Code Fénix Ashes of the otherworld

Capítulo 62 - El encuentro

Capítulo 62 - El encuentro

El campo de batalla ardía bajo un cielo cubierto de humo y ceniza. El estruendo del acero chocando contra el acero se mezclaba con los gritos de guerra y el relinchar desesperado de los caballos. Los Tigres Blancos avanzaban como una marea imparable contra las filas del Imperio Milenario.

Fénix, montado sobre su corcel negro, giró con precisión y descargó un tajo limpio. La cabeza de un soldado enemigo rodó por el barro mientras el cuerpo caía sin vida. La sangre salpicó la armadura del capitán, pero su expresión permaneció fría, concentrada.

Enderezó la postura, observando el caos a su alrededor, cuando percibió una presencia aproximándose por su flanco izquierdo.

Otro jinete se acercó con calma, esquivando cuerpos y armas abandonadas. Su caballo era oscuro, elegante, y su porte transmitía una seguridad inquietante. Cuando quedó a pocos metros, levantó ligeramente la visera del casco, dejando ver un rostro joven, de mirada afilada y sonrisa contenida.

—Así que tú eres el famoso Capitán Fénix —dijo con tono curioso—. Sinceramente… esperaba que fueras más viejo.

Fénix entrecerró los ojos, evaluándolo sin bajar su arma.

El desconocido soltó una leve risa.

—Tienes carácter. Eso explica muchas cosas.

El viento arrastró el olor metálico de la sangre entre ambos. Los caballos resoplaban, inquietos, pero ninguno de los dos jinetes parecía tener prisa por atacar.

—¿Quién eres? —preguntó Fénix con voz firme.

—Alex —respondió sin rodeos—. Solo un soldado más… aunque hoy tengo una misión especial.

Fénix ladeó la cabeza, atento.

—¿Ah, sí? Ilumíname.

Alex clavó la mirada en él, y su expresión se volvió más seria.

—Me enviaron a matarte.

El silencio se tensó como una cuerda a punto de romperse.

—Dicen que, en el futuro, podrías convertirte en un verdadero problema para el Imperio Milenario —continuó Alex—. Un líder capaz de levantar ejércitos, romper alianzas y cambiar el curso de una guerra. No suelen equivocarse con ese tipo de predicciones.

Fénix dejó escapar una breve exhalación, casi una risa.

—Vaya. No sabía que ya me estaban escribiendo la leyenda.

—No es un cumplido —replicó Alex—. Es una advertencia.

Ambos se observaron durante unos segundos, midiendo cada gesto, cada respiración.

—Si te mandaron a matarme —dijo Fénix—, supongo que vienes convencido de poder lograrlo.

Alex esbozó una sonrisa ladeada.

—Eso depende de si la fama del Capitán Fénix está a la altura de la realidad.

El estruendo de una explosión cercana sacudió el suelo. A lo lejos, las líneas de combate se desplazaban como un mar embravecido.

Fénix ajustó el agarre de su arma.

—Entonces no perdamos más tiempo.

Alex inclinó ligeramente la cabeza, en señal de respeto.

—Será un honor comprobarlo por mí mismo.

Los dos jinetes tensaron las riendas, los caballos patearon el suelo con fuerza, y el aire se cargó de una expectativa peligrosa, justo antes de que el destino los empujara al inevitable choque.

Fénix no dudó.

Con un grito seco, impulsó a su caballo hacia delante y lanzó un corte directo, limpio y devastador. La hoja de la God Killer trazó un arco brillante en el aire, buscando partir a Alex en dos.

Pero lo imposible ocurrió.

Alex alzó una sola mano.

Sus dedos se cerraron alrededor del filo sin esfuerzo, como si estuviera atrapando una simple rama. El impacto resonó con un chasquido metálico, pero no hubo humo, ni chisporroteo, ni el característico ardor purificador de la espada.

Nada.

La hoja quedó detenida en seco.

Los ojos de Fénix se abrieron con una fracción de segundo de incredulidad.

—¿Qué…? —murmuró, helado.

La God Killer no lo estaba quemando.

Alex sonrió, tranquilo, sin mostrar el menor signo de dolor. Entre sus dedos, una tenue energía oscura se deslizaba como una película invisible, envolviendo el metal.

—Sorprendido, ¿verdad? —dijo con voz serena—. Todos los seres paranormales arden cuando tocan esa espada. Pero yo no soy exactamente… uno de ellos.

Fénix apretó los dientes, intentando liberar la hoja, pero la presión de la mano de Alex era inamovible.

—Mi cuerpo fue alterado por el Imperio —continuó Alex—. Mi estructura celular está sellada con un campo de anulación espiritual. La purificación no puede afectarme porque, técnicamente, no existo dentro del mismo plano energético que tu espada.

Los ojos de Fénix se endurecieron.

—Un arma diseñada para matar monstruos… —añadió Alex—. Lástima que hoy no esté peleando contra uno.

Antes de que Fénix pudiera reaccionar, Alex soltó el filo y giró el torso con una velocidad brutal.

Su puño derecho impactó de lleno en el rostro de Fénix.

El golpe fue seco, demoledor.

Fénix salió despedido del caballo, el mundo girando en una explosión de polvo y ruido. Su cuerpo golpeó el suelo con violencia, rodando entre el barro y los restos de la batalla.

La God Killer salió disparada de su mano, deslizándose varios metros antes de quedar clavada en la tierra.

El caballo de Fénix relinchó, alejándose descontrolado.

Alex espoleó suavemente a su montura y avanzó unos pasos, observándolo desde arriba.

—Te dije que no era un combate cualquiera, Capitán —comentó con frialdad—. Y esto… recién empieza.

Fénix, aturdido pero consciente, apoyó una mano en el suelo, sintiendo el sabor metálico de la sangre en la boca. Sus ojos se clavaron en la espada a lo lejos.

Por primera vez en mucho tiempo, comprendió que estaba enfrentándose a algo verdaderamente diferente.

Alex descendió del caballo con una calma inquietante.

Sus botas crujieron sobre el terreno manchado de sangre mientras se acercaba a Fénix, que aún se incorporaba lentamente. Una sonrisa torcida se dibujó en su rostro, cargada de una expectativa peligrosa.

De pronto, sus dedos se tensaron.




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