Capítulo 16 — Time Stalker-2
El mundo permanecía congelado.
Darem observó ambas opciones durante una fracción de segundo.
Luego tomó su decisión.
—Siempre habrá otra oportunidad para matar.
Caos desapareció de su lado.
Apareció detrás de Blad en un instante.
Su puño se tensó.
Y golpeó.
Directamente en la nuca.
El tiempo volvió a fluir.
La explosión sonora retumbó por todo el helipuerto.
La cabeza de Blad se deformó bajo el impacto antes de que su cuerpo saliera disparado varios metros, arrastrándose por la nieve y el acero.
Grace cayó de rodillas, tosiendo con violencia mientras recuperaba el aire.
Pero no había tiempo para respirar.
Mirai ya estaba encima de Darem.
Darem giró el cuerpo en el último instante.
El puño pasó rozando su pecho.
Por un momento creyó haberlo evitado.
Entonces sintió el dolor.
Una sensación ardiente y brutal.
Miró hacia abajo.
El brazo de Mirai había atravesado su hombro de lado a lado.
La sangre brotó al instante, tiñendo la nieve de rojo oscuro.
Darem apretó los dientes.
Un gruñido escapó de su garganta.
Mirai retiró el brazo de un tirón, arrancando un chorro de sangre.
Darem retrocedió varios pasos, sujetándose la herida.
Su respiración se volvió pesada.
Takemi sonrió desde la distancia.
—Ya empieza a parecer una pelea de verdad.
Darem levantó la vista.
A pesar del dolor, una sonrisa torcida apareció en su rostro.
—Ahora sí me estás molestando.
Mirai no le dio un solo segundo para recuperarse.
Apenas Darem apoyó un pie, Mirai ya estaba encima de él.
El primer golpe llegó directo al rostro.
Caos interceptó el impacto.
El segundo fue al abdomen.
Caos volvió a bloquear.
Pero Mirai no se detuvo.
Sus puños comenzaron a caer como una tormenta.
Derecha.
Izquierda.
Codo.
Rodilla.
Una secuencia despiadada y perfectamente calculada.
Caos se movía al límite, interceptando la mayoría de los ataques, pero Mirai aprendía con cada intercambio.
Cada defensa.
Cada desplazamiento.
Cada patrón.
—Está copiando incluso esto... —murmuró Darem entre dientes.
Un gancho logró atravesar la guardia y le sacudió la mandíbula.
Luego otro golpe impactó en sus costillas.
Y otro en el estómago.
Darem retrocedió.
Mirai no le permitió respirar.
Finalmente, una patada brutal impactó en su pecho.
El mundo giró.
Darem salió despedido varios metros antes de estrellarse contra el suelo helado.
El impacto levantó una nube de nieve y fragmentos de hormigón.
Rodó un par de veces hasta detenerse.
La sangre resbalaba por su hombro herido.
Intentó incorporarse.
Dolía respirar.
Dolía pensar.
Mirai avanzó lentamente hacia él.
Darem apretó el puño.
Instintivamente, estuvo a punto de pronunciar la palabra.
Pero se detuvo.
No podía.
Ya había usado sus tres activaciones diarias.
Su habilidad estaba agotada.
No habría más pausas.
No habría más trucos.
Solo quedaban sus puños.
Y la voluntad de seguir en pie.
Darem escupió sangre sobre la nieve.
—Genial... justo cuando empezaba a divertirme.
Takemi caminó lentamente sobre la nieve.
Sus pasos eran tranquilos, casi elegantes.
Se detuvo frente a Darem, que intentaba incorporarse mientras la sangre empapaba su hombro.
Takemi lo observó con una mezcla de decepción y superioridad.
—Al final, no eres tan impresionante como decían.
Le apoyó la bota sobre el pecho y lo obligó a caer de nuevo contra el suelo helado.
Darem apretó los dientes.
Takemi inclinó ligeramente la cabeza.
—No eres más que otro insecto en el camino.
Entonces, algo silbó en el aire.
Takemi giró instintivamente.
Una barra de metal pasó rozando su rostro y se clavó en el suelo con un estruendo, a escasos centímetros de su pie.
Takemi abrió los ojos con sorpresa.
A unos metros, Grace respiraba con dificultad, mientras Pop Security mantenía el brazo extendido tras el lanzamiento.
—Ese insecto todavía no ha muerto.
Takemi sonrió.
—Qué molesta eres.
Antes de que pudiera reaccionar, Pop Security ya estaba encima de ella.
Pero Mirai interceptó el ataque.
El impacto entre ambos engendros sacudió el helipuerto.
Puño contra puño.
Luego comenzó una lluvia de golpes.
Una secuencia frenética de ataques y bloqueos.
Cada impacto generaba ondas de choque que barrían la nieve.
Pop Security atacaba con ferocidad.
Mirai respondía con una precisión aterradora.
Darem aprovechó esos segundos para incorporarse lentamente.
Todavía respiraba.
Y eso era suficiente.
El helipuerto temblaba con cada impacto.
Pop Security y Mirai intercambiaban golpes a una velocidad imposible de seguir.
Puño.
Bloqueo.
Rodillazo.
Contraataque.
Cada choque levantaba ráfagas de nieve y fragmentos de hormigón.
Mirai intentó copiar el ritmo de su oponente, pero Pop Security ya había evolucionado durante la pelea.
Grace apretó los puños.
—Acábalo.
Darem aprovechó la distracción.
Se abalanzó sobre Takemi desde atrás.
Su brazo rodeó el cuello de Takemi y la inmovilizó con una llave perfecta.
Takemi forcejeó.
—¡Suéltame!
—No parece un buen momento para negociar.
Mientras tanto, Pop Security desató toda su fuerza.
Un golpe directo al rostro de Mirai.
Otro al abdomen.
Un tercero le fracturó el brazo.
Mirai retrocedió.
Pop Security no le dio respiro.
Lo atrapó por la cabeza y lo estrelló contra el suelo una vez.
Dos veces.
Tres.
El helipuerto se agrietó bajo el castigo.