Code Fénix Alpha Unit

CAPÍTULO 5: Problemas

CAPÍTULO 5: Problemas

El motor comenzó a toser, a vibrar con un sonido metálico y seco. Silas intentó mantener el volante firme, pero el coche se sacudió una última vez y se detuvo en plena carretera, envuelto por la oscuridad y la tenue luz de las farolas perdidas en la lejanía.

—No… no, no, no —murmuró Jhon, con la respiración aún agitada, el pecho ardiendo por la adrenalina.

El silencio pesaba demasiado. Silas abrió el capó, frustrado, golpeando el borde con el puño.

—El motor está muerto. No llegaremos a ninguna parte con esto.

Jhon ya tenía su móvil en la mano. Marcó con dedos temblorosos.

—Vamos, contesta… ¡contesta!

Finalmente, al otro lado:

—¿Jhon? —la voz de Lilith era firme, pero cansada—. ¿Qué ocurre?

Jhon tragó saliva, mirando por el retrovisor la carretera oscura, como si algo pudiera aparecer en cualquier instante.

—Lo encontramos. Encontramos a Fénix.

Silencio. Largo. Denso.

—¿Estás seguro?

—Sí. No hay duda. Pero no es… no es humano. Lilith, mide más de dos metros cuarenta. La piel no la atraviesan las balas. Y Enid… ella estaba con él. Como si fuera su mascota. Y estaba… cambiada. No puedo explicarlo.

Lilith tardó tres segundos en responder. Tres segundos que se sintieron como minutos.

—Jhon, ¿has perdido la cabeza?.

—¡NO! ¡Lo vi! ¡Casi me mata! —la voz de Jhon se quebró, pero rápidamente contuvo el temblor—. Y Enid lo controla. Lo entrena. Él la obedece.

Más silencio. Luego:

—¿Silas está contigo?

—Sí. Disparó. Lo distrajo. Eso nos salvó.

El tono de Lilith cambió. Ya no había incredulidad. Solo urgencia.

—Escúchame y hazlo sin cuestionar: volved de inmediato a Bloodvine. No os detengáis por nada. No habléis con nadie. No confiéis en nadie. Si os encuentran, estáis muertos.

Jhon miró alrededor. La carretera vacía. El bosque oscuro a los lados. El cielo sin luna.

—Lilith… creo que ya nos están buscando.

Ella respiró hondo.

—Entonces no pierdas tiempo. Camina si es necesario. Pero vuelve.

Jhon apretó el móvil junto a su oreja, como si buscara anclarse a la voz.

—Volveremos. Te lo juro.

—Más te vale —respondió Lilith—. Porque si Fénix está vivo… ya no estamos ante un problema. Estamos ante una guerra.

Silas cerró el capó con brusquedad y volvió a agacharse para mirar el motor con la linterna del móvil. El haz de luz recorrió cables quemados, piezas oxidadas y una fuga oscura que goteaba lentamente.

—Está muerto —sentenció—. Este cacharro ya estaba pidiendo jubilación antes de que lo tocáramos.

Jhon soltó una risa corta, sin humor.

—Perfecto. Justo lo que necesitaba esta noche.

Entonces ambos se quedaron en silencio.

Un ruido lejano llegó desde la carretera. Primero fue apenas un eco, como neumáticos rozando el asfalto. Luego, otro sonido, más grave, más pesado. Motores. Varios.

Silas levantó la cabeza lentamente.

—Dime que eso es mi imaginación.

Jhon miró hacia la curva de la carretera. A lo lejos, luces blancas se movían, acercándose.

—No lo es.

El ruido aumentó. Puertas que se cerraban. Voces apagadas. Pasos.

—Nos encontraron —murmuró Silas, llevándose instintivamente la mano a la espalda, donde ya no tenía el rifle.

Jhon no lo dudó.

—Bosque. Ya.

Agarró a Silas del brazo y lo empujó fuera de la carretera. Ambos se internaron entre los árboles, rompiendo ramas, hundiendo las botas en la tierra húmeda. El aire olía a hojas y barro.

Se detuvieron tras un tronco grueso, respirando con dificultad.

—Genial plan —susurró Silas—. Huimos al bosque sin coche, sin armas largas y con medio cuerpo roto.

Jhon apoyó la espalda en el árbol, llevándose una mano al costado adolorido.

—¿Tienes alguna idea mejor? Porque yo ya gasté todas.

Silas asomó apenas la cabeza entre los arbustos. A lo lejos, linternas barrían la carretera.

—¿Crees que sea él? —preguntó en voz baja—. ¿Fénix?

Jhon cerró los ojos un segundo.

—Si viene… no va a necesitar linternas.

Silas tragó saliva.

—Odio tener razón, pero empiezo a pensar que meternos con Enid Corp fue la peor idea de nuestras vidas.

—No —respondió Jhon, con una sonrisa amarga—. La peor idea fue pensar que éramos los buenos.

Un ruido seco resonó cerca. Una rama rompiéndose. Demasiado cerca.

Silas tensó el cuerpo.

—Jhon… dime que tienes un plan.

Jhon abrió los ojos y miró la oscuridad del bosque.

—Sí. Correr. Y seguir corriendo hasta que algo nos mate o lleguemos a Bloodvine.

Silas soltó una carcajada nerviosa.

—Me encanta. Simple. Honesto. Estúpido.

—Entonces encaja perfecto con nosotros —replicó Jhon.

Otro ruido. Más pasos.

—Ahora —susurró Jhon.

Y ambos se perdieron entre los árboles, mientras la noche alemana se cerraba sobre ellos.




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