Code Eclipse Caos

Capítulo 2 — Sede central

Capítulo 2 — Sede central

Las calles de Berlín, como siempre, estaban completamente transitadas.

El ruido de los coches, las luces reflejándose en el asfalto húmedo y el constante ir y venir de personas formaban una escena caótica, casi asfixiante. Pero ella no se detuvo. Caminó entre la multitud con paso firme, como si ya no perteneciera del todo a ese mundo cotidiano.

Porque su mente estaba en otro lugar.

En respuestas.

En la verdad.

Finalmente, el edificio apareció frente a ella.

La sede de Bloodvine se alzaba imponente, con una arquitectura moderna que combinaba cristal y acero en una estructura elegante y fría. No era solo un edificio… era una declaración de poder.

Entró.

El contraste fue inmediato.

El interior era impecable. Iluminación perfecta. Pantallas integradas en las paredes. Empleados vestidos con trajes oscuros y pulcros que se movían con precisión casi mecánica.

Todo estaba demasiado… ordenado.

Demasiado perfecto.

Sus pasos resonaron suavemente contra el suelo pulido mientras se acercaba al mostrador principal.

La recepcionista alzó la mirada con una sonrisa profesional, medida, como si estuviera ensayada.

—Buenos días. ¿En qué puedo ayudarla?

Grace sostuvo su mirada.

—Busco a Darem Roger.

La mujer no reaccionó de inmediato. Solo inclinó levemente la cabeza, manteniendo esa expresión neutra.

—¿De parte de quién?

Hubo un breve silencio.

Un instante mínimo… pero suficiente.

—Grace… Grace Sentinel.

La recepcionista asintió con elegancia y bajó la mirada hacia su terminal. Sus dedos se movieron con rapidez, y luego llevó una mano a un pequeño auricular.

—Un momento, por favor.

Grace esperó.

Observó.

Sintió.

Algo no encajaba.

La mujer hablaba en voz baja, casi inaudible. Pero su expresión… cambió. Fue sutil. Apenas perceptible.

Una pausa.

Otra.

Y luego…

—Entiendo.

Colgó.

Volvió a mirarla.

La sonrisa seguía ahí.

Pero ya no era la misma.

—El señor Roger no se encuentra disponible en este momento. Le pedimos que vuelva otro día.

Silencio.

Las palabras eran correctas.

El tono, perfecto.

Pero algo en la forma en que lo dijo… sonaba cerrado. Definitivo.

Como si la decisión ya estuviera tomada incluso antes de que ella entrara por esa puerta.

Grace no respondió de inmediato.

Solo la observó.

Analizó cada detalle.

Cada gesto.

Y entonces lo entendió.

“Ni siquiera han dicho mi nombre.”

No lo mencionó.

No lo repitió.

No lo transmitió.

Arriba… no sabían quién estaba preguntando.

O peor aún…

No querían saberlo.

El aire pareció volverse más pesado.

Pero Grace no discutió.

No insistió.

No hizo ninguna escena.

Simplemente asintió con calma.

—Entiendo.

Se dio la vuelta.

Y comenzó a caminar hacia la salida.

Pero esta vez, sus pasos eran distintos.

Más lentos.

Más calculados.

Porque ya no era solo una visita.

Era una confirmación.

“No fue un accidente…”

Al salir nuevamente a las calles de Berlín, el ruido volvió a envolverla.

Pero ahora ya no le molestaba.

Porque había dado el primer paso.

Y la puerta no se había cerrado.

Se había bloqueado.

Y eso solo significaba una cosa.

Detrás… había algo que no querían que viera.

En la planta 42, muy por encima del ruido de la ciudad, el mundo parecía otro.

Silencioso.

Controlado.

Lejano.

La oficina era amplia, con ventanales que ofrecían una vista completa de Berlín. El cielo gris se extendía sobre los edificios como una manta inmóvil, mientras las luces de la ciudad comenzaban a encenderse poco a poco.

En el centro, detrás de un escritorio impecable, estaba él.

Darem Roger.

Recostado en la silla principal.

No en cualquier silla.

En la de su abuela.

Lilith D´arven.

Giraba ligeramente de un lado a otro, con una pierna cruzada sobre la otra, sosteniendo el teléfono con despreocupación, como si todo aquello —la oficina, la empresa, el peso del apellido— no fuera más que un juego momentáneo.

—Sí, sí… ya lo sé.

Su tono era relajado. Casi aburrido.

Del otro lado de la línea, la voz de Lilith era firme, pero cálida. Tenía ese equilibrio extraño entre autoridad absoluta y afecto genuino.

—Darem, escúchame bien. No es solo “sentarse en la silla y parecer importante”. Te he dejado Bloodvine durante una semana, no para que te distraigas, sino para que observes, tomes decisiones y entiendas lo que implica dirigir algo como esto.

Darem rodó ligeramente los ojos, aunque una leve sonrisa se dibujó en su rostro.

—Abuela, relájate. No voy a incendiar la empresa… todavía.

—No tiene gracia.

Hubo una pausa.

Luego, el tono cambió. Más cercano.

Más… familiar.

—Sé que lo tomas a la ligera, pero dentro de dos años todo esto será tuyo. No es una suposición, no es una posibilidad. Es un hecho. Y quiero que cuando llegue ese momento… no te quede grande.

Darem dejó de girar la silla.

Su mirada se desvió hacia la ciudad.

Por un instante, pareció más atento.

—Lo sé.

—Bien.

Otro pequeño silencio.

Y entonces, como si nada, la voz de Lilith adoptó un matiz completamente distinto.

Más suave.

Más cotidiano.

—Por cierto, te he dejado dinero en la cuenta. No quiero que pases la semana comiendo cualquier cosa.

Darem soltó una risa baja.

—Abuela, tengo suficiente dinero como para—

—No me importa. Eso es aparte. Y asegúrate de comer bien. Nada de saltarte comidas por estar “ocupado”. Ya te conozco.

—Estoy literalmente sentado todo el día…

—Precisamente por eso. Come algo decente, no solo Red Bull.

Darem negó con la cabeza, divertido.



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En el texto hay: accion, accion poltica, acción / suspenso

Editado: 21.05.2026

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