CAPÍTULO 48: KEP-3
Chris apretó con fuerza la baranda del barco.
—No… no…
César lo miró con preocupación.
—¿Qué pasa ahora?
Darem dio un paso hacia él.
—Chris, mírame.
Pero Chris no reaccionó.
Su respiración se volvió irregular.
Y entonces la voz volvió.
Más clara que nunca.
Más firme.
—No estás loco…
Chris abrió los ojos de par en par.
—…¿Qué…?
La voz continuó, pegada a su oído, como si estuviera dentro de su cabeza.
—Guarda silencio.
Chris tragó saliva.
—¿Quién eres…?
—Ya han causado suficientes problemas a mi amo.
Un escalofrío recorrió su cuerpo.
—Alex…
Chris apretó los dientes.
—No…
La voz siguió, fría.
—Es hora de poner fin a esto.
Chris empezó a mirar desesperadamente a su alrededor.
—¡¿Dónde estás?!
César se acercó más.
—¡Chris, tranquilo!
Pero él no escuchaba.
Solo esa voz.
—Tu engendro…
Chris se quedó congelado.
—…es muy débil.
Un segundo de silencio.
—Pero también… muy poderoso.
El corazón de Chris empezó a latir con fuerza.
—¿De qué hablas…?
La voz bajó aún más.
—Voy a comer tu cerebro… poco a poco…
Chris tembló.
—No…
—Y cuando termine…
Una pausa.
Pesada.
—Voy a controlarte.
Chris retrocedió, chocando con una mesa metálica.
Darem lo sujetó.
—¡Chris!
Pero Chris no podía apartar esa voz de su mente.
—Y cuando acabe contigo…
El susurro se volvió casi un eco dentro de su cabeza.
—…iré por los demás.
Chris abrió la boca, intentando hablar…
Pero no salió nada.
Solo silencio.
Un silencio lleno de miedo.
Porque ahora ya no había duda.
No era su imaginación.
Algo estaba dentro de él.
Minutos después, el ambiente en el barco había cambiado por completo.
Una de las habitaciones había sido asegurada desde fuera.
Dentro, Chris estaba encerrado.
Se escuchaban golpes ocasionales contra la puerta… y luego silencio.
En el pasillo, justo afuera, Darem y César estaban de pie.
Ambos tensos.
Darem suspiró, pasándose una mano por el cabello.
—No había otra opción.
César miró la puerta cerrada.
—Ya…
Se hizo un breve silencio.
Darem habló en voz baja.
—Tuvimos que encerrarlo. Intentó agarrar un cuchillo de la cocina.
César frunció el ceño.
—Lo vi.
Miró la puerta otra vez.
—Eso no fue normal.
Darem apoyó la espalda contra la pared.
—Tal vez el viaje lo está afectando demasiado.
César negó lentamente.
—No sé…
Cruzó los brazos.
—Antes en el restaurante estaba bien.
Darem bajó la mirada un segundo.
—Sí… pero desde que el barco se detuvo empezó a comportarse raro.
Desde dentro de la habitación se escuchó un golpe seco.
Ambos giraron la cabeza.
Silencio otra vez.
César habló más bajo.
—¿Y si no es el viaje?
Darem lo miró.
—¿A qué te refieres?
César dudó un segundo.
—Dijo que escuchaba voces.
Darem frunció el ceño.
—Sí, pero…
No terminó la frase.
César continuó.
—Y después intentó agarrar un cuchillo.
Darem volvió a mirar la puerta.
—…
El silencio se volvió incómodo.
César suspiró.
—No me gusta esto.
Darem tampoco apartaba la vista de la puerta.
—A mí tampoco.
Dentro de la habitación…
No se escuchaba nada.
Demasiado silencio.
Dentro de la habitación, el silencio se rompió de golpe.
—¡SÁQUENME DE AQUÍ!
El grito de Chris retumbó contra las paredes.
—¡NO ME DEJEN AQUÍ!
Afuera, en el pasillo, César y Darem se tensaron.
César miró la puerta.
—Esto va a peor…
Darem apretó los dientes.
—Sí…
Se hizo un breve silencio mientras los golpes continuaban desde dentro.
Entonces César habló, más serio.
—Oye… y si lo revisamos.
Darem lo miró.
—¿Cómo?
—Nuestros engendros —respondió César—. Tal vez puedan hacer algo. Ver qué le pasa.
Darem dudó un segundo.
—…
Luego asintió.
—Puede ser.
Se acercó a la puerta.
—Con cuidado.
Los golpes dentro se detuvieron de repente.
Silencio absoluto.
César frunció el ceño.
—Eso no me gusta nada…
Darem puso la mano en el seguro.
Y en ese instante—
CRASH
La puerta explotó hacia afuera.
Los dos salieron despedidos hacia atrás.
Madera y metal volaron por el pasillo.
Entre el humo y los restos…
Chris salió caminando lentamente.
Cabeza baja.
Pasos pesados.
Silencioso.
César se incorporó como pudo.
—Chris…
Darem también se levantó, alerta.
—…
Chris levantó la cabeza.
Y sonrió.
Pero no era su sonrisa.
Era torcida.
Vacía.
Sádica.
Detrás de él, una figura comenzó a formarse.
Oscura.
Afilada.
Su engendro.
Crimson Edge.
Los brazos de la entidad se deformaron, alargándose y transformándose en múltiples hojas afiladas, como si fueran espadas vivientes.
Chris habló.
Pero su voz… no sonaba como la suya.
—Interesante cuerpo…
César retrocedió un paso.
—Ese no es Chris…
Darem apretó los puños.
—No…
Chris dio un paso adelante.
Las cuchillas de Crimson Edge brillaron con la luz del pasillo.
—El poder de este engendro…
Levantó uno de sus brazos, que se transformó en una hoja larga y curvada.
—Es simple.
Otro brazo cambió de forma, creando múltiples filos.
—Puede crear cualquier tipo de arma blanca.
Las hojas se movían con precisión.
Elegantes.
Mortales.
Chris inclinó un poco la cabeza.
—Y además…
En un instante, se movió unos centímetros… casi como un parpadeo.
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Editado: 03.04.2026