CAPÍTULO 64: Infortunio
Darem y César caminaban junto a Fénix por las coloridas calles de Tierra-X.
Todo parecía tranquilo otra vez.
Demasiado tranquilo para sus estándares.
César llevaba ambas manos detrás de la cabeza mientras caminaba.
—Por primera vez siento que no nos están intentando matar.
Darem soltó una pequeña risa.
—No lo digas muy alto.
Y entonces—
Un anciano Pumpink intentó cruzar una calle flotante mientras cargaba varias bolsas enormes llenas de objetos.
Pero casi tropieza.
Fénix reaccionó rápido.
—Cuidado.
Lo sostuvo del brazo antes de que cayera.
El anciano abrió mucho los ojos.
—¡Oh! ¡Muchas gracias, joven!
Fénix ayudó al anciano a cruzar lentamente la calle mientras Darem y César observaban.
El viejo Pumpink parecía realmente agradecido.
—De verdad, muchas gracias.
Luego levantó apenas las bolsas.
—Aunque… aún me queda llevar todas estas compras hasta mi casa.
Miró a Fénix con algo de vergüenza.
—Perdón por pedir tanto pero… ¿podrían ayudarme?
Fénix pensó unos segundos.
Luego miró alrededor.
Chris y Enid todavía no habían regresado.
Y eso le preocupaba.
Finalmente habló.
—Darem, César.
Ambos lo miraron.
—Acompañen al señor a su casa.
César señaló a Fénix.
—¿Y usted?
Fénix cruzó los brazos.
—Me quedaré aquí por si Chris y Enid vuelven.
Darem asintió inmediatamente.
—Entendido.
El anciano Pumpink sonrió feliz.
—¡Muchas gracias!
Y así—
Darem y César terminaron caminando detrás del pequeño anciano mientras cargaban una cantidad absurda de bolsas.
César suspiró.
César y Darem seguían caminando detrás del anciano Pumpink mientras cargaban todas las bolsas.
El sujeto avanzaba sorprendentemente lento.
Demasiado lento.
Pero al menos el ambiente estaba tranquilo.
Por ahora.
César acomodó una de las bolsas sobre su hombro y miró a Darem.
—Oye.
Darem levantó apenas la vista.
—¿Qué?
César sonrió un poco.
—¿Ya sabes qué vas a hacer cuando volvamos a nuestro mundo?
Darem pensó unos segundos mientras seguía caminando.
—No realmente.
Se encogió de hombros.
—Probablemente seguir con mi vida normal.
César soltó una pequeña risa.
—Después de viajar entre universos, pelear contra usuarios de engendro, casi morir varias veces y conocer a tu abuelo del pasado…
Lo miró divertido.
—Y aun así quieres una vida normal.
Darem suspiró.
—Precisamente por eso.
César comenzó a sonreír más.
Esa sonrisa peligrosa.
Darem lo notó inmediatamente.
—…No pongas esa cara.
César ignoró completamente la advertencia.
—Aunque hay algo importante que sí deberías hacer cuando volvamos.
Darem ya sabía que esto iba mal.
—¿Qué cosa?
César soltó la bomba tranquilamente:
—Invitar a salir a Evelyn.
Darem casi tropieza.
—¡¿QUÉ?!
El anciano Pumpink giró apenas confundido.
César empezó a reírse.
—¡Vamos! ¡Es demasiado obvio!
Darem se puso rojo inmediatamente.
—¡No digas estupideces!
César seguía molestándolo.
—La chica prácticamente estaba preocupadísima por ti.
—Eso no significa nada.
—Claro que sí.
César sonrió más.
—Además hacen buena pareja.
Darem negó rápidamente.
—No estamos hablando de eso.
—Tú no quieres hablar de eso.
Darem suspiró con cansancio.
—César…
Pero César ya estaba completamente decidido a molestarlo.
—Imagínalo.
Puso voz dramática.
—“Evelyn… después de sobrevivir al multiverso entendí que—”
—Te voy a golpear.
César comenzó a reírse todavía más fuerte.
—¡JAJAJA! ¡Mírate! ¡Te pusiste rojo!
Darem apartó la mirada completamente avergonzado.
—No estoy rojo.
—Sí lo estás.
—Cállate.
El anciano Pumpink los observaba divertido mientras seguían caminando.
Y por unos minutos…
Parecía simplemente una conversación normal entre amigos.
Después de ayudar al anciano a dejar las últimas bolsas frente a una pequeña vivienda de aspecto peculiar, Darem y César emprendieron el camino de regreso.
El anciano les agradeció varias veces antes de despedirse y cerrar la puerta.
Durante unos minutos caminaron tranquilamente por las calles de Tierra-X.
El lugar seguía siendo extraño, pero al menos parecía seguro.
O eso creían.
Darem tenía las manos en los bolsillos mientras observaba los edificios flotantes que decoraban el horizonte.
Entonces algo llamó su atención.
A varias calles de distancia.
Un hombre caminaba solo.
Su figura destacaba de inmediato entre el paisaje colorido de la ciudad.
Vestía un elegante traje negro perfectamente planchado.
Las hombreras de su chaqueta eran exageradamente anchas, tanto que parecía que estuvieran rellenas por dentro.
Su postura era impecable.
Recta.
Artificialmente recta.
Como si jamás se encorvara.
Darem entrecerró los ojos.
—Qué raro es ese tipo.
César miró en la misma dirección.
—Ahora que lo dices...
El sujeto continuaba caminando sin prestarles atención.
Ni siquiera giró la cabeza.
Simplemente avanzaba.
Paso tras paso.
Tranquilo.
Silencioso.
Y entonces ocurrió.
Un ruido ensordecedor resonó detrás de ellos.
¡¡¡BEEEEEEP!!!
Los dos giraron la cabeza.
Un vehículo flotante apareció a toda velocidad doblando una esquina.
Directamente hacia ellos.
—¡¿Qué demonios?!
César reaccionó por instinto.
Agarró a Darem del brazo.
Los dos saltaron hacia un lado.
El vehículo pasó rozándolos.
Apenas unos centímetros los separaron de ser arrollados.
BOOOOM.
El coche se estrelló contra una pared cercana.
#4295 en Fantasía
#1462 en Personajes sobrenaturales
#2258 en Thriller
terror, terror drama realidad triste, terror fantasia locura
Editado: 09.07.2026