CAPÍTULO 22: La partida-3 FIN
6:43 de la mañana. El cielo aún permanecía cubierto por una oscuridad azulada, anunciando un amanecer que tardaría en llegar. El barco avanzaba lentamente hacia el puerto de Washington D.C., con el rugido constante de los motores vibrando en las paredes metálicas.
Alex se apartó de la mujer con calma. Su expresión ya no era la del depredador descontrolado de horas atrás, sino algo más sereno, casi reflexivo.
Ella, todavía sentada contra la pared, respiró hondo, tratando de ordenar sus emociones.
—Gracias… —murmuró, con la voz temblorosa—. No sé cómo agradecerte de verdad. ¿Cómo te llamas?
Alex la miró por encima del hombro durante un segundo.
—Alex Roger.
El nombre resonó en el aire como una decisión definitiva.
Sin añadir nada más, se dio la vuelta y salió de la cabina, perdiéndose en el pasillo silencioso, aún manchado por rastros de sangre y destrucción.
Mientras caminaba, una ligera sonrisa torcida apareció en su rostro.
Roger…
El apellido de su mayor rival. El apellido del hombre que lo habia humillado años atras, al que le había arrebatado el cuerpo, la historia y los recuerdos fragmentados que ahora habitaban en su mente.
—Vaya ironía… —murmuró para sí mismo—. Al final terminé usando tu apellido, Fénix Roger.
Sus pasos resonaban con tranquilidad, sin rastro de culpa ni arrepentimiento.
—Bueno, ni modo… supongo que perdí —añadió con una leve risa, desprovista de amargura—. Y, curiosamente, no me importa.
Por primera vez, esa aceptación no sonaba a derrota, sino a evolución. Alex ya no necesitaba demostrar nada, ni aferrarse al odio que lo había definido durante tanto tiempo. Había elegido avanzar, incluso si ese camino estaba construido sobre contradicciones, recuerdos ajenos y decisiones imposibles.
El monstruo seguía allí, sí.
Pero ahora pensaba, reflexionaba… y empezaba, lentamente, a convertirse en algo más que solo una sombra de venganza.
ÚLTIMA HORA — Washington D.C.
Un inquietante suceso ha sacudido esta mañana a las autoridades portuarias y a los servicios de seguridad federal. Un carguero procedente de Europa fue hallado a la deriva frente a las costas de Washington D.C., sin respuesta por radio y con evidentes signos de violencia a bordo.
Tras abordar la nave, los equipos de emergencia confirmaron un escenario estremecedor: la totalidad de la tripulación fue encontrada sin vida, con indicios de un ataque extremadamente violento. Los pasillos, áreas de carga y camarotes presentaban abundantes rastros de sangre y daños estructurales, lo que sugiere que el incidente ocurrió durante la madrugada.
La única sobreviviente es una mujer, esposa del capitán de la nave, quien fue localizada en estado de shock dentro de la cabina principal. De manera llamativa, los médicos confirmaron que la mujer se encuentra embarazada, un dato que ha generado aún más interrogantes en el caso.
Las autoridades han procedido a su detención preventiva mientras se desarrolla la investigación. De acuerdo con fuentes cercanas al operativo, la mujer ha sido considerada la principal sospechosa, debido a que no se han encontrado otras personas vivas a bordo ni señales claras de un abordaje externo.
La Fiscalía ha informado que la mujer permanecerá bajo custodia a la espera de su juicio, mientras los peritos analizan las pruebas forenses, las grabaciones de la nave y el contenido de la carga, que incluía varios contenedores sellados y un objeto de grandes dimensiones cuyo origen aún no ha sido revelado oficialmente.
Por el momento, las autoridades mantienen un estricto hermetismo sobre los posibles móviles del crimen. Sin embargo, no se descarta ninguna hipótesis, desde un brote de violencia interna hasta un incidente de naturaleza aún no determinada.
El caso ya ha sido catalogado como uno de los más perturbadores de los últimos años en la costa este, y se espera que en las próximas horas se emita un nuevo comunicado oficial con más detalles.
En el subsuelo de la Casa Blanca, oculto bajo capas de acero, hormigón y protocolos de seguridad imposibles de vulnerar, el portal dimensional ya comenzaba a activarse. Anillos de energía giraban lentamente alrededor de un núcleo luminoso que pulsaba como un corazón artificial, emitiendo un zumbido grave que hacía vibrar el aire. Las luces de emergencia teñían los pasillos de un tono azulado, creando una atmósfera tensa y solemne.
En una de las salas de preparación, Darem, César y Chris ajustaban su equipamiento en silencio. Chalecos tácticos reforzados, comunicadores internos, armas calibradas y sensores biométricos formaban parte del protocolo estándar para una incursión interdimensional.
César se detuvo un instante y sacó de un estuche un reloj negro de diseño robusto. Se lo ajustó con cuidado en la muñeca, comprobando que quedara firme.
—Este reloj va a ser importante —murmuró, más para sí que para los demás.
Darem lo observó con curiosidad.
—¿Tan especial es?
—Digamos que me da un poco de tranquilidad —respondió César, cerrando el broche—. Además, marca con precisión los tiempos límite. No quiero quedarme atrapado en otro universo por llegar tarde.
Chris terminó de asegurar el cargador de su rifle y sonrió de medio lado.
—Buena idea. Si algo sale mal, al menos sabremos exactamente cuánto tiempo nos queda para salir corriendo.
Los tres continuaron preparándose, revisando por última vez cada pieza del equipo. La tensión era evidente, pero también una chispa de expectación. Estaban a punto de convertirse en los primeros exploradores oficiales del proyecto S.T.A.R.S.
La puerta automática se abrió con un suave silbido hidráulico. Bush entró en la sala, avanzando con su silla de ruedas motorizada. Su expresión era seria, pero firme, como siempre que estaba a punto de dar una orden importante.
—Bien, chicos —dijo, deteniéndose frente a ellos—. En unos minutos el portal estará completamente estable. Antes de que crucéis, quiero dejar claras tres reglas simples.
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Editado: 02.02.2026