. Tiene nuestra edad. Y es… normal. Sorprendentemente normal.
César caminó a su lado por el pasillo, más serio de repente.
—Escucha —dijo en voz más baja—. Te voy a decir algo sin burlas, ¿vale?
Darem lo miró de reojo, sorprendido.
—¿Tú dando consejos sinceros?
—Aprovecha cuando alguien te mira sin ver apellidos ni fantasmas del pasado —continuó César—. Esa chica no te habló como “el nieto de Fénix”. Te habló como Darem. Eso no pasa mucho.
Darem no respondió de inmediato. Pensó en la voz tranquila de Evelyn, en cómo no necesitaba mirarle a los ojos para parecer que lo entendía todo.
—Lo sé —admitió al final—. Por eso me cayó bien.
Llegaron frente al ascensor. César pulsó el botón y las puertas se abrieron con un suave sonido metálico.
—Solo no te metas en cosas que no puedas manejar —añadió César mientras entraban—. CEOs, corporaciones, portales… todo eso suele cobrar caro.
Darem asintió.
—Y tú no empieces a molestar con rumores.
César sonrió de medio lado.
—No prometo nada.
Las puertas del ascensor se cerraron, descendiendo lentamente, mientras ambos guardaban silencio por unos segundos.
Por primera vez desde que se conocieron, no era un silencio incómodo.
César apoyó la espalda en la pared, cruzándose de brazos. Durante unos segundos guardó silencio, observando el panel de números ascender piso tras piso. Luego, sin rastro de burla en la voz, habló con seriedad.
—Entonces… —dijo—, ¿son pareja?
Darem se quedó rígido.
—¿Qué? No —respondió demasiado rápido.
César arqueó una ceja.
—Ajá.
—No lo somos —insistió Darem, apartando la mirada—. Solo hablamos. Nada más.
El silencio volvió a instalarse, pero esta vez era distinto. Darem notaba el calor en las mejillas y carraspeó, incómodo.
—No pasó nada raro —añadió—. De verdad.
César lo miró de reojo. Por primera vez desde que se conocían, no había ironía en su expresión.
—Si tú lo dices… —murmuró.
El ascensor siguió subiendo.
Darem se removió, aún algo sonrojado.
—¿Por qué preguntas eso tan en serio?
César tardó unos segundos en responder.
—Porque no parecía una charla cualquiera —dijo al fin—. Y porque… —hizo una breve pausa— no todos los días alguien como ella se fija en alguien como tú.
Darem parpadeó.
—¿Alguien como yo?
César esbozó una sonrisa ladeada, más sincera de lo habitual.
—Sí. Alguien que no va de sobrado, pero que siempre termina metido en cosas grandes aunque no las busque.
Darem no supo qué responder.
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Editado: 02.02.2026