Code Eclipse

CAPÍTULO 47: KEP-2

CAPÍTULO 47: KEP-2

El sonido constante del motor se detuvo de golpe.

El barco se sacudió levemente… y quedó completamente inmóvil.

El silencio fue inmediato.

Darem se sujetó del marco de la puerta.

—¿Qué fue eso?

Dentro de la cabina, Fénix frunció el ceño y miró los controles.

—No debería pasar.

Giró el timón.

Nada.

Intentó acelerar.

El motor no respondió.

En la cubierta, César se incorporó de golpe.

—¿Se detuvo?

Chris dejó de mirar el mar y giró hacia la cabina.

—Eso no es normal.

Fénix salió rápidamente.

—Vengan.

Los cuatro se reunieron en la cubierta, mirando alrededor.

Todo seguía igual.

El océano infinito.

Sin olas violentas.

Sin obstáculos visibles.

Sin nada.

César miró a Fénix.

—Señor Roger… ¿qué pasó?

Fénix negó lentamente.

—No lo sé.

Chris dio un paso hacia la baranda, observando el agua.

—¿Puede ser un ataque enemigo?

Fénix entrecerró los ojos, analizando el entorno.

—No lo creo…

Hizo una breve pausa.

—Pero no podemos descartarlo.

Miró al grupo.

—Hay que revisar el barco.

Darem asintió.

—Voy contigo.

Fénix comenzó a caminar hacia la parte inferior del barco.

—Los demás atentos. Si ven algo raro, avisen.

César y Chris intercambiaron una mirada.

—Esto no me gusta —murmuró César.

El barco permanecía completamente detenido en medio del océano infinito.

Y ahora, el silencio ya no era tranquilo.

Era inquietante.

César se cruzó de brazos mientras miraba el horizonte.

—Esto no me gusta nada…

Darem estaba atento, observando el agua.

Fénix analizaba el entorno con calma, pero sin bajar la guardia.

Fue entonces cuando Chris frunció el ceño.

—…¿Escucharon eso?

Los tres lo miraron.

—¿Qué cosa? —preguntó César.

Chris giró la cabeza lentamente hacia atrás.

—No sé… como… una voz.

Fénix negó.

—No escucho nada.

Darem también.

—Yo tampoco.

Chris dudó un segundo.

—Capaz fue el viento…

Se giró otra vez hacia el mar.

Silencio.

Nada.

Pero entonces—

—Chris…

La voz sonó justo en su oído.

Cerca.

Demasiado cerca.

Chris se giró de golpe.

—¿Qué?!

No había nadie.

Solo el mar.

Solo el barco.

César lo miró raro.

—¿Qué te pasa?

Chris respiraba un poco más rápido.

—Alguien… me habló.

Fénix lo observó con atención.

—¿Qué escuchaste?

Chris dudó.

—Mi nombre…

Darem frunció el ceño.

—¿Estás seguro?

Chris asintió.

—Sí.

Miró alrededor otra vez.

—Fue como si alguien estuviera al lado mío.

César negó con la cabeza.

—Yo no escuché nada.

Fénix se mantuvo en silencio unos segundos.

Analizando.

—Mantente alerta —dijo finalmente—. No bajes la guardia.

Chris tragó saliva.

—Sí…

Se giró lentamente otra vez.

Miró el mar.

El reflejo del sol.

Las olas suaves.

Nada fuera de lugar.

Y entonces—

—Chris…

La voz volvió.

Más clara.

Más cercana.

Como si estuviera justo detrás de él.

Pero cuando se giró otra vez…

No había absolutamente nadie.

Fénix bajó a la zona inferior del barco junto a Darem, revisando los conductos y el sistema de presión.

El sonido del agua era más claro allí abajo.

—Aquí —dijo Fénix.

Se agachó y señaló una pequeña grieta en una tubería lateral. Un hilo constante de agua se filtraba lentamente.

Darem se acercó.

—¿Eso es todo?

Fénix asintió.

—Sí. Nada grave.

Se levantó.

—Pero hay que sellarlo bien o el sistema no va a arrancar.

Darem suspiró aliviado.

—Menos mal…

Fénix ya estaba tomando herramientas.

—Tardaré unos treinta minutos.

Arriba, en la cubierta, César y Chris seguían atentos.

Darem subió primero.

—Tranquilos, no es un ataque. Es una filtración.

César soltó el aire.

—Por fin una buena noticia.

Chris también se relajó un poco.

—¿En serio?

Darem asintió.

—Sí. Fénix lo está arreglando. En media hora seguimos.

César se dejó caer otra vez en la silla.

—Perfecto.

El ambiente bajó la tensión.

El mar seguía igual de tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Chris volvió a apoyarse en la baranda.

Miró el agua.

Respiró hondo.

—Vale… solo fue mi imaginación…

Cerró los ojos un segundo.

Y entonces—

—Chris… no mires hacia abajo…

La voz volvió.

Más clara.

Más larga.

Más cercana.

Chris abrió los ojos de golpe.

Se giró rápido.

—¿Quién está ahí?

Nada.

Darem lo miró.

—¿Otra vez?

Chris empezó a mirar a todos lados.

A la izquierda.

A la derecha.

Detrás de él.

Arriba.

No había nadie.

—Chris…

La voz volvió a susurrar.

—No estás solo…

Chris retrocedió un paso.

—¡Basta!

César se levantó.

—Oye, cálmate.

Chris negó con la cabeza.

—No estoy loco… alguien me está hablando.

Darem frunció el ceño.

—¿Qué dice?

Chris respiraba rápido.

—Dice… que no estoy solo.

Miró el mar otra vez.

El reflejo del sol seguía moviéndose sobre las olas.

Todo parecía normal.

Pero la voz seguía ahí.

Solo para él.

Y no había nadie alrededor.




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