CAPÍTULO 19: La cita
Era un sábado soleado y lleno de vida en el National Mall, en Washington D. C. El cielo estaba despejado, la gente caminaba entre risas, turistas sacaban fotos y el aire vibraba con ese calor incómodo del mediodía que no daba tregua.
Darem se encontraba allí, de pie, mirando el reflejo del sol sobre el césped interminable. Vestía un traje elegante: camisa blanca, saco negro y corbata. Demasiado elegante para ese clima.
En su mente, el fastidio era constante.
Esto es una tortura.
Me estoy asando vivo. Literalmente.
¿En qué momento pensé que era buena idea hacerle caso a Bush? “Vístete formal, da buena impresión”, dijo… Claro, él no está parado bajo el sol como una estatua funeraria.
Si muero aquí mismo por un golpe de calor, que conste que fue culpa suya.
Darem suspiró y, sin más, se aflojó la corbata. Luego se la quitó del todo y la dobló con poco cuidado antes de guardarla. Desabrochó un par de botones de la camisa y se remangó las mangas hasta los antebrazos.
—Mucho mejor… —murmuró para sí, aunque seguía teniendo calor.
En ese momento, el sonido de un motor suave y elegante llamó su atención. Una limusina negra se detuvo a pocos metros de él, impecable, contrastando con el ambiente abierto y luminoso del lugar.
La puerta trasera se abrió.
De su interior descendió una joven albina, de piel clara y porte tranquilo. Vestía con sobria elegancia, llevaba gafas oscuras y caminaba con seguridad, aunque sus ojos claros no enfocaban. Evelyn.
Darem sintió cómo un nudo le subía por el estómago.
Vale… respira. Es solo Evelyn.
La CEO de una corporación gigantesca.
De mi misma edad.
Perfectamente normal ponerse nervioso… sí, claro.
Ella se detuvo frente a él y sonrió con naturalidad.
—Darem —dijo con voz serena—. Veo que llegué justo a tiempo.
—S-sí… digo, no, o sea… sí, estaba esperando —respondió él, carraspeando ligeramente, consciente de lo poco elegante que sonaba.
Evelyn ladeó un poco la cabeza, divertida.
—Parece que el calor no tuvo piedad contigo.
Darem soltó una pequeña risa nerviosa.
—Digamos que no fue mi mejor decisión vestir así.
Darem caminó a su lado con cuidado, adaptando el paso al de ella. Evelyn apoyó suavemente su mano en el antebrazo de él, con naturalidad, como si lo hubiese hecho mil veces.
—Gracias —dijo ella con una sonrisa leve—. Normalmente no me olvido del bastón, pero hoy… supongo que estaba un poco distraída.
—No hay problema —respondió Darem—. Mientras no te lleve directo a una fuente o a un grupo de turistas perdidos.
Evelyn soltó una risa suave.
—Eso ya sería una experiencia completa de Washington.
Avanzaron por el National Mall, rodeados de gente, risas lejanas y el murmullo constante de la ciudad. Darem procuraba avisarle cuando había escalones o cambios en el terreno, y ella parecía confiar plenamente en él.
—Y dime —preguntó Darem—, ¿qué haces cuando no estás dirigiendo una megacorporación ni hablando de proyectos secretos?
—Sorprendentemente, cosas bastante normales —respondió Evelyn—. Leo mucho… bueno, escucho audiolibros. Me gusta la música clásica y el jazz antiguo. A veces toco el piano, aunque no sea gran cosa.
—Eso ya suena bastante impresionante —comentó Darem—. Yo apenas puedo concentrarme cinco minutos sin distraerme.
—También camino —añadió ella—. Me gusta hacerlo sola cuando puedo. Me ayuda a pensar. Y tú, ¿qué haces cuando no estás entrenando o metiéndote en problemas?
Darem dudó un segundo antes de responder. No sabía muy bien por qué, pero le resultaba extraño hablar de sí mismo con tanta naturalidad frente a ella.
—La verdad… —dijo al final, rascándose la nuca— leo manga y veo anime. Es lo que hago cuando no estoy entrenando o estudiando.
Evelyn se detuvo apenas un instante mientras caminaban, ladeó la cabeza y luego soltó una risa suave, genuina.
—Así que eres un friki —comentó con tono burlón.
—Oye… —protestó Darem, aunque una sonrisa se le escapó sin querer— no es tan raro hoy en día.
—No he dicho que sea algo malo —respondió ella, todavía sonriendo—. Solo no me imaginaba al nieto de Fénix Roger pasando las tardes leyendo viñetas japonesas.
—Pues lo hago —admitió él—. Me relaja. Además, las historias suelen ser mejores que muchas cosas reales.
Evelyn asintió despacio, apoyándose un poco más en su brazo mientras seguían avanzando entre la gente del parque.
—Tiene sentido —dijo—. Los mangas y el anime hablan mucho de superación, sacrificio, destinos imposibles… Supongo que conectan contigo más de lo que crees.
Darem parpadeó, sorprendido.
—¿Cómo sabes eso?
—Porque yo también leo —respondió ella con naturalidad—. Bueno, en mi caso escucho audiolibros adaptados y versiones narradas, pero conozco bastantes historias. Y sí, antes de que preguntes, también he visto anime.
Darem se rió.
—Vale, no me lo esperaba.
—Eso te pasa por juzgar a la CEO ciega de una megacorporación —replicó ella con ironía—. No todo en mi vida son reuniones y contratos.
A unos metros de distancia, sentados en una banca del National Mall, Chris y César observaban la escena con disimulo más que cuestionable.
Chris estaba recostado, con un periódico abierto frente al rostro, aunque claramente no estaba leyendo nada. Por encima del borde del papel, miraba de reojo a Darem y Evelyn mientras caminaban y hablaban animadamente.
César, en cambio, estaba con los brazos cruzados, gesto serio y una clara expresión de fastidio.
—No sé por qué demonios estoy aquí —murmuró César—. Esto es ridículo. No somos niñeras ni cupidos.
Chris bajó un poco el periódico, sin apartar la vista del texto impreso.
—Curioso que lo digas —respondió con calma—, cuando fuiste tú el que insistió en venir “por si algo salía mal”.
#1725 en Fantasía
#816 en Personajes sobrenaturales
#766 en Thriller
terror, terror drama realidad triste, terror fantasia locura
Editado: 02.02.2026