CAPÍTULO 42: El despertar
El primer filo no vino desde el frente.
Salió del suelo.
Un cuchillo oxidado atravesó la rejilla metálica de la calle y se elevó en un ángulo imposible, rozando la mejilla de Darem.
Un corte fino.
Sangre.
Nyra sonrió.
—Una marca.
En el mismo instante, todas las cuchillas a su alrededor vibraron con intensidad. Incluso fragmentos metálicos desperdigados por la calle comenzaron a elevarse.
—Ahora sí —susurró ella.
Los filos salieron disparados hacia Darem desde todos los ángulos.
Frente.
Espalda.
Laterales.
Desde arriba.
Darem apenas tuvo tiempo de alzar los brazos para cubrirse.
Fénix sintió el pulso acelerarse.
Ni aunque Caos pudiera moverse a la velocidad del sonido…
Era imposible desviar decenas de trayectorias marcadas al mismo tiempo. El poder de Nyra no era simple lanzamiento; era guía absoluta.
—¡Darem! —gritó.
Las cuchillas estaban a centímetros.
Y entonces…
Se detuvieron.
Suspendidas en el aire.
Apenas a un suspiro de perforar su piel.
Decenas de filos flotando alrededor de Darem como un enjambre congelado.
Nyra parpadeó.
—¿Qué…?
Las cuchillas temblaban, como si una fuerza invisible estuviera interfiriendo con su dirección.
Darem bajó lentamente los brazos.
Respiraba agitado.
Miró a su alrededor.
Los objetos metálicos vibraban, pero no podían avanzar.
Algo los retenía.
Fénix abrió los ojos con sorpresa.
No era Caos.
Nyra frunció el ceño.
—Imposible. Estás marcado.
Intentó mover la mano, como si ajustara la trayectoria.
Nada.
Las cuchillas permanecieron suspendidas, girando lentamente alrededor de Darem.
Darem sintió algo distinto.
No venía de afuera.
Venía de dentro.
Una presión en el pecho. Una claridad repentina.
Las cuchillas no estaban bloqueadas.
Estaban… orbitando.
Girando alrededor de él.
Como si obedecieran otra fuerza.
Darem alzó la mirada.
Y lo entendió.
—Este es… mi Engendro.
El aire a su alrededor se comprimió suavemente, formando un campo imperceptible que desviaba cualquier objeto con intención de dañarlo, alterando su dirección antes del impacto.
Nyra retrocedió un paso, confundida por primera vez.
—No… eso no estaba en el informe.
Las cuchillas continuaron flotando alrededor de Darem, girando como un sistema caótico bajo su control inconsciente.
Fénix sintió algo más que alivio.
Sintió orgullo.
El poder había despertado.
Y Nyra ya no estaba cazando.
Ahora estaba dentro del territorio de su presa.
Las cuchillas comenzaron a perder impulso.
Una por una.
Como si la fuerza que las mantenía suspendidas hubiera dejado de considerarlas una amenaza.
Cayeron al suelo con un estruendo metálico, rebotando y deslizándose por la calle agrietada de Vritannis.
El silencio que quedó fue más pesado que el ataque.
Darem respiraba con dificultad, pero ya no había miedo en sus ojos.
Nyra observaba el suelo, confundida.
—No puede ser… estabas marcado.
Darem se llevó la mano a la mejilla. El corte seguía allí, pero ya no importaba.
Miró sus manos.
Luego el espacio a su alrededor.
—No fue suerte —dijo con voz firme—. Fue él.
Una silueta comenzó a formarse detrás de Darem.
Humanoide.
Erguida.
Con una postura casi orgullosa.
Su diseño parecía inspirado en patrones circulares y líneas concéntricas que recorrían su cuerpo, como si todo en él estuviera pensado para girar, redirigir y reorganizar fuerzas.
Sus ojos brillaban con una intensidad serena.
Darem sonrió levemente.
—Se llama “Spin Doctor”.
Nyra entrecerró los ojos.
Darem dio un paso adelante.
—Su poder no bloquea ataques.
Nyra guardó silencio.
—Los reescribe.
Las líneas del Engendro comenzaron a girar suavemente, como engranajes invisibles en funcionamiento.
—Cualquier objeto que entre en mi radio de influencia pierde su trayectoria original —continuó Darem—. No importa si está guiado por tu marca o por intención directa.
Se inclinó apenas hacia adelante.
—Puedo alterar el vector de movimiento.
Nyra apretó los dientes.
—Eso no explica por qué dejaron de obedecerme.
Darem señaló el suelo lleno de cuchillas.
—Tu poder les daba un destino. El mío cambia el camino antes de que lleguen.
El Engendro extendió una mano abierta.
—No las detuve. Las hice girar alrededor de un nuevo centro.
Nyra comprendió.
—Tú eras el nuevo centro.
Darem asintió.
—Mientras estén dentro de mi rango, cualquier fuerza dirigida hacia mí puede ser desviada, redirigida o puesta en órbita.
Fénix observaba con atención.
—Pero no es absoluto —añadió Darem, consciente—. Si la energía es demasiado grande o si algo entra sin trayectoria definida, podría alcanzarme.
Nyra lo analizó.
El Engendro detrás de él adoptó una postura firme, como un guardián que acaba de asumir su rol.
Las cuchillas en el suelo temblaron ligeramente.
Y por primera vez desde que apareció, Nyra Kain dejó de sonreír.
Fénix dio un paso al frente.
—Suficiente.
A su lado, la realidad volvió a distorsionarse.
Caos emergió sin estruendo, pero con una presencia que comprimía el aire. Su forma era inestable, como si no perteneciera del todo a ese plano. Bordes que no terminaban de definirse. Oscuridad contenida.
Darem se colocó junto a su abuelo.
Detrás de él, Spin Doctor adoptó una postura sincronizada.
Abuelo y nieto.
Nyra evaluó la escena en un segundo.
Dos Engendros activos.
Uno que alteraba trayectorias.
Otro que deformaba la propia realidad.
—Esto ya no es divertido —murmuró.
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Editado: 19.02.2026