Code Eclipse

CAPÍTULO 41: El verdadero potencial

CAPÍTULO 41: El verdadero potencial

Afuera, en el pequeño restaurante, Fénix y Darem seguían sentados en la mesa del fondo. El murmullo bajo del local y el ruido lejano de Vritannis llenaban el ambiente.

—Están tardando demasiado —murmuró Darem, mirando hacia el pasillo.

Fénix no respondió de inmediato. Observaba la puerta con atención, como si pudiera anticipar cualquier movimiento extraño.

Darem desvió la mirada hacia la ventana. En la acera de enfrente, un hombre mayor acomodaba libros sobre una mesa improvisada. Eran volúmenes viejos, de tapas gastadas, algunos claramente reparados con cinta.

—¿Ves eso? —dijo Darem.

Fénix siguió su mirada.

—Un vendedor ambulante.

—No… míralo bien.

Darem se levantó con cuidado y salió del restaurante. Fénix lo siguió sin protestar.

El hombre levantó la vista cuando se acercaron.

—Libros raros, ediciones únicas, historias de otros planos —anunció con voz tranquila.

Darem parpadeó.

—No puede ser…

El rostro, el sombrero peculiar, la forma de hablar.

—¿JoJo? —murmuró.

El hombre sonrió con calma enigmática.

—Depende de quién pregunte.

Darem miró a Fénix.

—¿Es raro que exista aquí también?

Fénix cruzó los brazos.

—En el multiverso, casi nada es único.

Darem volvió a mirar hacia el restaurante.

—Es raro que César y Chris todavía no hayan salido.

Fénix frunció el ceño.

—Sí.

En ese mismo instante, algo silbó en el aire.

Una cuchilla giratoria apareció desde un ángulo imposible, directa hacia el cuello de Darem.

Fénix reaccionó sin pensar.

—Caos.

La presencia surgió como una distorsión mínima. Un movimiento casi invisible desvió la trayectoria de la cuchilla apenas unos centímetros. El proyectil cambió de rumbo y se incrustó en la pared metálica detrás de ellos.

El sonido fue seco.

Darem se quedó inmóvil.

Ambos giraron lentamente la cabeza hacia la dirección de donde había venido el ataque.

A unos metros, de pie sobre una farola inclinada, estaba Nyra Kain.

Su expresión era relajada. Una sonrisa fina curvaba sus labios. En su mano, otra cuchilla giraba lentamente entre sus dedos.

—Buenas noches —dijo con voz suave—. Veo que reaccionas rápido.

Fénix dio un paso adelante, colocándose ligeramente delante de Darem.

—Nyra Kain —dijo con frialdad.

Ella inclinó la cabeza.

—Encantada.

Sus ojos brillaron con interés.

—Mi esposo se está divirtiendo con sus otros amigos. Pensé que yo también merecía algo de entretenimiento.

La cuchilla dejó de girar.

Y el aire alrededor de Nyra empezó a vibrar con una energía inquietante.

Fénix no apartó la mirada de Nyra.

Pero su voz fue directa hacia Darem.

—¡Aléjate! ¡Ahora!

Darem dio un paso atrás sin discutir.

Nyra sonrió.

—Oh… ya sabes quién soy.

Fénix mantuvo la postura firme.

—Sé lo suficiente.

La energía alrededor de Nyra comenzó a distorsionar el aire, como si el espacio respirara con ella.

—Darem, no te acerques ni un metro —insistió Fénix—. El poder de su Engendro no es directo… es acumulativo.

Nyra soltó una pequeña risa.

—Me halaga que me describas tan bien.

Detrás de ella, algo empezó a formarse. No apareció como el de Leonard. No fue una figura sólida al principio, sino una silueta que parecía hecha de fragmentos suspendidos, como cientos de cuchillas diminutas flotando en órbita.

Luego la forma se definió.

Alta, esbelta, cubierta por placas finas y afiladas que se movían constantemente, como si nunca estuvieran en reposo. Sus manos eran alargadas, terminadas en filos curvos.

—Su Engendro —continuó Fénix sin bajar la guardia— marca objetivos.

Darem frunció el ceño.

—¿Marca?

—Sí. No necesita herirte gravemente. Solo tocarte.

Nyra levantó un dedo.

—Un pequeño corte basta.

Fénix siguió hablando.

—Cada vez que su Engendro te hace una herida, aunque sea mínima, coloca una “marca” invisible en tu cuerpo.

Darem tragó saliva.

—¿Y qué hace esa marca?

Nyra sonrió más ampliamente.

—Me permite controlar la trayectoria de cualquier objeto afilado que lance… hacia ti.

El silencio se volvió pesado.

—No importa dónde estés —añadió Fénix—. Si estás marcado, cada cuchilla, cada fragmento metálico, cada filo… buscará tu corazón.

Nyra extendió la mano y varias cuchillas flotantes comenzaron a girar a su alrededor.

—Cuantas más marcas, más precisa es la caza.

Darem retrocedió otro paso.

—Entonces no debo dejar que me toque.

—Exacto —dijo Fénix—. Si te corta aunque sea una vez, la pelea cambia.

Nyra bajó lentamente de la farola, aterrizando con elegancia.

—Y lo mejor —añadió con suavidad— es que las marcas no desaparecen rápido.

Las cuchillas comenzaron a vibrar.

—A diferencia del poder de Leonard, el mío no tiene límite de tiempo inmediato —continuó—. Una vez que estás marcada… estás condenada.

Fénix activó a Caos a su lado, cuya presencia distorsionó levemente el espacio.

—No dejes que te roce —repitió Fénix a Darem—. Pase lo que pase.

Nyra inclinó la cabeza.

—Intenten correr.

Las cuchillas dejaron de flotar pasivamente.

Y apuntaron.




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