CAPÍTULO 44: Las Reglas
En Washington D.C., dentro de un laboratorio subterráneo protegido por el gobierno, pantallas holográficas mostraban lecturas inestables del multiverso. Científicos discutían datos mientras técnicos ajustaban un anillo de teletransporte experimental en el centro de la sala.
Las puertas automáticas se abrieron.
Lilith entró primero.
Detrás de ella, con capucha y manos en los bolsillos, caminaba Enid.
El murmullo bajó de volumen.
Evelyn, de pie frente a la consola principal, giró la cabeza.
—Llegaron.
Lilith se acercó sin rodeos.
—Ella es la voluntaria.
Enid no sonrió. Solo observó el lugar con atención.
—Enid Roger —continuó Lilith—. Es quien va a traerlos de vuelta.
Un científico de gafas rectangulares dio un paso al frente.
—Necesitamos dejar claras las reglas antes de activar el salto.
Enid asintió.
—Hablen.
El científico activó una pantalla.
—Primero: no puede intervenir en eventos históricos relevantes del universo al que ingrese.
Otro levantó la mano.
—Segundo: el teletransportador portátil solo tiene tres cargas. Una para llegar. Una para regresar. La tercera es de emergencia.
—Tercero —añadió una investigadora—: si pierde la señal de rastreo, tendrá exactamente cuarenta minutos antes de que el enlace colapse.
Enid escuchaba sin interrumpir.
—Cuarto —continuó el primero—: no puede dividirse del grupo una vez los encuentre. El salto de regreso requiere proximidad física.
Enid levantó la vista.
—¿Algo más?
Evelyn habló ahora.
—Sí. Si detecta inestabilidad dimensional grave, cancela la misión y regresa sola.
Lilith cruzó los brazos.
—Eso no va a pasar.
Evelyn la ignoró y miró directamente a Enid.
—¿Aceptas esas condiciones?
Enid no dudó.
—Sí.
Evelyn la observó unos segundos más.
—Necesito saber algo.
Enid sostuvo su mirada.
—¿Cuál es tu parentesco con Darem?
Hubo un pequeño silencio.
Enid respondió con tono simple.
—Se podría decir que soy su tía. O algo así.
Un científico murmuró:
—¿Algo así?
Enid se encogió de hombros.
—La familia es complicada.
Evelyn caminó hasta quedar frente a ella.
—Darem es importante. No solo por lo que puede hacer.
Enid ladeó la cabeza.
—Lo sé.
Evelyn bajó un poco la voz.
—Tráelo de vuelta. A salvo.
Enid la miró sin emoción exagerada.
—Si lo encuentro, vuelve.
Evelyn suspiró.
—No estoy pidiendo un “si”.
Enid sostuvo su mirada unos segundos más.
—Entonces no se preocupe.
Lilith intervino.
—Confía en ella.
Evelyn retrocedió un paso.
—Espero no estar cometiendo un error.
Enid se quitó la capucha.
—Yo también.
Un técnico anunció:
—El anillo está listo.
Las luces del laboratorio bajaron de intensidad mientras el dispositivo comenzaba a cargarse.
Evelyn dio la orden final.
—Activen la secuencia.
La misión había comenzado.
Las puertas blindadas se cerraron detrás de Enid con un sonido seco.
Entró sola en la sala del portal.
El anillo dimensional ocupaba casi todo el espacio, suspendido sobre una plataforma circular. Energía azul recorría los bordes internos como descargas contenidas.
Un técnico le entregó el teletransportador portátil.
—Tres cargas. No lo olvide.
Enid lo sujetó y lo ajustó en su cinturón.
—No lo olvidaré.
Desde el otro lado del vidrio reforzado, en la sala de control, Evelyn y Lilith observaban.
Las luces comenzaron a parpadear al ritmo de la carga energética.
Evelyn cruzó los brazos.
—Espero que sepa en lo que se está metiendo.
Lilith mantuvo la vista fija en Enid.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Los Roger siempre terminan en misiones o aventuras peligrosas.
Evelyn la miró de reojo.
Lilith continuó:
—El abuelo de Darem fue quien comenzó con todo esto. Y parece que sus descendientes no saben quedarse quietos.
Evelyn soltó un suspiro breve.
—Eso no me tranquiliza.
Dentro de la sala, el anillo terminó de cargarse. El centro se llenó de una superficie luminosa, como agua suspendida en vertical.
Un técnico anunció:
—Coordenadas fijadas. Destino: un punto intermedio del multiverso.
Enid dio un paso al frente.
No miró atrás.
La energía iluminó su figura mientras el portal estabilizaba su forma.
Desde la ventana, Lilith murmuró:
—Ve y tráelos de vuelta.
Evelyn apretó ligeramente el borde de la consola.
—Buena suerte.
Enid atravesó el portal.
La superficie se cerró tras ella en un destello.
La sala quedó en silencio.
La misión ya estaba en marcha.
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Editado: 03.04.2026