CAPÍTULO 52: Lazos inquebrantables
En lo alto de un tejado oxidado, lejos del bullicio de las calles, dos figuras observaban en silencio.
Desde esa altura, tenían una vista perfecta.
Abajo, entre la multitud, Darem, César y Chris avanzaban sin sospechar nada.
El viento soplaba suavemente.
Uno de los observadores era un hombre calvo y delgado, de mirada afilada.
Elías Crowe.
A su lado, apoyado contra una estructura metálica que crujía con su peso, estaba Soren Valk.
Mucho más grande.
Corpulento.
Con una expresión relajada.
Elías entrecerró los ojos.
—Ahí están.
Soren bostezó.
—Sí… ya los vi.
Elías cruzó los brazos.
—Tenemos que hacer algo.
Soren ni se inmutó.
—Claro.
Silencio.
Elías giró la cabeza lentamente hacia él.
—¿“Claro”?
Soren se rascó la barriga.
—Sí… pero no ahora.
Elías frunció el ceño.
—¿Cómo que no ahora?
Soren señaló hacia abajo con calma.
—Hay mucha gente.
—¿Y?
—Y si armamos algo… se complica.
Elías chasqueó la lengua.
—Siempre pones excusas.
Soren lo miró de reojo.
—No son excusas, es sentido común.
Elías dio un paso hacia él.
—Llevamos siguiéndolos un buen rato.
—Tres horas —corrigió Soren.
—¡Exacto!
—Eso no es tanto tiempo.
Elías lo miró incrédulo.
—¿No es tanto tiempo?
Soren negó con la cabeza.
—Para un plan bien hecho… no.
Elías empezó a perder la paciencia.
—No necesitamos un plan perfecto, necesitamos actuar.
Soren sonrió ligeramente.
—Y por eso tú siempre acabas metido en problemas.
Elías apretó los dientes.
—¿Perdona?
Soren levantó un dedo.
—Recuerda lo de Berlín.
Elías se quedó en silencio un segundo.
—Eso fue distinto.
—Claro… “distinto”.
Elías bufó.
—Mira, si esperamos más, se nos van a escapar.
Soren señaló otra vez hacia abajo.
—No, no se van a escapar. Están caminando… despacio.
Elías miró hacia abajo.
Efectivamente… seguían ahí.
Pero eso no le calmó.
—Igual.
Soren suspiró.
—Escucha… esperamos el momento adecuado.
Elías cruzó los brazos.
—¿Y cuándo es eso?
Soren sonrió.
—Cuando tú dejes de hablar.
Elías lo miró fijamente.
Silencio.
Dos segundos.
Tres.
—Eres insoportable.
Soren se encogió de hombros.
—Y tú muy impaciente.
Elías volvió a mirar hacia abajo.
—Como perdamos la oportunidad…
Soren se acomodó mejor.
—No la vamos a perder.
Pausa.
—Creo.
Elías giró la cabeza lentamente.
—¿“Crees”?
Soren lo miró con total tranquilidad.
—Sí.
Elías cerró los ojos un momento.
Respiró hondo.
—Increíble.
Darem caminaba unos pasos detrás, con la mirada moviéndose de un lado a otro.
Algo no le cuadraba.
Frunció ligeramente el ceño.
—Oye…
César giró la cabeza.
—¿Qué pasa?
Darem bajó un poco la voz.
—Siento… como si nos estuvieran observando.
César alzó una ceja.
Miró alrededor.
Gente por todos lados.
Vendedores.
Niños corriendo.
Figuras encapuchadas.
—Es Midland —respondió con tranquilidad—. Aquí todo el mundo observa a todo el mundo.
Darem no parecía convencido.
—No sé… es distinto.
César soltó una pequeña risa.
—Te estás rayando.
Darem suspiró, pero no dejó de mirar alrededor.
—Tal vez…
De repente—
—¡¿VAN A VENIR O QUÉ?!
La voz de Chris rompió el momento.
Estaba unos metros más adelante, girado hacia ellos, claramente molesto.
—¡Tengo hambre!
César sonrió.
—Ahí lo tienes… la verdadera amenaza.
Darem negó con la cabeza, casi sonriendo.
—Sí… esa sí que es peligrosa.
Chris cruzó los brazos.
—¡En serio, muevanse!
César empezó a caminar de nuevo.
—Ya vamos, ya vamos.
—¡DAREM!
La voz cortó el ruido de la calle como un cuchillo.
Agitada.
Desesperada.
Darem se giró de inmediato.
Y la vio.
Enid.
A unos metros, inclinada ligeramente hacia adelante, con las manos en las rodillas intentando recuperar el aliento.
Su ropa estaba algo desordenada, el cabello revuelto.
Claramente llevaba rato corriendo.
—Por fin… —dijo entre respiraciones—… casi te pierdo…
César y Chris también se giraron.
Darem abrió los ojos, sorprendido.
—¿Tía… Enid?
Ella levantó la mirada hacia él, aún jadeando.
—Doce cuadras… —murmuró—. Llevo doce cuadras siguiéndolos…
Se enderezó poco a poco.
—No vuelvas a desaparecer así.
Darem seguía sin salir de su asombro.
—¿Qué haces aquí?
Enid suspiró, intentando recomponerse.
—Tu abuela… Lilith.
El nombre hizo que Darem prestara aún más atención.
—Me envió.
Hizo una pequeña pausa.
—Para llevarte a ti… y a tus amigos de vuelta a casa.
César intercambió una mirada con Chris.
—Eso suena bastante serio…
Pero Enid negó con la cabeza, frustrada.
—Sí… bueno… ese era el plan.
Darem frunció el ceño.
—¿Era?
Enid levantó una pequeña pieza metálica rota que llevaba consigo.
—El artilugio que me dieron… se rompió.
Silencio.
—Y ahora… —continuó— no tengo ni idea de cómo volver.
Chris murmuró:
—Genial…
Pero Darem, lejos de preocuparse, se relajó un poco.
—No pasa nada.
Enid lo miró.
—¿Cómo que no pasa nada?
Darem sonrió levemente.
—El abuelo Fénix nos va a llevar.
El tiempo pareció detenerse.
Enid se quedó completamente quieta.
Sus ojos se abrieron lentamente.
—…¿Fénix?
Su voz salió casi en un susurro.
Darem asintió con naturalidad.
—Sí.
Pausa.
—Es una historia larga… pero sí.
#3395 en Fantasía
#1253 en Personajes sobrenaturales
#1696 en Thriller
terror, terror drama realidad triste, terror fantasia locura
Editado: 24.04.2026