CAPÍTULO 34: El poder de los engendros
Una vez que Chris y César despertaron por completo, Fénix se apoyó contra una mesa metálica de la sala y cruzó los brazos, esperando a que los tres estuvieran atentos.
—Bien —dijo—. Antes de seguir avanzando, hay algo que tenéis que entender.
Abrió un pequeño maletín negro y lo dejó cerrado sobre la mesa.
—Los patrulleros del tiempo no son dioses ni seres especiales por nacimiento —continuó—. Son humanos. Humanos reclutados de otros universos, igual que vosotros.
Chris ladeó la cabeza.
—Entonces… ¿cómo hacen todo eso?
Fénix levantó un dedo.
—Por los engendros.
Darem frunció el ceño, reconociendo la palabra.
—¿Engendros… como Alex?
—Exacto —asintió Fénix—. El poder de los engendros se obtiene mediante un inyectable. No es magia ni un don divino. Es una sustancia creada para despertar algo que ya existe en el interior de cada persona.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Al inyectarse, cada usuario recibe un engendro. Uno solo. Y cada engendro posee una habilidad única. No hay dos iguales en todo el multiverso.
César cruzó los brazos.
—¿Y se puede usar al instante?
—No siempre —respondió Fénix—. Ese es el detalle importante. El engendro puede despertar al momento… o puede tardar días, meses o incluso años. No hay una regla fija.
Chris soltó una risa nerviosa.
—O sea que puede que no sirva para nada.
—O puede salvaros la vida —replicó Fénix con calma—. Es una lotería.
Entonces abrió el maletín.
Dentro había tres inyectables idénticos, alineados con precisión.
—Os lo explico ahora porque pienso daros uno a cada uno —dijo—. Puede que vuestro engendro despierte o puede que no, pero prefiero que tengáis algo con lo que defenderos antes que nada.
Darem miró los inyectables en silencio.
César levantó la mano con cierta rigidez.
—Disculpe… —dijo—. Señor Roger.
Fénix alzó una ceja, sorprendido por el trato formal.
—Diga.
—Si nos inyectamos eso… —continuó César—, ¿hay algún riesgo grave? Quiero decir, algo que pueda matarnos o dejarnos peor de lo que estamos.
Fénix lo observó unos segundos antes de responder.
—El riesgo existe —admitió—. No voy a mentiros. Pero es bajo. Mucho más bajo que seguir viajando por el multiverso sin ninguna forma de defensa.
César asintió despacio.
—Entiendo, señor Roger.
Chris miró a César y luego a Fénix.
—Nunca pensé que diría esto, pero… prefiero no estar indefenso.
Darem respiró hondo.
—Yo también.
Fénix cerró el maletín con un clic seco y lo empujó ligeramente hacia ellos.
La sala quedó en silencio mientras los tres observaban los inyectables, conscientes de que aquel simple gesto podía cambiarlo todo.
Darem fue el primero en dar un paso al frente.
—Yo tomaré uno.
Fénix asintió sin decir nada.
Chris se encogió de hombros y suspiró.
—Bueno… supongo que no voy a ser menos. Yo también.
César observó el maletín unos segundos más y luego habló con seriedad.
—De acuerdo. Yo tomaré uno, señor Roger.
Fénix abrió el maletín y dejó los tres inyectables sobre la mesa. Cada uno tomó el suyo. No hubo discursos ni dramatismo. Solo el sonido seco de los inyectores activándose.
Uno por uno, se los aplicaron.
Darem apretó los dientes, pero no sintió nada fuera de lo normal. Chris parpadeó un par de veces, esperando algún efecto inmediato. César se quedó quieto, atento a cualquier cambio en su cuerpo.
No ocurrió nada.
Ningún dolor, ninguna visión, ningún poder despertando.
Fénix cerró el maletín vacío.
—Como os dije, puede tardar —comentó con total naturalidad—. Minutos, días o años. No esperéis nada ahora.
Se dio la vuelta y caminó hacia la salida de la sala.
—Bien —continuó—. Ahora sí, ya estáis preparados. Es hora de comenzar el viaje.
Los tres se miraron entre ellos y lo siguieron.
—Primero iremos a una ciudadela —dijo Fénix mientras avanzaban—. La más cercana desde aquí.
Se detuvo un momento y añadió el nombre con tranquilidad:
—Ciudadela Kronos.
Chris silbó suavemente.
—Suena importante.
—Lo es —respondió Fénix—. Desde allí empezaremos el recorrido real.
Siguieron caminando.
—En total tendremos que atravesar cinco ciudadelas —explicó—. Y contando algún que otro inconveniente, que seguro habrá, calculo que nos llevará alrededor de tres meses llegar a vuestro universo.
Darem frunció el ceño.
—¿Tres meses?
—Más o menos —asintió Fénix—. El multiverso nunca es puntual.
César ajustó la correa de su equipo.
—Entonces será un viaje largo.
Fénix sonrió de lado.
—Bienvenidos al trabajo de los viajeros del tiempo.
Sin detenerse más, abrió el acceso al siguiente salto.
El viaje acababa de comenzar.
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Editado: 19.02.2026