CAPÍTULO 65: Infortunio-2
Fénix permanecía sentado sobre un banco de madera ubicado en una pequeña plaza de Tierra-X. A su alrededor, varios Pumpinks paseaban con total normalidad, algunos conversando entre ellos y otros disfrutando de los extravagantes puestos de comida que llenaban la zona de aromas dulces y especiados.
Apoyó ambos brazos sobre el respaldo del banco y soltó un largo suspiro.
—¿Dónde demonios se metieron César y Darem...?
Desvió la mirada hacia la calle por la que se habían marchado hacía ya bastante rato.
Había esperado unos minutos.
Luego diez.
Después veinte.
Y seguían sin aparecer.
Frunció ligeramente el ceño.
—Seguro se distrajeron con alguna tontería.
Conociendo a César, no le parecía una posibilidad descabellada. Era perfectamente capaz de detenerse a hablar con cualquier desconocido o de convertir un simple recado en una aventura absurda.
Fénix volvió a mirar hacia el cielo flotante de aquel extraño mundo.
—Y Chris y Enid tampoco aparecen...
Resopló con resignación.
—Al final siempre termino quedándome solo.
Negó con la cabeza mientras cruzaba los brazos.
—Qué desastre de equipo...
A varios sectores de allí...
Darem y César continuaban persiguiendo al misterioso hombre del traje.
Sus respiraciones comenzaban a hacerse más pesadas.
Llevaban demasiado tiempo corriendo.
Y, aun así, la distancia entre ellos y su objetivo jamás cambiaba.
Era como intentar alcanzar el horizonte.
Finalmente, los tres llegaron a un enorme puente suspendido sobre un río cristalino que atravesaba la ciudad.
El puente estaba repleto de Pumpinks que caminaban de un lado a otro, completamente ajenos a la persecución que se desarrollaba entre ellos.
Darem redujo la velocidad hasta detenerse.
Apoyó las manos sobre las rodillas mientras intentaba recuperar el aliento.
—Maldita sea...
César también se detuvo unos metros más atrás.
Respiraba con dificultad.
—Estoy... empezando a odiar a este tipo...
Delante de ellos, el hombre del traje dejó de caminar.
Por primera vez desde que había aparecido.
El bullicio del puente continuaba con total normalidad.
Nadie parecía notar la tensión que se respiraba.
Lentamente...
El desconocido giró sobre sus talones.
Su impecable traje negro seguía sin una sola arruga.
Las enormes hombreras acentuaban todavía más su imponente figura.
Su expresión permanecía completamente serena.
Casi elegante.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
—Han tardado más de lo que esperaba.
Darem se incorporó lentamente.
—¿Quién demonios eres?
El hombre acomodó con tranquilidad uno de los guantes negros que cubrían sus manos.
Después hizo una ligera reverencia, como si estuviera presentándose en un evento formal.
—Permítanme presentarme.
Levantó la vista.
Sus ojos transmitían una calma inquietante.
—Mi nombre es Tobias Grimm.
Hubo un breve silencio.
César dio un paso al frente.
—Pues felicidades por tu presentación. Ahora dime por qué nos vienes persiguiendo.
La sonrisa de Tobias no desapareció.
Al contrario.
Se volvió apenas más amplia.
—Porque he recibido una orden.
Su voz seguía siendo pausada.
Fría.
Como si estuviera hablando del clima.
—Una orden de mi amo.
Hizo una pequeña pausa.
—Alex.
Al escuchar aquel nombre, tanto Darem como César endurecieron la expresión.
Tobias juntó ambas manos detrás de la espalda.
—Mi misión es muy simple.
Los observó fijamente.
Sin un solo rastro de emoción en el rostro.
—Acabar con sus vidas.
Las personas continuaban cruzando el puente sin sospechar absolutamente nada.
Ninguno de ellos imaginaba que, en cuestión de segundos, aquel lugar estaba a punto de convertirse en un campo de batalla.
Tobias Grimm mantuvo aquella sonrisa elegante mientras observaba a Darem y César desde el centro del puente.
El viento agitaba suavemente los faldones de su impecable traje negro.
A su alrededor, los Pumpinks seguían caminando sin comprender el peligro que se cernía sobre ellos.
Tobias dio un lento paso al frente.
—Ya es hora...
Otro paso.
—...de que ustedes mueran.
En el mismo instante en que pronunció aquellas palabras...
CRAAAAAAACK.
Todo el puente tembló violentamente.
Grandes grietas comenzaron a extenderse por el suelo de piedra como si una fuerza invisible lo estuviera destrozando desde el interior.
Los civiles empezaron a gritar.
—¡El puente!
—¡Corran!
—¡Se está rompiendo!
En cuestión de segundos, el lugar se convirtió en un completo caos.
Pero Darem ya no prestaba atención a nadie.
Sus ojos permanecían clavados sobre Tobias.
—¡Ahora!
Los dos salieron disparados al mismo tiempo.
Por primera vez desde que aquella persecución había comenzado...
La distancia empezó a reducirse.
Cinco metros.
Cuatro.
Tres.
Dos.
Darem sintió una sonrisa dibujarse en su rostro.
—¡Te tengo!
Una espiral de energía negra envolvió completamente su brazo derecho.
Las marcas de su Engendro comenzaron a girar con una velocidad monstruosa.
—¡¡SPIN DOCTOR... ACT 2!!
El puño avanzó directamente hacia el rostro de Tobias.
Pero justo antes del impacto...
BOOOOOOOM.
Una enorme sección del puente explotó desde abajo.
Un gigantesco bloque de piedra salió despedido entre ambos.
—¡¿Qué?!
El pedazo del puente golpeó de lleno a Darem y César, separándolos violentamente.
Darem salió despedido varios metros.
Rodó por el suelo.
Intentó incorporarse.
Y entonces...
Escuchó un silbido.
Uno.
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Editado: 09.07.2026