CAPÍTULO 51: Preludio
Horas después de aquel enfrentamiento en el barco, el grupo continuó navegando por el interminable océano de KEP-3421 sin más interrupciones. El ambiente, aunque más calmado, seguía cargado por lo ocurrido, pero al menos Chris se encontraba estable y fuera de peligro.
Con el paso del tiempo, finalmente llegaron a su destino.
La ciudadela de Midland.
Midland era enorme.
Mucho más de lo que parecía a simple vista.
Desde lejos, podía parecer solo una ciudad flotante, pero en realidad era casi un mundo en sí misma, con distritos, mercados, zonas residenciales y áreas más oscuras donde la ley prácticamente no existía.
Y ese era precisamente el problema.
Midland era peligrosa.
Extremadamente peligrosa.
No por criaturas o amenazas sobrenaturales… sino por la propia gente.
Robos, engaños, trampas.
Todo podía pasar en cuestión de minutos si alguien bajaba la guardia.
Era el tipo de lugar donde un descuido bastaba para perderlo todo.
Mientras tanto, Darem había logrado recuperarse.
Gracias a los recursos del barco y a ciertos ajustes, su brazo había sido recolocado correctamente. Aunque el dolor persistía ligeramente, ya funcionaba con normalidad, como si nunca hubiera sido separado.
Eso sí…
La experiencia había dejado claro algo para todos.
A partir de ahora, no podían confiarse.
Porque si el viaje hasta Midland había sido complicado…
Lo que les esperaba dentro podía ser aún peor.
Apenas pusieron un pie en Midland, el ambiente cambió por completo.
Ruido.
Gente.
Miradas.
Movimiento constante.
Fénix se detuvo en seco.
—Un momento.
Los demás se giraron hacia él.
Su expresión era seria.
—Antes de avanzar… reglas claras.
César cruzó los brazos.
—Me gusta cómo suena eso.
Darem asintió levemente.
Chris, aún algo cansado, también prestó atención.
Fénix habló con firmeza.
—Primero: no se separen demasiado.
Hizo una pausa.
—Segundo: mantengan siempre sus cosas controladas.
Miró alrededor.
—Aquí roban en segundos.
César soltó una pequeña risa.
—Ya me di cuenta con solo mirar.
Fénix continuó.
—Tercero: estén atentos a cualquier cosa rara.
Su tono se volvió más serio.
—Cualquier cosa.
Darem asintió.
—Entendido.
Chris también.
—Sí.
Fénix los observó a los tres.
—No bajen la guardia.
El grupo asintió al unísono.
—Bien.
Fénix relajó un poco la postura.
—Yo voy a encargarme de los papeles para saltar a la siguiente ciudadela.
Se giró levemente, señalando el interior de la ciudad.
—Ustedes hagan lo que quieran… pero con cabeza.
César sonrió.
—Perfecto.
Chris levantó una mano.
—Yo digo de ir a comer.
Darem lo miró.
—No es mala idea.
César asintió.
—Después de todo lo que pasó… lo necesitamos.
Chris sonrió levemente.
—Entonces vamos.
Fénix los miró por última vez.
—Cuidado.
—Sí, sí —respondió César con confianza.
Sin perder más tiempo, Fénix se alejó entre la multitud.
Y los tres se quedaron solos en medio de Midland.
Rodeados de ruido…
Y de posibles problemas.
En una de las tantas calles estrechas de Midland, entre puestos improvisados y luces parpadeantes, una figura caminaba sin rumbo claro.
Enid.
Su paso era lento, cargado.
Sus ojos recorrían el entorno con cansancio y frustración.
—Tres días… —pensó—. Tres malditos días en esta ciudadela…
Se detuvo un instante, mirando a su alrededor.
Todo era igual.
Calles que parecían repetirse.
Rostros desconocidos.
Ruido constante.
—No entiendo nada… —continuó en su mente—. Este lugar es un laberinto.
Apretó los puños.
—Y a este paso… no voy a encontrarlos nunca.
Suspiró, agotada.
—Darem… Fénix… los demás…
Su voz interna se volvió más suave.
—¿Dónde estáis…?
Reanudó el paso, girando en una esquina sin mucha esperanza.
Y entonces—
Se detuvo en seco.
A unos metros.
Tres figuras.
Familiares.
César.
Chris.
Y…
Darem.
Los observó en silencio.
Sin moverse.
Como si necesitara confirmar que no era una ilusión.
Su corazón dio un vuelco.
—Ahí estás…
Pero no avanzó.
Algo la detuvo.
Su mirada se centró en Darem.
Y entonces, sus pensamientos comenzaron a fluir.
—Es igual…
Lo observó con más atención.
La postura.
La forma de moverse.
Esa manera de mantenerse firme incluso después de todo.
—Es exactamente igual a él…
Fénix.
Su padre.
—Esa misma mirada… esa forma de cargar con todo sin decir nada…
Sintió algo en el pecho.
Una mezcla extraña.
Nostalgia.
Dolor.
Y algo más difícil de nombrar.
—Los Roger…
Bajó ligeramente la mirada.
—Todos sois iguales…
Una leve exhalación.
—Siempre con esa… nobleza absurda.
Recordó.
Momentos.
Palabras.
Decisiones.
—Fénix era igual…
Sus ojos volvieron a Darem.
—Y tú también lo eres.
Se quedó en silencio unos segundos.
Observándolo.
—Incluso sin darte cuenta…
Un pequeño gesto casi imperceptible cruzó su rostro.
No era una sonrisa.
Pero tampoco era frialdad.
—Supongo que por eso…
Pausó.
—Sigo buscándoos.
Levantó la mirada una vez más.
Firme.
Decidida.
Y esta vez…
Dio un paso hacia ellos.
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Editado: 03.04.2026