Code Eclipse Caos

Capítulo 9 — El despertar

Capítulo 9 — El despertar

El laboratorio principal era impecable.

Acero inoxidable.

Pantallas holográficas.

Instrumental perfectamente alineado.

No había una sola mota de polvo.

Solo silencio.

Un silencio quirúrgico.

Grace despertó lentamente.

La cabeza le latía con fuerza.

Intentó incorporarse, pero unas correas metálicas sujetaban sus muñecas, tobillos y torso a una camilla reforzada.

El pánico la invadió al instante.

—¿Qué...?

Alzó la vista.

Takemi estaba junto a ella.

Serena.

Elegante.

Sosteniendo una jeringa llena de un líquido plateado que emitía un leve brillo azulado.

—Has despertado.

Grace forcejeó.

—¡Suéltame!

Takemi ignoró la orden y levantó la jeringa a la altura de sus ojos.

—Esto, Grace, es mi mayor creación.

Sus labios se curvaron con orgullo.

—La Inyección MAXIMUM.

Grace sintió un escalofrío.

Takemi se acercó lentamente.

—Es una versión concentrada del gas MAXIMUM.

—Diseñada para inducir un despertar inmediato del Engendro.

La punta de la aguja brilló bajo la luz del laboratorio.

—Si tu cuerpo logra adaptarse, tu Engendro despertará.

Grace tragó saliva.

—¿Y si no?

Takemi la miró con absoluta calma.

—Morirás.

El silencio posterior fue insoportable.

Grace comenzó a forcejear con más fuerza.

—¡Estás enferma!

Takemi apoyó una mano sobre su hombro para inmovilizarla.

—Quizá.

Acercó la aguja a su cuello.

La aguja atravesó la piel de Grace.

El líquido plateado se introdujo lentamente en su torrente sanguíneo.

Al principio no sintió nada.

Luego llegó el dolor.

Un calor abrasador recorrió sus venas como fuego líquido.

Grace arqueó la espalda y soltó un grito desgarrador.

Las correas chirriaron mientras se retorcía violentamente sobre la camilla.

Su respiración se volvió errática.

Cada músculo de su cuerpo se contrajo al límite.

Las venas de sus brazos se marcaron bajo la piel.

Takemi observaba cada reacción con interés científico.

—Excelente.

Grace apretó los dientes con tanta fuerza que creyó que se romperían.

El dolor era insoportable.

Pero no perdió el conocimiento.

Seguía luchando.

Seguía resistiendo.

Takemi sonrió.

—Una voluntad admirable.

Se cruzó de brazos mientras las lecturas de los monitores aumentaban.

—Con un método similar fue como Chris Mercer, Darem Roger y César Sentinel despertaron sus Engendros.

Grace abrió los ojos con esfuerzo.

—¿Qué...?

Takemi continuó.

—Aunque, por supuesto, aquella versión era mucho más rudimentaria.

—Menos refinada.

—Menos elegante.

Grace seguía temblando.

Su corazón latía con violencia.

Takemi comenzó a caminar alrededor de la camilla.

—El despertar no sigue reglas exactas.

—Puede ocurrir en minutos.

—En horas.

—En días.

Se detuvo a su lado.

—A veces en semanas.

—Incluso meses.

Grace respiraba con dificultad.

—No... entiendo...

Takemi apoyó una mano en la barandilla de la camilla.

—Tu Engendro ya está dentro de ti.

—Siempre lo estuvo.

Sus ojos brillaron con fascinación.

—La inyección simplemente obliga a tu cuerpo a abrir la puerta.

Una alarma emitió un pitido breve.

Grace sintió una extraña presión en el pecho.

Algo se movía en su interior.

Algo antiguo.

Algo poderoso.

Takemi sonrió con genuino entusiasmo.

—Ahora solo queda esperar a ver qué clase de monstruo eres capaz de convertirte.

Takemi observó los monitores durante unos segundos más, asegurándose de que las constantes vitales de Grace permanecieran estables.

—Interesante.

Se giró con elegancia hacia Blad, que aguardaba en silencio junto a la puerta del laboratorio.

—Haz los preparativos.

Blad asintió sin hacer preguntas.

—¿Destino?

Takemi se dirigió hacia la enorme pantalla central del laboratorio. Con un gesto de su mano, apareció un mapa del mundo.

Sus dedos se posaron sobre Rusia.

Una instalación remota, perdida entre interminables bosques nevados.

—Nuestro complejo en Siberia.

Blad sonrió apenas.

—Entendido.

Takemi contempló el punto luminoso sobre el mapa.

—Partimos a primera hora.

—Ha llegado el momento de iniciar la siguiente fase.

Sus ojos reflejaron una ambición desmedida.

—El Proyecto MAXIMUM.

Grace, aún inmovilizada, sintió un escalofrío.

Takemi se acercó a la camilla una última vez.

—Descansa mientras puedas.

Acarició suavemente la mejilla de Grace.

Un gesto casi maternal.

Lo que lo hacía aún más perturbador.

—Cuando despiertes...

Su sonrisa se ensanchó.

—El mundo habrá comenzado a cambiar.

El viento del desierto soplaba con fuerza sobre la solitaria carretera de Nuevo México.

Un viejo teléfono público se alzaba junto a una gasolinera abandonada, iluminado únicamente por un parpadeante letrero de neón.

Chris Mercer sostenía el auricular con una mano mientras tamborileaba los dedos contra la cabina.

El tono sonó una vez.

Dos veces.

Y entonces, el buzón de voz.

Chris cerró los ojos con frustración.

—Vamos, Darem... contesta de una vez.

La grabación automática comenzó a sonar.

Chris soltó un suspiro.

—Genial.

Se pasó una mano por el cabello y miró a la oscuridad del desierto.

—Siempre que necesito hablar contigo, desapareces.

Esperó el pitido.

—Darem, soy Chris. Escucha, esto es importante.

Su tono cambió de inmediato.

Serio.

Concentrado.

—He estado investigando durante las últimas semanas.

—Todo apunta al Cartel de la Serpiente Roja.

A lo lejos, los faros de varios vehículos atravesaban la noche.



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En el texto hay: accion, accion poltica, acción / suspenso

Editado: 21.05.2026

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