Code Eclipse

CAPÍTULO 23: La interupcion

CAPÍTULO 23: La interupcion

El estruendo del portal alcanzaba su punto máximo. El anillo dimensional giraba con violencia controlada, lanzando ráfagas de luz que iluminaban toda la sala como relámpagos artificiales. Los científicos gritaban coordenadas, los técnicos confirmaban estabilizadores y los monitores parpadeaban con lecturas inestables.

Darem, César y Chris ya se encontraban en la plataforma de acceso, listos para cruzar.

Entonces, en medio del caos mecánico y del rugido energético…

Clap. Clap. Clap.

Un aplauso lento y perfectamente audible rompió el ritmo de la sala.

Todos se quedaron inmóviles.

Desde una de las pasarelas laterales, emergió una figura caminando con absoluta tranquilidad entre las luces de emergencia y el vapor de los conductos. Cabello blanco, vestimenta oscura de estilo gótico, postura relajada y una sonrisa peligrosa dibujada en el rostro.

Alex.

—Vaya, vaya… —dijo con ironía—. Felicidades, Darem. Lograste escapar durante un buen tiempo.

Los soldados y agentes de seguridad reaccionaron al instante, levantando sus armas y apuntándole desde múltiples ángulos.

—¡Objetivo identificado! ¡No disparen sin orden directa! —gritó uno de los comandantes.

Darem sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Alex…? —murmuró.

El vampiro inclinó ligeramente la cabeza, observándolo con una mirada casi divertida.

—No importa a dónde vayas —continuó—. Puedo rastrearte. Siempre. Compartimos la misma sangre.

Alex llevó una mano al cuello y bajó lentamente el cuello de su abrigo.

Una cicatriz grotesca rodeaba toda su garganta, como un anillo de carne sellada, marcando una unión antinatural.

—Este cuerpo… —añadió con una sonrisa torcida— pertenece a tu abuelo. A Fénix.

El silencio se volvió pesado y eléctrico.

Darem sintió cómo el estómago se le hundía. César apretó los dientes con furia contenida. Chris dio un paso instintivo hacia delante, protegiendo a su compañero.

—Eso es imposible… —susurró Darem.

—Oh, créeme, es muy real —respondió Alex con total calma—. Y gracias a eso, siempre estarás conectado conmigo.

Los agentes ajustaron mejor sus armas, rodeándolo completamente.

—¡Al suelo! ¡Manos visibles! —ordenó un oficial.

Alex los miró como si fueran simples insectos.

—¿De verdad creen que eso sirve de algo?

Levantó lentamente un dedo.

Durante una fracción de segundo, el aire se comprimió, como si la realidad misma contuviera la respiración.

Entonces, un estallido invisible atravesó la sala.

Un vacío brutal perforó el espacio como un proyectil intangible, cruzando de lado a lado el laboratorio, atravesando consolas, muros reforzados y estructuras metálicas, abriendo un túnel de destrucción absoluta.

La pared estalló en fragmentos, las chispas saltaron como una lluvia de fuego y una línea de combustión se encendió al contacto con los sistemas eléctricos rotos.

—¡Fuego! ¡Evacuación inmediata! —gritaron varias voces al mismo tiempo.

Las alarmas comenzaron a ulular con estridencia, luces rojas parpadeaban por todo el complejo y el humo empezó a llenar la sala.

La gente corría en pánico, algunos científicos caían al suelo intentando protegerse, mientras los sistemas de contención luchaban por mantenerse activos.

El portal fluctuó violentamente, lanzando ondas de energía inestables.

Alex bajó el brazo con absoluta tranquilidad, observando el caos como si fuera un simple espectáculo.

Darem dio un paso al frente.

Luego otro.

Y otro más.

Las alarmas seguían rugiendo, el humo comenzaba a invadir la sala y las luces de emergencia teñían todo de un rojo inquietante, pero nada de eso parecía importarle. Su mirada estaba fija en Alex, cargada de una furia que jamás había mostrado antes.

César intentó sujetarlo del brazo.

—Darem, espera…

Pero Darem se soltó sin mirarlo.

Se plantó a pocos metros de Alex, ignorando los rifles apuntando, el caos alrededor y el peligro latente del portal inestable.

Su voz salió firme, temblando apenas por la rabia contenida.

—Ya me harté de tu existencia.

Alex arqueó una ceja, divertido.

Darem apretó los puños.

—Antes de que aparecieras, mi vida era perfecta. Podía leer todos los mangas que quisiera, ver anime, comer tranquilo, vivir sin miedo… tener una vida normal. —Su voz se quebró por un segundo, pero volvió a endurecerse—. Pero desde que tú llegaste, todo se convirtió en un infierno.

El humo rodeaba sus siluetas como una niebla de guerra.

—Muertes, persecuciones, amenazas… —continuó—. Ya no puedo dormir sin pensar que vas a aparecer en cualquier momento. Ya no puedo vivir tranquilo.

Dio un paso más, quedando peligrosamente cerca.

—Así que se acabó. Hoy termina todo. Voy a acabar contigo.

El silencio entre ambos fue absoluto por un instante, como si el mundo contuviera la respiración.

Alex lo observó con una sonrisa lenta, casi complacida.

—Qué adorable… —susurró—. Por fin muestras los colmillos.

Una vibración sutil recorrió el aire entre los dos, una tensión invisible que anunciaba que algo terrible estaba a punto de estallar.

El choque entre cazador y presa ya no era inevitable.

Era inmediato.

Alex no perdió un segundo.

Sus uñas se alargaron como cuchillas negras y, con un movimiento brutal, lanzó un zarpazo directo al cuello de Darem, buscando desgarrar la arteria y acabar con todo en un instante.

—¡Muere!

Darem reaccionó por puro instinto.

Giró el cuerpo hacia un lado y sintió el aire cortarse a milímetros de su piel. El ataque pasó rozándole el hombro. Sin pensar, respondió con un puñetazo directo al rostro de Alex.

El impacto sonó seco.

Pero no hizo absolutamente nada.

Alex apenas movió la cabeza, sonriendo con desprecio.

—Eso no basta.

En un parpadeo, Alex cambió de objetivo. Su brazo se lanzó como una lanza directa al pecho de Darem, apuntando al corazón, decidido a arrancárselo de un solo golpe.




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