CAPÍTULO 31: Los patrulleros del tiempo-4
Así que este es el verdadero resultado…
Alex sonrió por dentro mientras sentía cómo el poder recorría cada fibra de su cuerpo.
Cuando me inyecté el suero Engendro pensé que solo sería una mejora más. Una técnica nueva, un simple aumento de fuerza, algo útil para aplastar obstáculos.
Pero no.
El suero no solo me dio una técnica…
Su mente repasó la sensación exacta: el mundo vibrando, el golpe que Darem juró haber conectado y que nunca ocurrió, la interferencia, el desfase.
El suero despertó algo más profundo.
El cuerpo que había robado… el cuerpo de Fénix Roger… también respondió.
Este cuerpo ya tenía una técnica grabada en su existencia. Una herencia, una maldición, una anomalía que no se borra aunque cambie el alma que lo habita.
Alex apretó los dientes, excitado.
Ahora lo entiendo.
No era solo Alex usando el poder del Engendro.
Era Alex más la técnica de Fénix.
Dos técnicas coexistiendo en un mismo cuerpo.
Dos reglas rotas al mismo tiempo.
Por eso el mundo se desincronizaba.
Por eso los ataques no lo tocaban.
Por eso la realidad dudaba.
Soy un error vivo.
Una risa silenciosa se formó en su mente.
Fénix… al final tu cuerpo era mucho más valioso de lo que imaginé.
Y tu nieto… todavía no entiende contra qué está peleando.
Con dos técnicas…
…este combate ya está decidido.
En la mente de Alex, todo encajó con una claridad inquietante.
Ahora lo veo con precisión.
La primera técnica no era fuerza ni velocidad.
Era algo mucho más fino. Mucho más peligroso.
Mi técnica principal consiste en reescribir pequeños fragmentos del tiempo.
No grandes cambios. No viajes extensos.
Solo instantes.
Un segundo.
A veces menos.
Pero eso bastaba.
Puedo tomar un momento y corregirlo a mi favor.
Un golpe que iba a impactar… nunca ocurre.
Un paso en falso… se rehace.
Una reacción tardía… se adelanta.
Para ellos, el ataque sucede.
Para mí, ese segundo jamás existió.
Alex comprendía por qué Darem estaba confundido.
Su mente recuerda haberme golpeado.
Pero el tiempo ya fue corregido.
No era una ilusión.
Era una edición.
No detengo el tiempo.
No lo acelero.
Lo reescribo.
Una ventaja mínima, pero absoluta en combate.
Luego, su pensamiento se deslizó hacia la segunda técnica.
La herencia de este cuerpo.
La técnica de Fénix Roger.
Alex sintió esa otra capacidad latente, diferente, más vasta.
La segunda técnica me permite abrir pequeños portales.
No eran portales enormes ni ceremoniosos.
Eran fracturas precisas en el espacio.
Puedo abrirlos a cualquier punto de la galaxia.
A cualquier universo.
A cualquier línea del multiverso que sea capaz de percibir.
Un parpadeo bastaba.
Un pensamiento era suficiente.
No necesito viajar.
Simplemente aparezco.
Alex sonrió con calma.
Tiempo reescrito para no perder.
Portales para estar en cualquier lugar.
Dos técnicas que jamás debieron coexistir.
Este cuerpo nació para romper reglas.
Y ahora, en sus manos, era un arma perfecta.
Darem…
No estás peleando contra alguien más fuerte que tú.
Estás peleando contra alguien que ya corrigió el momento en el que ibas a ganar.
Alex avanzó entre los escombros con una calma antinatural. Cada paso era seguro, firme, como si el mundo mismo se ajustara para no estorbarle. Darem intentó moverse, pero su cuerpo aún respondía tarde, como si el aire pesara más de lo normal.
En un solo gesto, Alex lo tomó del cuello y lo levantó del suelo. Los dedos se cerraron con fuerza suficiente para cortar el aire, pero sin prisas. Alex quería que lo escuchara.
Darem forcejeó, clavó las manos en la muñeca de su enemigo, pero fue inútil. Sus pies colgaban, temblorosos.
Alex inclinó la cabeza, observándolo de cerca, con una sonrisa tranquila.
—Mírate —dijo con voz serena—. Sigues intentándolo, incluso ahora. Eso es admirable… y completamente inútil.
Apretó un poco más.
—Crees que esto es una pelea justa. Crees que aún existe una posibilidad. Pero estás equivocado desde el principio.
Sus ojos brillaron con una convicción casi religiosa.
—Yo no soy un monstruo. No soy un villano común. Yo soy la divinidad que nace cuando las reglas dejan de importar. El tiempo me obedece. El espacio se abre ante mí. ¿De verdad pensaste que podías ganarme?
Darem jadeó, incapaz de responder.
—Reescribo el instante en el que fallas —continuó Alex—. Borro el segundo en el que creíste acertar. Cada ataque tuyo ya ha sido corregido antes de existir.
Su voz no tenía rabia. Solo certeza.
—Fue divertido, lo admito. Verte luchar, verte resistir, verte creer. Hacía tiempo que nadie me entretenía así.
Alex acercó su rostro aún más.
—Pero aquí se acaba tu historia.
Giró levemente la cabeza, mirando de reojo a César y a Chris.
—Y también la de tus amigos.
Volvió la mirada a Darem.
—No porque seas débil… sino porque naciste en el universo equivocado y te enfrentaste a alguien que ya dejó de ser humano.
El mundo pareció vibrar alrededor de ellos.
—Descansa —susurró Alex—. La divinidad no pierde tiempo con finales largos.
Sus dedos se cerraron un poco más, mientras el silencio se hacía absoluto.
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Editado: 19.02.2026