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CAPÍTULO 33: Abuelo y nieto

CAPÍTULO 33: Abuelo y nieto

Horas después, Darem comenzó a abrir los ojos con lentitud. La luz blanca lo obligó a parpadear varias veces. Estaba acostado en una camilla, dentro de una sala que parecía un hospital improvisado. El olor a desinfectante flotaba en el aire.

Giró la cabeza con dificultad.

A pocos metros, en camillas paralelas, Chris y César dormían profundamente. Ambos respiraban con normalidad, inmóviles, cubiertos con mantas térmicas.

—¿Chris…? ¿César…? —murmuró Darem.

—Tranquilo, están bien.

La voz venía de un lado.

Darem giró el rostro y lo vio.

Fénix estaba sentado en una silla metálica, relajado, comiendo unas galletas como si nada. Tenía las piernas cruzadas y una bolsa abierta apoyada sobre el muslo.

—Les traté las heridas —continuó Fénix—. Nada grave. Solo están descansando.

Darem lo observó en silencio unos segundos, procesando la escena.

Fénix sacó una galleta y la sostuvo en el aire.

—¿Quieres?

—No… gracias —respondió Darem, todavía aturdido.

Fénix se encogió de hombros y siguió comiendo.

—Bien, más para mí.

Darem tragó saliva.

—¿Cómo… cómo supiste de mí? —preguntó al fin—. ¿Cómo sabías quién era?

Fénix levantó la mirada hacia él mientras masticaba.

—Soy patrullero del tiempo —dijo con total naturalidad—. Llegué a las oficinas cuando detecté una anomalía grande.

—¿La base…?

—Destrozada —asintió Fénix—. Ghouls por todos lados. Un desastre.

Darem apretó las manos contra la camilla.

—¿Y entonces?

—Pregunté qué había pasado —continuó Fénix—. Encontré a Rudolph escondido. Me explicó lo del juicio, la fuga, el caos… y tu nombre salió varias veces.

Hizo una breve pausa para tomar otra galleta.

—A partir de ahí, el resto es historia.

Darem lo miró fijamente.

—Así que… ¿siempre estuviste cerca?

Fénix sonrió de lado.

—Digamos que llegué justo a tiempo.

Darem lo observó con más atención, recorriéndolo de arriba abajo como si aún no terminara de creerlo.

—Mi abuela hablaba mucho de ti —dijo de pronto—. Lilith siempre decía que éramos muy parecidos.

Fénix levantó una ceja.

—¿Ah, sí?

—Sí —asintió Darem—. Decía que tenías el mismo carácter… y la misma cara de problemas.

Fénix soltó una breve risa nasal.

—Eso explica muchas cosas.

Darem dudó un segundo y luego añadió:

—Pero no pensé que fueramos tan parecidos.

Se quedó mirándolo fijamente.

—Quiero decir… somos iguales.

Fénix inclinó la cabeza, divertido.

—La genética Roger no es muy creativa.

Darem resopló.

—Lo raro es que se siente muy extraño llamarte abuelo —continuó—. O sea, te ves de mi edad. Es como decirle “abuelo” a alguien que podría sentarse conmigo a ver anime.

Fénix se quedó pensativo unos segundos.

—Podría ser peor —respondió—. Podrías llamarme “señor”.

—No, eso sería todavía más raro —negó Darem de inmediato.

Fénix sonrió.

—Entonces dejémoslo simple. Fénix está bien.

Darem asintió lentamente.

—Sí… Fénix está bien.

Miró otra vez a Chris y a César dormidos y luego volvió la vista hacia él.

—Pero igual es extraño —añadió—. Mi abuelo y yo tenemos la misma edad. Si mi abuela viera esto, se volvería loca.

Fénix se encogió de hombros.

—Créeme, no sería la cosa más rara que ha visto esa mujer.

Darem no pudo evitar soltar una pequeña risa.

Darem permaneció unos segundos en silencio y luego alzó la mirada hacia Fénix.

—¿Y ahora qué vamos a hacer? —preguntó—. Después de todo esto… ¿cuál es el plan?

Fénix terminó de masticar una galleta con calma y se limpió los dedos en el pantalón.

—Ya lo tengo todo estructurado —respondió—. Mi trabajo es escoltaros de vuelta a vuestro universo original. Fin de la historia para vosotros.

Darem parpadeó.

—¿Así de simple?

—Así de simple —asintió Fénix—. Luego yo me encargaré de Alex.

Hizo una breve pausa y añadió, con tono seco:

—Como el adulto mayor que soy.

Darem frunció el ceño.

—No pareces un adulto mayor.

—Eso es lo que más me molesta —replicó Fénix sin inmutarse.

Luego cambió el tono, volviéndose más serio.

—Ahora mismo estamos en el universo 3125 —explicó—. Vuestro universo es el 6531. En condiciones normales podríamos ir directamente si tuviéramos acceso a la máquina central de los patrulleros del tiempo.

Darem asintió lentamente.

—Pero las instalaciones están destruidas.

—Exacto —confirmó Fénix—. Totalmente inutilizables. Así que tendremos que hacerlo a la vieja usanza.

—¿Y eso significa…? —preguntó Darem.

—Escalas —respondió Fénix—. Existen ciudadelas para viajeros del tiempo y del multiverso. Son puntos neutrales. En cada una hay un transportador capaz de enviarte al siguiente universo o a otra ciudadela.

Darem abrió un poco los ojos.

—¿Cuántas?

—Cinco —dijo Fénix—. Cinco ciudadelas inmensas antes de llegar al universo 6531.

—¿Solo cinco? —murmuró Darem, sin saber si eso era mucho o poco.

—El problema —continuó Fénix— es que no todas están cerca entre sí. Algunas están tan alejadas que no queda otra opción que cruzar un universo entero para llegar a la siguiente ciudadela.

Darem soltó un suspiro.

—O sea… vamos a saltar de universo en universo.

—Exacto —asintió Fénix—. Ciudadela, universo, ciudadela. Así hasta llegar a casa.

Darem se recostó un poco en la camilla.

—Suena peligroso.

—Lo es —respondió Fénix sin rodeos—. Pero estaréis conmigo.

Lo miró de reojo.

—Y mientras yo esté delante, Alex no os va a tocar.

Darem guardó silencio unos segundos y luego asintió.

—De acuerdo —dijo.

Fénix sonrió de lado.

—Eso mismo. Abróchate el cinturón, nieto. Va a ser un viaje largo.




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