Capítulo 76 - El distrito Rojo-2
El Distrito Rojo era inmenso.
Las calles parecían no terminar nunca, extendiéndose entre edificios de madera oscura y tejados superpuestos. Fénix avanzaba al frente de su escuadrón, atento a cada rincón, con la God Killer firme en su espalda.
Lucio cabalgaba a su lado, en silencio, pero con la mirada siempre en movimiento.
El viento sopló con mayor intensidad.
Y entonces ocurrió.
Un leve crujido sobre madera.
Después otro.
Fénix alzó la vista.
En los techos comenzaron a aparecer figuras oscuras.
Una.
Dos.
Diez.
Decenas.
Se movían con precisión, saltando de tejado en tejado hasta formar un perímetro perfecto alrededor del grupo de Fénix.
—Nos rodearon —murmuró uno de los soldados.
Las sombras dejaron de ser sombras cuando la luz de los faroles iluminó sus armaduras.
El emblema era inconfundible.
—Imperio Milenario —dijo Lucio con voz baja.
Los soldados del imperio permanecían inmóviles, formando un círculo elevado sobre ellos. Sus capas oscuras ondeaban con el viento.
De manera sincronizada, todos sacaron arcos.
Y luego flechas.
Las puntas estaban envueltas en tela impregnada en aceite.
Un chasquido recorrió los tejados cuando las antorchas encendieron las puntas.
Fuego.
Decenas de flechas ardientes apuntaron hacia abajo.
—¡Cobertura! —gritó Fénix.
Pero ya era tarde.
Las cuerdas tensadas vibraron al unísono.
La lluvia de fuego descendió.
Flechas atravesaron el aire con un silbido violento. Algunas impactaron contra el suelo, otras contra fachadas de madera, que comenzaron a arder casi de inmediato.
El caos estalló.
Caballos relinchando.
Soldados intentando protegerse con escudos.
Fénix desenfundó la God Killer y desvió varias flechas en el aire, pero eran demasiadas.
—¡Lucio! —gritó.
—¡Por aquí!
Lucio señaló una casa a pocos metros, cuya puerta estaba entreabierta.
Ambos descendieron de sus caballos de un salto casi simultáneo y corrieron bajo la lluvia de fuego. Una flecha rozó el hombro de Fénix, pero no lo detuvo.
Lucio pateó la puerta y ambos se lanzaron dentro justo cuando varias flechas impactaron en la entrada.
La puerta se cerró de golpe.
El interior estaba oscuro, vacío.
Se escuchaban gritos afuera.
Madera crepitando.
Fuego extendiéndose.
Fénix respiraba agitado.
—Están atacando con intención de arrasar el distrito —dijo.
Lucio asintió, mirando por una rendija de la ventana.
—No es una emboscada improvisada. Es un ataque planificado.
Otra lluvia de flechas cayó afuera.
Lucio giró hacia Fénix.
—Escucha bien.
Fénix levantó la mirada.
—Esto es un ataque directo del Imperio Milenario. No vinieron por el distrito. Vinieron por nosotros.
El silencio dentro de la casa contrastaba con el infierno exterior.
—No podemos quedarnos aquí —continuó Lucio—. Si nos ocultamos, nos cazarán uno por uno.
Fénix apretó la empuñadura de su espada.
—Entonces peleamos.
Lucio negó levemente.
—No todavía. Lo único que nos queda es avanzar.
—¿Avanzar hacia dónde?
—Hacia el centro —respondió—. Tenemos que avisar a Enid y a Marius. Si no coordinamos una defensa mínima, nos eliminarán por separado.
Fénix comprendió al instante.
Divididos eran presas.
Unidos, al menos tendrían una oportunidad.
Lucio se acercó a la puerta trasera de la casa.
—Salimos por detrás —dijo—. Nos movemos por interiores y callejones. Rápido y sin hacer ruido.
Fénix asintió.
El fuego iluminaba las paredes desde afuera, proyectando sombras temblorosas.
—Entonces avancemos —murmuró.
Lucio abrió con cuidado la salida trasera.
La noche ya no era silenciosa.
Ahora estaba viva.
Y cazando.
La puerta trasera se abrió con un crujido seco.
Fénix salió primero, con la God Killer aún envainada en su espalda. Lucio lo siguió de cerca. El callejón estaba apenas iluminado por el resplandor lejano de los incendios que comenzaban a extenderse por el distrito.
El humo ascendía lentamente, cubriendo el cielo nocturno.
—Mantente atento —murmuró Lucio.
Avanzaron pegados a las paredes, moviéndose con rapidez pero sin hacer ruido. El sonido de combates dispersos resonaba a la distancia. Metal chocando. Gritos breves. Órdenes ahogadas.
Entonces, un estremecimiento recorrió el aire.
Lucio fue el primero en percibirlo.
—Fénix—
Demasiado tarde.
Una presencia apareció detrás de ellos, veloz como una sombra desprendida del fuego. Un brillo metálico cruzó la oscuridad.
Fénix reaccionó por instinto.
Giró sobre sí mismo justo cuando unas garras afiladas descendían hacia su espalda. El ataque rasgó el aire donde su cuello había estado un segundo antes.
El impacto dejó marcas profundas en la pared.
Fénix retrocedió y desenfundó la God Killer en un movimiento fluido. La hoja reflejó el fuego cercano.
Frente a él, la figura dio un paso al frente.
Alex.
Sus ojos brillaban con una intensidad casi salvaje. Las garras metálicas extendidas desde sus guanteletes aún humeaban por la fricción.
Fénix lo miró con incredulidad.
—Pensé que estabas muerto.
Alex dejó escapar una risa breve, áspera.
—Me subestimaste.
El fuego iluminó su rostro, revelando cicatrices recientes.
—Y ahora voy a acabar contigo.
Fénix adoptó posición de combate.
—Sobreviviste aquella vez de milagro.
Alex inclinó la cabeza levemente.
—No fue un milagro. Fue voluntad.
Desapareció de la vista por un instante, impulsándose hacia adelante con una velocidad brutal.
Fénix bloqueó el siguiente ataque con la God Killer. Las garras chocaron contra la espada, generando chispas que iluminaron el callejón.
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Editado: 07.03.2026