CAPÍTULO 58: Malos hábitos-4 fin
Elias yacía en el suelo.
Respirando con dificultad.
Rodeado de escombros.
Todo a su alrededor estaba destruido.
Y encima de él…
Fénix.
Sentado con total tranquilidad, como si nada hubiera pasado.
Se apoyó ligeramente sobre una rodilla, mirándolo desde arriba.
—Al final…
Hizo una pequeña pausa.
—Tu engendro sí era un chiste.
Elias apretó los dientes, intentando moverse.
—Cállate…
Fénix soltó una leve risa.
—No, en serio.
Miró alrededor.
—Mucho ruido, mucho movimiento… pero poco resultado.
Volvió a clavar la mirada en él.
—Muy tú.
Elias intentó incorporarse, pero no pudo.
Fénix ni siquiera se esforzó en detenerlo.
—Hace tres años…
Comenzó, con un tono más tranquilo.
—Obtuve a Caos.
A su espalda, la silueta oscura apareció lentamente.
Como una presencia constante.
Viva.
Observando.
—Y sinceramente…
Fénix entrelazó los dedos, apoyando los brazos sobre sus piernas.
—Creo que es, sin duda, el mejor engendro que existe.
Elias lo miró con rabia.
—…Qué arrogante.
Fénix negó levemente.
—No es arrogancia.
Miró de reojo a Caos.
—Es experiencia.
La entidad se movió apenas, como si respondiera.
—Es adaptativo.
Continuó Fénix.
—Se ajusta…
—Aprende…
—Cambia.
Bajó la mirada hacia Elias.
—Y lo mejor de todo…
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Ni siquiera he sacado todo su potencial.
Silencio.
—No sé cuál es su límite.
Elias frunció el ceño.
Fénix se inclinó un poco más cerca.
—Y tampoco sé qué habilidades ocultas puede tener.
Caos se expandió ligeramente detrás de él, como si respirara.
El ambiente se volvió más pesado.
—Así que imagina…
Fénix volvió a incorporarse, sin dejar de mirarlo.
—Lo que podría pasar si realmente me lo tomo en serio.
Elias no respondió.
No podía.
Fénix suspiró levemente.
—En fin…
Se levantó finalmente, quitándose de encima.
—Perdí más de siete minutos.
Miró hacia la distancia.
Su expresión cambió.
—Y no me gusta perder tiempo.
Sin decir nada más…
Dio un paso adelante.
Listo para irse.
Darem corría sin mirar atrás.
Doblando esquinas.
Saltando obstáculos.
Escuchando cómo, a lo lejos, el caos seguía rompiendo la ciudad.
Finalmente, se detuvo.
Respirando agitado.
—…Creo que…
Se giró.
Silencio.
No había nadie.
—Me alejé lo suficiente.
Pero entonces—
Un sonido extraño.
Como algo arrastrándose.
Darem frunció el ceño.
Y lo vio.
Soren.
O lo que quedaba de él.
Su cuerpo estaba… mal.
Deformado.
Torcido en ángulos imposibles.
Sus brazos seguían estirados, pero ya no volvían a su forma original.
Su torso parecía descompuesto, como si hubiera perdido la estructura.
—¿Qué…?
Soren intentó moverse.
Su cuerpo respondió… mal.
Inestable.
—No… no…
Intentó contraerse.
Pero no pudo.
—¡¿Qué me hiciste?!
Darem lo miró en silencio unos segundos.
Luego, se llevó una mano al cuello, más relajado.
—No fui yo.
Dio un paso adelante.
—Fuiste tú.
Soren lo miró, nervioso.
—¿De qué hablas?
Darem señaló su cuerpo.
—Todos los materiales elásticos tienen un límite.
Hizo una pequeña pausa.
—Incluido el cuerpo humano.
Soren intentó recomponerse otra vez.
Sin éxito.
—La piel, los músculos… todo puede estirarse.
Darem continuó.
—Pero solo hasta cierto punto.
Se detuvo frente a él.
—Si fuerzas demasiado ese límite…
Miró directamente a sus ojos.
—Se deforma.
Soren tragó saliva.
—No… eso no…
Darem esbozó una leve sonrisa.
—Sí.
Se inclinó ligeramente.
—Caíste en la trampa.
Soren retrocedió como pudo.
—¡No te acerques!
Darem soltó una pequeña risa.
—Demasiado tarde.
Levantó la mano.
—Spin Doctor.
El engendro apareció al instante.
Más rápido.
Más preciso.
—Act 2.
En un parpadeo—
Se movió.
¡BAM!
Un golpe directo.
Seco.
Perfecto.
Impactó de lleno en Soren.
Su cuerpo deformado no pudo absorber nada esta vez.
Salió despedido.
Y cayó al suelo…
Inmóvil.
El silencio volvió.
Darem bajó la mano lentamente.
—…
Respiró hondo.
Y por primera vez en toda la pelea…
Se permitió relajarse un poco.
El silencio duró apenas unos segundos.
Pasos rápidos se acercaban.
—¡DAREM!
César apareció girando la esquina, algo agitado. Miró a Soren en el suelo y luego a Darem.
—…Vale —dijo, soltando el aire—. Llegué tarde.
Darem dejó caer un poco los hombros.
—Justo a tiempo para el final.
César se acercó y le tendió la mano.
Darem la estrechó.
Un apretón firme.
Sencillo.
—Bien hecho —dijo César—. Ese Act 2… es más útil de lo que pensaba.
Darem esbozó una leve sonrisa.
—Yo también.
César miró el cuerpo de Soren.
—Le encontraste el punto débil.
—Más o menos —respondió Darem—. Se pasó de la raya él solo.
César soltó una pequeña risa.
—A veces el enemigo hace la mitad del trabajo.
Darem asintió.
—Y nosotros hacemos el resto.
Se quedaron un segundo en silencio, recuperando el aliento.
Entonces—
—¿Ya terminó?
Chris apareció desde la otra esquina, asomándose con cautela.
Enid venía detrás, más seria, observando todo con atención.
César levantó una mano.
—Sí, tranquilo. Este ya no se levanta.
Chris miró a Soren.
—Menos mal…
Se acercó un poco más.
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Editado: 14.05.2026