CAPÍTULO 32: Los patrulleros del tiempo-5
Fénix dio un paso al frente y levantó una mano, indicándole a Darem que no avanzara.
—No voy a atacarte directamente —dijo, mirando a Alex con frialdad—. No todavía.
Alex frunció el ceño, intrigado.
—¿Y eso por qué? —preguntó con burla—. ¿Miedo?
Fénix negó despacio.
—No —respondió—. Porque sé que aún guardas una técnica que no has revelado. Una última carta. Y no pienso darte esa ventaja.
El aire alrededor de Fénix comenzó a distorsionarse. No era una explosión de energía, sino algo más profundo, más antiguo. La presión hizo que Darem retrocediera un paso sin darse cuenta.
—Por eso —continuó Fénix— tendré que usar a Caos.
Desde el cuerpo de Fénix, como si emergiera de otra capa de la realidad, una presencia se desprendió lentamente.
Era una figura humanoide, alta y antinatural. Su rostro estaba completamente vendado, salvo por un único ojo abierto en el centro de la frente, inmóvil y atento. A lo largo de su torso se abrían múltiples ojos más, observando en todas direcciones, parpadeando de forma asincrónica. Vestía un traje negro ajustado que parecía no tener fin, como si se extendiera más allá de su propia silueta, perdiéndose en el vacío.
Darem sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Aquello no era una técnica común.
Era algo vivo… o algo que fingía estarlo.
—Caos —dijo Fénix con voz firme—. Disparo del vacío.
El ojo de la frente de Caos se iluminó con un brillo oscuro, imposible de definir. No hubo sonido previo. No hubo carga visible.
Solo un instante de silencio absoluto.
Y entonces, el disparo.
Un haz distorsionado atravesó el espacio, como si arrancara un fragmento de la realidad misma. El impacto alcanzó a Alex de lleno, deformando el aire a su alrededor antes de lanzarlo violentamente hacia atrás. Su cuerpo atravesó restos de escombros y se estrelló contra una estructura derruida a decenas de metros, levantando una nube de polvo y fragmentos.
Todo quedó en silencio.
Darem contuvo el aliento.
Entre los escombros, algo se movió.
Una risa.
Primero baja.
Luego más clara.
Luego completamente desquiciada.
Alex emergió lentamente, su cuerpo retorciéndose mientras la carne se reconstruía ante sus propios ojos. Los huesos crujieron al recolocarse, la piel se cerró, la sangre volvió a su sitio como si el daño nunca hubiera existido.
—Eso dolió… —dijo, llevándose una mano al cuello mientras se reía—. De verdad dolió.
Levantó la mirada, sus ojos brillando con una mezcla de euforia y locura.
—Pero ya lo sabes, Fénix —añadió—. Yo no muero tan fácil.
Fénix no reaccionó. Permaneció inmóvil, con Caos flotando a su lado, observando.
—Lo sé —respondió con calma—. Por eso esto apenas está empezando.
Alex se incorporó por completo entre los restos, sacudiéndose el polvo del hombro como si nada hubiera ocurrido. Su sonrisa era amplia, satisfecha, casi orgullosa.
—¿Sabes algo curioso de este cuerpo? —dijo, extendiendo los brazos—. En el momento en que lo conseguí… ya venía con varias técnicas incorporadas. Un verdadero tesoro.
Dio un paso al frente, mirando fijamente a Fénix.
—Pude haber esquivado tu disparo del vacío —continuó—. Con facilidad. Pero no quise hacerlo.
Darem abrió los ojos, confundido.
Alex señaló su propio pecho.
—Porque necesitaba recibirlo. Este cuerpo posee la adaptabilidad de Uthar. Cada vez que sobrevive a una técnica, aprende de ella, se ajusta, evoluciona. —Su sonrisa se volvió más afilada—. Ahora ya no importa cuántas veces uses ese ataque. No volverá a hacerme daño.
El silencio se apoderó de las ruinas.
Fénix observó a Alex con atención, sin mostrar sorpresa ni enfado. Solo interés.
Interesante… pensó.
Sus ojos se entrecerraron levemente mientras analizaba la situación.
Así que decidió recibir el golpe a propósito. No es solo arrogancia… es cálculo.
Fénix dio un paso adelante, manteniendo la calma absoluta.
Se robó mi cuerpo, sí. Usa mis técnicas, mis capacidades, incluso fragmentos de algo que yo mismo desarrollé…
La mirada de Fénix se volvió más dura.
Pero hay algo que no puede robar.
Yo conozco este cuerpo mejor que nadie.
Conozco cada límite que rompí, cada error que cometí, cada ajuste que hice para sobrevivir.
Él lo usa como un arma nueva. Yo lo forjé.
—Entiendo —dijo Fénix en voz alta, con una leve sonrisa—. Te adaptaste. Aprendiste. Bien hecho.
Alex arqueó una ceja.
—¿Eso es todo? ¿No estás asustado?
Fénix negó despacio.
—No. Porque adaptarse no significa ganar. —Sus ojos brillaron con determinación—. Y ese cuerpo… todavía guarda cosas que tú no comprendes.
Caos flotó ligeramente más cerca de Fénix, sus múltiples ojos abriéndose al unísono.
La tensión volvió a crecer.
El enfrentamiento estaba lejos de terminar.
Fénix alzó una mano con total naturalidad, como si estuviera dando una orden trivial.
—Caos —dijo con calma—. Activa iniciativa F.A.N.
La figura detrás de él se movió de inmediato. Sin efectos grandilocuentes ni explosiones previas, Caos simplemente lanzó un objeto pequeño y redondo.
Una naranja.
Alex la vio venir y frunció el ceño, incrédulo. La atrapó en el aire con una sola mano.
—¿En serio? —se burló—. ¿Eso es todo?
Pero algo no estaba bien.
El cuerpo que había robado comenzó a reaccionar al instante. La piel alrededor de su mano empezó a brotar, como si la carne se inflamara desde dentro. Venas oscuras se marcaron en su cuello, y un ardor brutal recorrió su rostro.
—¿Qué…? —alcanzó a decir.
La naranja explotó.
No fue una explosión común, sino una detonación seca y concentrada. Media cara de Alex se desintegró en una lluvia de sangre, hueso y fragmentos de carne que salieron despedidos entre los escombros. El impacto lo lanzó varios metros hacia atrás, arrancándole un grito ahogado.
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Editado: 19.02.2026