Code Eclipse

CAPÍTULO 61: Una cita inesperada-3 fin

CAPÍTULO 61: Una cita inesperada-3 fin

La joyería permanecía tranquila.

Elegante.

Silenciosa.

Mientras Seraphine seguía observando vitrinas como si estuviera pasando una tarde normal.

Darem iba detrás de ella, claramente incómodo.

Entonces Seraphine se detuvo frente a una vitrina central.

Sus ojos brillaron un poco.

—Oh…

Señaló una pulsera de oro decorada con pequeños diamantes.

—Quiero esa.

Darem la miró.

—…¿Qué?

—La pulsera.

Volvió a señalarla.

—Quiero esa.

Darem frunció el ceño.

—No tengo dinero.

Seraphine se encogió de hombros.

—Eso no me importa.

Luego sonrió.

—Usa a Spin Doctor y róbala.

Darem abrió los ojos apenas.

—¿Hablas en serio?

—Completamente.

Y antes de que pudiera responder—

También señaló otras joyas.

—Y ese collar.

—Y esos anillos.

—Ah, y esos pendientes también.

Darem apretó la mandíbula.

—No voy a hacer eso.

Seraphine lo miró directamente.

Y levantó apenas un dedo.

El cuerpo de Darem se tensó inmediatamente.

Porque entendió la amenaza.

Ella habló tranquila.

—Tu abuelo.

Silencio.

Darem bajó lentamente la mirada.

Respiró hondo.

Y sin más opción…

Invocó a Spin Doctor.

El engendro apareció detrás de él.

Rápido.

Preciso.

En un movimiento limpio, tomó la pulsera de la vitrina.

Y justo entonces—

Seraphine retrocedió dramáticamente.

Abrió los ojos exageradamente.

Y comenzó a gritar.

—¡LADRÓN!

Todo el local quedó en silencio.

—¡LADRÓN!

Señaló directamente a Darem.

—¡ESTÁ ROBANDO!

Darem giró inmediatamente.

—¿Qué…?

Alarmas.

Luces rojas.

Y entonces—

Desde distintos puntos del techo y las paredes aparecieron los cyborgs de seguridad.

Altos.

Blindados.

Con ojos rojos brillantes.

—OBJETIVO IDENTIFICADO.

—ACTIVANDO PROTOCOLO DE CONTENCIÓN.

Darem dio un paso atrás.

—Esperen, yo no—

Pero no lo dejaron terminar.

Uno de los cyborgs lo golpeó directamente en el estómago.

Otro lo agarró del brazo.

Y en segundos lo arrastraron fuera de la joyería.

—¡UGH…!

Lo lanzaron contra el suelo de la calle.

Y comenzaron a golpearlo sin detenerse.

Puñetazos metálicos.

Patadas.

Impactos brutales.

La gente alrededor observaba sorprendida.

Spin Doctor apareció por reflejo.

Listo para atacar.

Pero entonces—

Seraphine salió caminando tranquilamente de la joyería.

Con la pulsera puesta.

Sonriendo.

—No uses tu engendro.

Darem levantó apenas la mirada, sangrando por la boca.

Seraphine se encogió de hombros.

—Sería injusto.

Señaló a los cyborgs.

—Ellos no tienen uno.

Uno de los robots volvió a golpear a Darem contra el suelo.

Seraphine observó la escena como si fuera entretenimiento.

—Además…

Miró la pulsera en su muñeca.

—Técnicamente tú sí eres el ladrón.

Los cyborgs finalmente se detuvieron.

Uno de ellos soltó a Darem y otro habló con su voz mecánica:

—CASTIGO APLICADO.

—AMENAZA CONTROLADA.

Y sin decir nada más…

Los robots se retiraron.

Dejando a Darem tirado en mitad de la calle.

Con el rostro golpeado.

La ropa sucia.

Y varios moretones marcándole la cara.

El silencio duró unos segundos.

Hasta que lentamente…

Darem se puso de pie.

Escupió un poco de sangre al suelo.

Y respiró hondo.

Seraphine lo observaba tranquilamente desde unos metros más adelante.

Miró la pulsera en su muñeca y sonrió satisfecha.

—Gracias por la pulsera.

Darem no respondió.

Solo la miró.

En silencio.

Pero dentro de su cabeza…

Solo había una idea.

“En cuanto pueda…”

Apretó ligeramente los puños.

“Le voy a dar una paliza.”

Seraphine inclinó apenas la cabeza, como si pudiera leerle la mente.

—Qué mirada tan agresiva.

Comenzó a caminar otra vez.

—Vamos.

Darem siguió avanzando detrás de ella, todavía adolorido.

Entonces Seraphine habló otra vez.

—Ahora iremos a un lugar romántico.

Darem la miró confundido.

—…¿Qué?

Ella sonrió.

—Omega tiene lugares muy bonitos para citas.

Darem soltó una pequeña risa incrédula.

—¿Esto te parece una cita?

Seraphine se encogió de hombros.

—Te estoy llevando de compras.

Levantó la muñeca mostrando la pulsera.

—Ya me regalaste algo.

Darem suspiró cansado.

—Esto es una pesadilla.

Seraphine comenzó a caminar calle abajo con total tranquilidad.

—Y todavía ni siquiera termina la tarde.

Enid respiró hondo.

La inyección ya estaba vacía.

El suero engendro había entrado en su cuerpo hacía apenas unos segundos.

Y ahora…

Todos esperaban.

César la observaba fijamente.

Chris estaba nervioso.

Fénix seguía inmóvil contra el suelo, cada vez más hundido entre las grietas del pavimento.

El peso continuaba aumentando.

Lento.

Constante.

Cruel.

Enid cerró los ojos con fuerza.

Intentando sentir algo.

Cualquier cosa.

—Vamos…

Levantó una mano.

Nada.

Silencio.

No apareció ningún engendro.

No hubo energía.

No hubo reacción.

Chris tragó saliva.

—¿Funcionó…?

Enid volvió a intentarlo.

Concentrándose.

Respirando profundo.

Pero otra vez—

Nada.

—Maldición…

César apretó los dientes.

—Concéntrate un poco más.

—¡Lo estoy intentando!

La frustración comenzaba a notarse en su voz.

Fénix soltó un leve quejido de dolor.

Las grietas bajo él volvieron a expandirse.

El peso seguía aplastándolo.




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