CAPÍTULO 55: Malos hábitos
En las ciudadelas, todo lo relacionado con los viajes entre mundos estaba controlado por una sola empresa: Multiversal-Corp.
Era imposible moverse sin pasar por ellos.
Y eso significaba…
Filas interminables.
Fénix estaba de pie, rodeado de personas por todos lados.
El calor era sofocante.
El aire apenas circulaba.
El murmullo constante de la multitud hacía que todo se sintiera aún más pesado.
Se pasó una mano por el cuello, incómodo.
—Esto es ridículo…
Miró hacia adelante.
La fila apenas avanzaba.
—¿Cuánto falta…?
Se acomodó la chaqueta de cuero, claramente molesto.
—Hace un calor insoportable.
En ese momento…
Algo se movió detrás de él.
Desde su espalda, una forma oscura emergió ligeramente.
Como si estuviera pegada a su cuerpo.
Una silueta difusa, casi líquida.
Y entonces habló.
—Eso te pasa por usar chaqueta de cuero siempre.
Fénix se quedó completamente quieto.
Parpadeó.
Giró apenas la cabeza.
—…
—Me había olvidado de que hablabas.
La figura se inclinó levemente, como si “mirara” a su alrededor.
—Normal.
Su voz era tranquila.
Casi perezosa.
—Los engendros tenemos conciencia propia, pero está ligada a nuestros dueños.
Hizo una pequeña pausa.
—Y, por lo general… no nos gusta hablar mucho.
Fénix soltó un leve suspiro.
—Genial.
Miró al frente otra vez.
—Justo lo que me faltaba.
La figura —Caos— volvió a moverse lentamente, como si se acomodara sobre su espalda.
—Además…
Añadió con cierto tono irónico.
—No todos tienen la suerte de tener uno que converse.
Fénix esbozó una pequeña sonrisa.
—No estoy seguro de llamarlo suerte.
La fila avanzó apenas unos pasos.
El calor seguía siendo insoportable.
Después de una fila que parecía no tener fin, Fénix finalmente llegó al mostrador.
El calor, el ruido y la espera habían terminado por agotarlo.
Apoyó ambas manos sobre la superficie.
—Cuatro boletos para la siguiente ciudadela.
El empleado apenas lo miró, tecleó algo y, tras unos segundos, deslizó los boletos hacia él.
—Siguiente.
Fénix los tomó con cuidado.
Cuatro.
Perfecto.
Se dio la vuelta y comenzó a abrirse paso entre la multitud para salir del edificio.
—Por fin…
Murmuró, aliviado.
Pero entonces—
Una ráfaga de viento se coló desde la entrada.
Fuerte.
Repentina.
Los boletos se le escaparon de las manos.
—¡Eh!
Salieron volando.
Girando.
Alejándose.
—¡No, no, no!
Fénix avanzó rápido, intentando alcanzarlos.
Pero uno de ellos cayó al suelo…
Y una bota lo detuvo.
Lo pisó.
Fénix llegó hasta allí, agitado.
—Señor, se me cayeron unos boletos—
Se detuvo.
El hombre no reaccionó.
Ni siquiera bajó la mirada.
Como si no fuera con él.
Como si no hubiera escuchado nada.
Fénix frunció ligeramente el ceño.
—Oiga…
Silencio.
El sujeto seguía inmóvil.
Indiferente.
Fénix lo observó mejor.
Su postura.
Su presencia.
Algo no encajaba.
Entrecerró los ojos.
—Tu cara me suena…
El hombre levantó apenas la cabeza.
Y entonces—
Fénix lo reconoció.
—…
Elias Crowe.
El aire pareció volverse más pesado de golpe.
El ruido de la gente desapareció en segundo plano.
Fénix sonrió apenas.
Pero no era una sonrisa amistosa.
—Claro…
Su tono bajó.
—Ahora tiene sentido.
El pie de Elias seguía sobre el boleto.
Sin moverse.
El pie de Elias seguía presionando el boleto contra el suelo.
Lentamente, levantó la cabeza.
Una sonrisa torcida apareció en su rostro.
—Vaya, vaya…
Se inclinó apenas hacia adelante, sin apartar el pie.
—Mira lo que se arrastró hasta aquí…
Hizo una pausa dramática.
—El gran Fénix.
Fénix lo observó en silencio un segundo…
Y luego soltó una carcajada.
—Sigues igual de idiota que siempre.
Elias parpadeó.
—¿Eh?
Fénix se llevó una mano a la cara, riéndose sin disimular.
—En serio… no cambias nada.
Se inclinó un poco hacia él.
—Pensé que al menos ibas a mejorar con el tiempo.
Elias frunció el ceño, molesto.
—¡Oye, no te rías!
Pero Fénix no se detuvo.
—A ver, déjame adivinar…
Se cruzó de brazos, aún sonriendo.
—Tu engendro debe ser algo como…
Miró hacia arriba, fingiendo pensar.
—“Golpeador 3000”.
Pausa.
—O peor… “Super puño definitivo”.
Elias apretó los dientes.
—¡Que no te rías, te digo!
Fénix continuó, burlón.
—¿O es uno que solo sirve para tropezarse solo?
Se inclinó un poco más.
—No, espera… ese ya lo tienes tú sin necesidad de engendro.
Un par de personas cercanas comenzaron a mirar la escena.
Elias estaba rojo de furia.
—¡Cállate!
Levantó el pie del boleto de golpe.
—¡Mi engendro no es ningún chiste!
Fénix atrapó el boleto en el aire sin dejar de sonreír.
—Ah, ¿no?
Elias señaló con el dedo, temblando de rabia.
—Se llama… “Iron Trick”.
Fénix arqueó una ceja.
—…Suena a truco barato.
—¡No lo es!
Elias dio un paso al frente.
—¡Mi engendro puede manipular objetos cercanos como si fueran extensiones de mi cuerpo!
Golpeó el suelo con el pie.
—¡Cualquier cosa!
Señaló a su alrededor.
—Mesas, sillas, paredes, lo que sea…
Su sonrisa volvió, pero ahora era más peligrosa.
—Puedo usarlas para atacar, defenderme… o aplastarte sin siquiera tocarte.
El ambiente se tensó levemente.
Fénix lo miró unos segundos.
Y luego…
Volvió a reír.
—Sí…
Negó con la cabeza.
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Editado: 24.04.2026