Capítulo 15 — Time Stalker
La nieve seguía cayendo sobre el helipuerto mientras Takemi se incorporaba lentamente entre los restos del muro agrietado.
A unos metros, Grace todavía intentaba recuperar el aliento.
Miró a Darem, aún incrédula de que siguiera vivo.
—¿Cómo vamos a acabar con ella?
Darem se ajustó la venda ensangrentada y avanzó unos pasos.
—"Vamos" es una palabra muy optimista.
Grace frunció el ceño.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Que tú no vas a pelear.
Grace abrió la boca al instante.
—¿Perdón?
—Has despertado tu Engendro hace menos de una hora.
Darem levantó un dedo.
—Estás herida.
Levantó un segundo.
—No conoces del todo tus habilidades.
Un tercero.
—Y yo acabo de salir del hospital, así que necesito al menos una persona aquí con sentido común.
—Eso es insultante en varios niveles.
—Y aun así, cierto.
Grace dio un paso al frente.
—Puedo ayudar.
Darem la miró de reojo.
—No lo dudo.
Su tono se volvió más serio.
—Pero Mirai aprende durante el combate. Cuanto más tiempo luche contra dos oponentes, más variables tendrá para adaptarse.
Grace vaciló.
Darem continuó.
—Además, si Takemi te toma como objetivo, tendré que distraerme protegiéndote.
Sonrió de lado.
—Y ya tengo suficiente con proteger mi cráneo.
Grace chasqueó la lengua.
—Odio cuando tienes razón.
—Eso te pasará mucho.
Darem giró hacia Takemi, que ya volvía a ponerse en pie.
Caos apareció detrás de él, silencioso e imponente.
Grace cruzó los brazos.
—¿Y cuál es tu brillante plan?
Darem sonrió.
Una sonrisa peligrosa.
—Acabar esto en cinco segundos.
Grace parpadeó.
—Eso suena absurdamente específico.
—Me gustan los números redondos.
La energía oscura de Caos comenzó a intensificarse.
Darem flexionó el cuello.
—Quédate atrás.
La nieve crujió bajo las botas de Takemi mientras avanzaba por el helipuerto.
Su abrigo ondeaba con el viento siberiano, y una fina línea de sangre descendía desde la comisura de sus labios.
Aun así, sonreía.
—Debí dejar que Blad te rematara.
Mirai caminaba a su lado, completamente ileso.
Takemi se limpió la sangre con el dorso de la mano.
—Al menos esta vez he aprendido de mis errores.
Darem bajó la mirada y vio una barra de metal entre los restos del helipuerto.
La recogió con una sola mano.
El acero estaba frío.
Pesado.
Perfecto.
Grace lo observó desde atrás, todavía intentando recuperar el aliento.
Darem apoyó la barra sobre su hombro.
—No te preocupes.
Miró fijamente a Takemi.
Una sonrisa torcida apareció en su rostro.
—Tu muerte no va a doler.
Takemi arqueó una ceja.
—Eso es sorprendentemente considerado de tu parte.
Mirai desapareció.
Un destello azulado cruzó el aire directo hacia el cráneo de Darem.
Darem sonrió aún más.
—Time.
El mundo se congeló.
Los copos de nieve quedaron suspendidos.
El viento desapareció.
Mirai quedó inmóvil a escasos centímetros de él, con el puño extendido.
Darem giró lentamente la barra entre sus dedos.
—Ahora sí podemos hablar tranquilamente.
Darem lanzó la barra de metal hacia arriba con un movimiento seco.
El acero giró varias veces sobre sí mismo.
Entonces, Caos apareció y la atrapó en pleno vuelo.
Sin vacilar.
Sin esfuerzo.
Darem sonrió.
—Cinco segundos.
Caos adoptó una postura de lanzamiento, apuntando directamente al corazón de Takemi.
Imposible fallar.
Darem comenzó a caminar alrededor de ella con las manos en los bolsillos.
—La gente suele creer que detener el tiempo consiste únicamente en moverse mientras todo lo demás permanece quieto.
Se detuvo frente a Takemi.
—Pero eso es solo la superficie.
Miró la barra suspendida.
—Lo verdaderamente importante es preparar el siguiente instante.
Caos tensó el brazo.
—Cada golpe.
—Cada movimiento.
—Cada trayectoria.
Darem levantó ligeramente la mano.
—Cuando el tiempo vuelve a correr, la realidad simplemente se pone al día.
Caos lanzó la barra.
El proyectil quedó suspendido a milímetros del pecho de Takemi.
Darem retrocedió unos pasos.
—Y tú acabas de quedarte sin tiempo.
El mundo volvió a moverse.
La barra salió disparada como un rayo.
Grace contuvo el aliento.
Takemi ni siquiera pestañeó.
Pero Mirai sí reaccionó.
Apareció frente a ella en el último instante y atrapó la barra con una sola mano, a escasos centímetros de su corazón.
La onda de choque levantó nieve y escombros.
El helipuerto entero tembló.
Darem se quedó inmóvil.
Su expresión se endureció.
—No puede ser...
Mirai soltó lentamente la barra.
La postura.
La precisión.
La velocidad.
Eran idénticas.
Exactamente iguales a las de Caos.
Takemi ajustó su abrigo con una sonrisa tranquila.
La sonrisa de Takemi se ensanchó.
Mirai permanecía inmóvil a su lado, con la barra de metal aún en la mano.
Darem no apartaba la vista de aquel engendro.
Eso fue su error.
El suelo bajo sus pies explotó de repente.
Una figura emergió entre nieve, hormigón y acero destrozado.
Darem apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Se lanzó hacia atrás por puro instinto.
Una cuchilla negra pasó a escasos centímetros de su garganta.
El aire silbó.
Un segundo más tarde, la hoja impactó contra el suelo, abriendo una grieta en el helipuerto.
Blad aterrizó agachado, con una sonrisa salvaje dibujada en el rostro.
Se incorporó lentamente mientras sacudía los restos de nieve de sus hombros.
—Debo admitirlo...