Capítulo 12 — Pop Security
La celda era pequeña, fría y opresiva.
Las paredes de acero devolvían el eco de cada respiración, y la única iluminación provenía de una tenue lámpara en el techo que parpadeaba de vez en cuando.
Grace permanecía sentada en una esquina, con las rodillas pegadas al pecho y la espalda apoyada contra la pared helada.
El silencio era absoluto.
Solo interrumpido por el lejano zumbido de la base.
Grace mantenía la mirada clavada en el suelo metálico.
Su reflejo, distorsionado y débil, parecía observarla de vuelta.
Quiero salir de aquí.
Apretó los dientes.
Quiero escapar.
Sus manos se cerraron hasta que los nudillos se volvieron blancos.
Y cuando lo haga, voy a arrancarle la cabeza a Takemi.
La imagen de aquella sonrisa serena y monstruosa cruzó su mente.
Maldita psicópata japonesa.
Respiró hondo.
Su corazón latía con fuerza.
Entonces pensó en la inyección.
En el suero.
En lo que Takemi le había dicho.
Despierta tu Engendro... o muere.
Grace levantó lentamente la cabeza.
Tal vez ya está ahí.
Tal vez solo necesito alcanzarlo.
Se puso de pie de un salto.
Cerró los ojos.
Concentración absoluta.
Intentó sentir algo.
Una presencia.
Una energía.
Cualquier cosa.
Nada.
Volvió a intentarlo.
Apretó los puños.
Contuvo la respiración.
Visualizó poder, fuerza, destrucción.
Nada.
Lo intentó una tercera vez.
Y una cuarta.
Y una quinta.
El silencio siguió siendo su única respuesta.
Grace abrió los ojos con frustración.
—Vamos... —murmuró entre dientes—. Haz algo.
Golpeó la pared con el puño.
El metal vibró.
Pero nada más ocurrió.
No hubo sombras.
No hubo transformación.
No hubo Engendro.
Solo dolor en los nudillos y una creciente sensación de impotencia.
Grace volvió a deslizarse hasta quedar sentada en el suelo.
Enterró el rostro entre las manos.
Darem...
Por primera vez desde que había despertado en Siberia, el miedo comenzó a abrirse paso dentro de ella.
Y eso era mucho peor que el frío.
Grace permanecía sentada en el suelo, respirando con dificultad.
La frustración hervía en su interior.
Sus manos temblaban.
Su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho.
—Vamos... —susurró una vez más, con rabia contenida—. No me falles ahora.
El silencio respondió.
Y entonces...
CRAAASH.
Las gruesas rejas de la celda explotaron hacia afuera como si hubieran sido golpeadas por una fuerza invisible.
Fragmentos de metal salieron disparados por el corredor.
Grace levantó la cabeza de golpe.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Una intensa energía rojiza inundó la habitación.
Detrás de ella, una silueta comenzó a materializarse.
Alta.
Elegante.
Amenazadora.
Grace giró lentamente.
Allí estaba.
Su Engendro.
Una figura femenina de imponente presencia, con una armadura orgánica de un rojo claro casi carmesí. Su cuerpo era esbelto y letal, cubierto por placas lisas que parecían metal vivo. Sus extremidades eran largas, sus manos terminaban en afiladas garras, y su rostro poseía rasgos estilizados, casi angelicales, aunque sus ojos brillaban con una ferocidad sobrenatural.
Una larga cabellera rojiza, formada por energía sólida, flotaba detrás de ella como llamas suspendidas en el aire.
El ambiente vibraba con su mera existencia.
Grace sintió una oleada de poder recorrer todo su cuerpo.
Una conexión instantánea.
Natural.
Perfecta.
Y entonces sonrió.
Una sonrisa amplia.
Genuina.
—Por fin.
Se puso de pie de un salto, incapaz de contener la emoción.
—¡Despertaste!
El Engendro inclinó ligeramente la cabeza, como reconociendo a su dueña.
La energía roja chisporroteó a su alrededor.
Grace flexionó los dedos.
La fuerza fluía a través de cada músculo.
Después de todo lo ocurrido...
Después del dolor, del miedo y de la impotencia...
Por fin tenía una oportunidad.
Y Takemi acababa de cometer un error monumental.
Las alarmas comenzaron a sonar en toda la instalación.
Luces rojas inundaron el corredor mientras Grace avanzaba entre los restos de la celda, seguida por la imponente figura de su Engendro.
Cada paso desprendía una nueva oleada de energía rojiza.
Grace observó de reojo a la entidad que flotaba detrás de ella.
Una sonrisa feroz apareció en su rostro.
—Así que ese es tu nombre...
Se detuvo un instante.
—Pop Security.
El Engendro emitió un suave zumbido metálico, como si aprobara la elección.
Grace alzó una mano.
Frente a su palma aparecieron varias esferas translúcidas de color rosado, brillando como burbujas suspendidas en el aire.
Giraban lentamente.
Hermosas.
Y peligrosas.
—Tu habilidad es simple, pero increíblemente útil.
Las esferas comenzaron a multiplicarse.
—Estas burbujas almacenan energía cinética, térmica o incluso impactos directos.
Grace cerró el puño.
Una de las burbujas salió disparada y explotó contra la pared, arrancando una placa de acero como si fuera papel.
—Puedo colocarlas donde quiera.
—En el aire.
—En objetos.
—Incluso sobre personas.
Otra sonrisa cruzó su rostro.
—Y cuando las reviento...
Una explosión sacudió el pasillo.
—Liberan toda la energía acumulada de golpe.
Pop Security flotó a su alrededor como una guardiana escarlata.
Grace sintió la sincronía perfecta entre ambas.
—Defensa, ataque, trampas, movilidad...
—Nada mal para un primer día.
Miró hacia el final del corredor, donde los soldados comenzaban a acercarse.