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CAPÍTULO 45: El Fin

CAPÍTULO 45: El Fin

El grupo corrió por varios callejones hasta salir a una zona abierta de carriles metálicos que atravesaban la ciudadela de Vritannis. Eran viejas vías de transporte industrial, oxidadas y casi abandonadas.

Fénix se detuvo primero.

Miró a ambos lados.

—Se perdió…

Darem respiraba agitado mientras observaba los alrededores.

—No puede haber ido muy lejos.

Unos segundos después, César y Chris llegaron corriendo detrás de ellos.

Ambos estaban exhaustos.

—¡Esperen! —dijo Chris jadeando—… ¿lo alcanzaron?

Fénix negó con la cabeza.

—No.

César se apoyó en una baranda oxidada.

—Genial… corrimos medio barrio para nada.

Los cuatro comenzaron a mirar entre los vagones abandonados, estructuras metálicas y montones de chatarra.

El silencio duró apenas unos segundos.

Entonces se escuchó una risa.

—Heh… heh…

Los cuatro levantaron la vista.

Arriba de uno de los carriles elevados, de pie sobre una viga metálica, estaba Leonard Hale.

Sonreía con arrogancia.

—Los estaba esperando.

Chris frunció el ceño.

—Ese idiota…

Leonard levantó una mano.

—De verdad creyeron que iba a huir.

Su engendro apareció detrás de él.

Una figura humanoide de energía oscura y líneas distorsionadas.

Leonard levantó el pie.

—Ahora sí… terminemos esto.

Saltó desde la viga y su engendro levantó el puño para golpear el suelo otra vez.

La onda expansiva estaba a punto de generarse.

Pero antes de que impactara…

—Spin Doctor.

Darem reaccionó primero.

Su engendro apareció en un destello.

La figura giratoria se lanzó hacia adelante y golpeó el brazo del engendro de Leonard con un movimiento circular perfecto.

El impacto desvió completamente el golpe.

La onda expansiva nunca ocurrió.

Leonard cayó al suelo desorientado.

—¿Qué…?

Se tambaleó un segundo.

Cuando levantó la vista…

Fénix y Darem lo estaban mirando.

En silencio.

Detrás de ellos aparecieron sus engendros.

Caos flotaba junto a Fénix.

Spin Doctor giraba lentamente junto a Darem.

Leonard tragó saliva.

—Oh…

Fénix habló con calma.

—Se acabó.

Leonard intentó reaccionar.

Demasiado tarde.

—Ahora —dijo Darem.

Los dos engendros se movieron al mismo tiempo.

Caos lanzó el primer golpe.

Spin Doctor siguió con un impacto giratorio directo al estómago.

Leonard salió despedido contra un vagón oxidado.

Intentó levantarse.

Caos lo golpeó otra vez.

Spin Doctor giró y lo estrelló contra el suelo.

El metal se abolló con el impacto.

Leonard intentó activar su habilidad otra vez.

Un puñetazo de Caos lo silenció.

Luego otro.

Y otro más.

Spin Doctor remató con un golpe rotatorio en la cabeza.

El cuerpo de Leonard quedó tendido en el suelo.

Inconsciente.

Casi muerto.

El aire quedó en silencio.

Y en ese mismo instante, algo ocurrió.

Chris y César se tambalearon.

Ambos se llevaron una mano a la cabeza.

—¿Qué…? —murmuró César.

Un destello breve recorrió sus cuerpos.

Segundos después…

Chris estaba nuevamente en su propio cuerpo.

Y César en el suyo.

Chris miró sus manos.

—¡Volví!

César se miró el torso.

—Por fin…

Fénix suspiró.

—Perfecto.

Darem hizo desaparecer a Spin Doctor.

—Menos mal.

Chris miró el cuerpo inconsciente de Leonard.

—Creo que ya no va a cambiar a nadie más de cuerpo.

César asintió.

—Seguro.

Fénix observó alrededor de los carriles de Vritannis.

—Bien.

Luego miró al equipo.

—Ahora vámonos de aquí antes de que aparezca otro loco.

El equipo ya no tenía nada más que hacer en Vritannis.

Después del enfrentamiento y de asegurarse de que Leonard no volvería a levantarse pronto, Fénix condujo al grupo hacia una pequeña tienda de conveniencia donde finalmente consiguieron lo que necesitaban: un teletransportador portátil de salto dimensional.

No era un dispositivo grande ni complejo.

Parecía más bien un aparato compacto, del tamaño de una linterna gruesa, diseñado para abrir brechas temporales entre universos cercanos.

Una vez fuera de la tienda, el grupo se reunió en una calle tranquila.

Fénix sostuvo el dispositivo mientras hablaba con calma.

—Bien. Escuchen.

Los tres lo miraron.

—Nuestro siguiente destino es la ciudadela llamada Midland. Pero para llegar allí no podemos saltar directamente.

Chris frunció el ceño.

—¿Por qué?

Fénix levantó el aparato.

—Porque entre este universo y Midland hay algo en medio.

Darem inclinó un poco la cabeza.

—¿Algo como qué?

Fénix respondió con un tono simple.

—Un pseudo mundo.

César levantó una ceja.

—¿Y eso qué es?

Fénix explicó de forma directa.

—Un pseudo mundo es básicamente un universo incompleto. No tiene civilizaciones, ni historia, ni ecosistema complejo. Es como un espacio que existe entre realidades estables.

Chris asintió lentamente.

—O sea… ¿un lugar vacío?

—Más o menos —respondió Fénix—. Algunos tienen terreno, otros atmósfera, otros solo energía. Son como zonas de paso dentro del multiverso.

Darem miró el teletransportador.

—¿Y tenemos que cruzar uno?

Fénix asintió.

—Sí. El que conecta con Midland se llama KEP-3421.

César cruzó los brazos.

—¿Cómo es?

Fénix respondió sin dramatismo.

—Simple.

Hizo una pequeña pausa.

—Está cubierto completamente de agua.

Chris parpadeó.

—¿Todo?

—Todo —dijo Fénix—. No hay islas, no hay tierra, no hay ciudades.

Darem imaginó la escena.

—Entonces es como…

Fénix terminó la frase.




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