CAPÍTULO 43: Punto clave
El pasillo estaba destrozado.
La puerta del baño colgaba de una bisagra.
Fénix la empujó sin dudar.
Dentro, el panorama era un desastre. Azulejos rotos. Agua mezclada con polvo. Espejos hechos añicos.
Y en medio del caos, tres figuras.
Leonard Hale, impecable pese al entorno.
César.
Y Chris.
Fénix no esperó.
—Caos.
La presencia oscura comenzó a materializarse a su lado mientras avanzaba directo hacia Leonard.
Pero antes de que pudiera dar el siguiente paso—
—¡No, señor Rogers!
La voz salió del cuerpo de César.
Fénix se detuvo en seco.
Miró al que había hablado.
El rostro era el de César.
Pero la expresión… no.
—Espere —continuó “César”—. Soy yo. Chris.
Fénix entrecerró los ojos.
A un lado, el otro chico, en el cuerpo de Chris, levantó la mano.
—Y yo soy César.
Darem parpadeó.
—¿Qué?
Leonard sonrió con calma.
—Llegan justo a tiempo para la explicación final.
Chris, atrapado en el cuerpo de César, habló rápido.
—Su Engendro cambia cuerpos. Intercambia nuestras mentes. Tenemos treinta minutos antes de que ambos suframos un infarto.
Fénix miró a uno. Luego al otro.
Caos permanecía activo, esperando orden.
—¿Cuánto tiempo ha pasado? —preguntó Fénix sin apartar la vista de Leonard.
César, en el cuerpo de Chris, respondió:
—No lo sé exacto… pero no mucho más de diez minutos.
Leonard aplaudió suavemente.
—Quince, para ser precisos.
Darem sintió un nudo en el estómago.
—Entonces todavía hay tiempo.
Leonard inclinó la cabeza.
—Si descubren cómo revertirlo.
Fénix bajó ligeramente la mano, pero no desactivó a Caos.
—¿Cuáles son las condiciones? —preguntó con frialdad.
Leonard sonrió.
—No sería divertido si lo dijera.
Darem observó la escena con rapidez.
Cambio de cuerpos.
Treinta minutos.
Infarto si no se revierte.
Miró a Chris y César detenidamente.
Si el poder intercambia conciencias…
Entonces debe haber un punto de anclaje.
Un disparador.
Un patrón.
Darem empezó a pensar con velocidad.
Leonard golpeó el suelo antes del intercambio…
El Engendro apareció.
Hubo una onda.
Una descarga.
Intercambio inmediato.
No fue contacto físico directo.
Fue un área.
Un rango.
Darem frunció el ceño.
¿Y si el intercambio requiere proximidad específica?
Miró la posición en la que estaban cuando entraron.
Luego miró a Leonard.
Si el Engendro puede cambiar dos cuerpos… tal vez no elige al azar.
Levantó la vista.
—¿Tu Engendro necesita que ambos objetivos estén dentro de un radio definido al momento del impacto?
Leonard lo miró con una sonrisa apenas más marcada.
No respondió.
Pero tampoco lo negó.
Darem sintió que estaba cerca.
—Abuelo… —murmuró hacia Fénix—. Creo que no es irreversible. Creo que depende de repetir la condición inicial… pero con control.
Fénix lo miró de reojo.
—Explícate.
Darem tragó saliva.
—Si el intercambio fue causado por una onda de impacto… entonces quizás otra onda, bajo las mismas condiciones, puede revertirlo.
Leonard dejó de sonreír.
Solo un poco.
Y ese pequeño cambio fue suficiente para confirmar que Darem estaba pensando en la dirección correcta.
El silencio se rompió en un instante.
Leonard dejó de fingir calma.
Giró sobre sus talones y corrió.
De un salto limpio, atravesó lo que quedaba del ventanal del baño. El vidrio estalló hacia afuera mientras su cuerpo desaparecía hacia la calle trasera.
—¡Se escapa! —gritó Darem.
Fénix reaccionó al instante.
—¡Muévanse! ¡Tenemos que seguirlo!
Caos se materializó brevemente para despejar los restos del marco, apartando los fragmentos flotantes del aire.
Fénix saltó por la ventana sin dudar.
Darem lo siguió.
Detrás de ellos, Chris y César intercambiaron una mirada tensa.
—No podemos quedarnos —dijo César, atrapado en el cuerpo de Chris.
—Ni podemos perderlo —respondió Chris desde el cuerpo de César.
Ambos corrieron y saltaron por la ventana también, aterrizando torpemente pero sin detenerse.
Afuera, Vritannis seguía tan gris como siempre. Callejones estrechos, estructuras inestables, cables colgando sobre sus cabezas.
Leonard corría con agilidad, girando en esquinas cerradas, aprovechando cada obstáculo.
—¡No lo pierdan de vista! —ordenó Fénix mientras aceleraba el paso.
Caos apareció y desapareció en destellos breves, ayudándolo a impulsarse entre obstáculos sin dañar la estructura de la ciudadela.
Darem mantenía el ritmo, concentrado.
Si huye es porque sabe que estamos cerca de la solución.
Leonard saltó una reja oxidada.
Fénix la atravesó con un movimiento asistido por Caos.
Detrás, César y Chris intentaban no perder distancia, aunque el desajuste corporal hacía cada paso incómodo y extraño.
—Esto es rarísimo —jadeó Chris en el cuerpo de César.
—¡Concéntrate! —respondió César desde el cuerpo de Chris.
Leonard giró hacia una avenida más amplia.
El tiempo seguía corriendo.
Y ahora, la persecución se había convertido en la única oportunidad de salvarlos.
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Editado: 03.04.2026