Capítulo 63 - Entre la espada y la pared
Alex ladeó la cabeza, todavía con esa sonrisa torcida que parecía no borrarse nunca. La mirada seguía fija en los ojos de Fénix como si el corte jamás hubiera existido.
—¿Sabes? —comenzó a decir, caminando en círculos a su alrededor, como un depredador jugando con su presa—. En el Imperio Milenario no te crían para ser una persona. Te crían para ser un arma. Desde que aprendí a caminar me enseñaron a matar, a mentir, a disfrutar del caos. Allí no existe la compasión, solo el resultado.
Se detuvo frente a él, alzando la mano regenerada.
—Si dudas, mueres. Si sientes, pierdes. Así de simple.
Alex se impulsó de nuevo hacia delante, con una velocidad brutal. Sus uñas volvieron a alargarse, cortando el aire como guillotinas vivientes.
Fénix reaccionó de inmediato.
Rodó hacia un costado, esquivando el primer barrido por apenas unos centímetros. El viento del ataque le arrancó un mechón de cabello. Sin darle tiempo a Alex a reajustar la postura, Fénix contraatacó con un movimiento limpio y preciso.
El cuchillo describió un arco corto.
Un chasquido seco.
Uno de los dedos de Alex salió despedido, cayendo sobre la tierra ennegrecida.
Alex se detuvo un instante, mirando su mano incompleta con curiosidad infantil.
—Oh… eso dolió un poco.
La carne comenzó a retorcerse, los tejidos se unieron de nuevo y, en cuestión de segundos, el dedo volvió a formarse por completo.
Fénix apretó los dientes.
—Maldita sea…
Antes de que pudiera avanzar, una voz conocida resonó a sus espaldas.
—¡Fénix!
Marius apareció galopando entre el humo y el polvo, espada en mano, con el rostro tenso al ver la escena.
—¡Aléjate de él! —gritó Marius, preparándose para intervenir.
Fénix giró de inmediato.
—¡No te metas, Marius! —le ordenó con fuerza—. ¡Este tipo no es un soldado normal!
Marius frenó el caballo bruscamente, levantando tierra.
—¡¿Estás loco?! ¡Te está destrozando! ¡Déjame ayudarte!
Alex observó el intercambio con evidente diversión, apoyándose con tranquilidad sobre una pierna.
—Vaya, vaya… ¿traje público? Esto se pone interesante.
Fénix no apartó la mirada de Alex.
—Marius, escucha bien. Su cuerpo se regenera, la God Killer no lo afecta como debería y sus reflejos son inhumanos. Si te acercas, solo serás un blanco fácil.
Marius apretó los puños, frustrado.
—No pienso dejarte morir aquí.
Alex dio un pequeño aplauso irónico.
—Qué bonito. Amistad en medio de una masacre. Casi me dan ganas de perdonarte la vida… casi.
Fénix alzó el cuchillo, firme.
—Lárgate, Marius. Encuentra a Enid y mantén a las tropas en formación. Yo me encargo de este bastardo.
Marius dudó unos segundos, pero al ver la determinación en los ojos de su amigo, asintió con rabia contenida.
—No tardes en volver con vida… idiota.
Alex estiró el cuello de un lado a otro, preparándose para el siguiente asalto.
—Ahora sí… sin interrupciones.
El aire volvió a tensarse entre ambos, cargado de una violencia inminente.
Alex extendió las uñas de ambas manos con un chasquido siniestro. Las hojas negras y afiladas vibraron en el aire antes de lanzarse directamente contra Fénix como lanzas vivientes.
Fénix reaccionó por instinto.
Giró el cuerpo, rodó sobre la tierra y esquivó el ataque por apenas un suspiro. Las uñas pasaron silbando a centímetros de su cabeza y se clavaron con violencia en el suelo, hundiéndose varios metros como raíces monstruosas.
Fénix se incorporó con el pecho agitado.
—Lo… logré…
Una mínima sensación de alivio cruzó su mente.
Sin perder un segundo, aprovechó la apertura. Corrió hacia Alex y, con un impulso limpio, hundió el cuchillo con toda su fuerza en el centro de su frente.
El impacto fue seco.
El arma quedó clavada, vibrando ligeramente.
Por un instante, el campo pareció congelarse.
Entonces ocurrió.
Un dolor brutal atravesó la garganta de Fénix desde abajo. Algo sólido perforó su pecho, saliendo por la espalda en un estallido de sangre y aire ahogado.
Los ojos de Fénix se abrieron de par en par.
Bajó la mirada con dificultad.
Eran uñas.
Las mismas uñas de Alex.
Habían emergido desde el suelo, atravesándolo como estacas vivientes.
Alex soltó una carcajada baja, profunda, cargada de diversión. Con total calma, llevó una mano a su frente y arrancó el cuchillo como si se tratara de una simple astilla. La herida se cerró al instante, sin dejar rastro.
—Eso no me hizo ni cosquillas —dijo entre risas—. De verdad pensaste que te iba a regalar una apertura así.
Fénix intentó respirar, pero el aire apenas entraba en sus pulmones.
Alex dio un paso hacia él, inclinado ligeramente la cabeza.
—Todo estaba planeado. Dejé que mis uñas se enterraran… y mientras tú te confiabas, crecieron bajo tierra.
Las uñas comenzaron a moverse dentro del cuerpo de Fénix, ajustándose como serpientes invisibles.
—Ahora miden casi tres metros —continuó Alex con tono divertido—. Están rodeando tu corazón.
Las uñas apretaron.
El pecho de Fénix se tensó con un espasmo involuntario. Un jadeo roto escapó de su garganta.
Alex abrió los brazos, como si presentara una obra maestra.
—Y esto… querido capitán… significa que el juego se acabó.
La risa de Alex resonó sobre el campo de batalla, mezclándose con el humo, la sangre y el eco lejano de la guerra, mientras Fénix luchaba por mantenerse consciente, atrapado dentro de una trampa perfecta.
Alex ladeó la cabeza, observando el temblor involuntario del cuerpo de Fénix como quien analiza una pieza curiosa de laboratorio. Las uñas bajo tierra pulsaban lentamente, marcando un ritmo inquietante.
—Ahora viene la parte interesante… —murmuró para sí mismo, con una sonrisa ladeada—. ¿Qué debería hacer con tu corazón?
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Editado: 26.01.2026