Code Fénix Ashes of the otherworld

Capítulo 78 - El distrito Rojo-4

Capítulo 78 - El distrito Rojo-4

El troll avanzó con pasos que hacían vibrar el suelo. Cada pisada dejaba grietas en la piedra y levantaba polvo y escombros.

Fénix no esperó.

Cuando la criatura alzó su enorme brazo para aplastarlo, él ya se había movido.

Corrió en diagonal, reduciendo la distancia en lugar de aumentarla. En el último instante, se deslizó por el costado de la bestia y, con un giro preciso, descargó la God Killer contra la parte posterior de la pierna.

El filo encontró su objetivo.

El tendón.

Un corte limpio.

La criatura rugió cuando su pierna cedió parcialmente, inclinando su enorme cuerpo hacia un lado.

Pero no cayó.

El troll reaccionó con furia y lanzó una mano gigantesca hacia Fénix, intentando atraparlo como si fuera un insecto.

Fénix saltó hacia atrás, pero las garras rozaron su capa.

La segunda embestida fue más rápida.

El monstruo cerró la mano con violencia.

Fénix giró sobre sí mismo y descargó la espada en un arco ascendente.

La God Killer atravesó los dedos gruesos del troll.

Tres de ellos cayeron al suelo con un golpe pesado.

Sangre oscura brotó en abundancia.

La criatura soltó un bramido ensordecedor y comenzó a lanzar golpes desesperados, destruyendo fachadas y levantando polvo con cada impacto fallido.

Fénix esquivaba con movimientos ágiles, cortos y precisos. No podía permitirse intercambiar fuerza contra fuerza. Cada error sería fatal.

Sin embargo, algo era evidente.

La herida del tendón sangraba.

Los dedos amputados no se regeneraban de inmediato.

Pero el troll no ardía.

La God Killer poseía el poder de purificar seres sobrenaturales. En combates anteriores, su filo había consumido vampiros y entidades oscuras desde el interior.

¿Por qué no ocurría lo mismo ahora?

La respuesta era simple.

El poder de purificación no funcionaba como una explosión instantánea.

Era como intentar quemar un bosque entero con un pequeño encendedor.

Con una llama mínima, apenas se chamuscan hojas superficiales. No es suficiente para consumir la inmensidad de árboles y raíces. Pero si esa llama crece, si se mantiene, si se expande con el tiempo, entonces el bosque entero puede arder.

El troll era una masa gigantesca de energía vital primitiva. Su naturaleza no era puramente sobrenatural como la de un vampiro. Era una criatura física, densa, con una vitalidad brutal.

La purificación de la God Killer necesitaba penetrar.

Extenderse.

Consumir desde dentro.

Un solo corte no bastaba para incinerar algo tan colosal.

Pero el daño ya estaba hecho.

La energía purificadora comenzaba a filtrarse lentamente por las heridas abiertas.

El troll volvió a atacar, esta vez intentando aplastarlo con el peso de su cuerpo.

Fénix rodó por el suelo y se levantó con rapidez.

Respiraba con intensidad, pero sus ojos estaban firmes.

—Entonces no será un golpe —murmuró—. Será desgaste.

El troll cargó nuevamente.

Y Fénix avanzó hacia él, listo para seguir cortando hasta que la pequeña llama se convirtiera en incendio.

El troll rugió con furia ciega.

La sangre oscura caía por su pierna herida mientras avanzaba arrasando todo a su paso. Con su mano mutilada intentó aplastar a Fénix una vez más, golpeando el suelo con tal fuerza que las piedras se fragmentaron.

Fénix corrió hacia una casa cercana.

En el último segundo, apoyó el pie en un muro lateral y se impulsó hacia arriba, aferrándose al borde del tejado. Subió con agilidad, ignorando el dolor en sus músculos, y se incorporó justo cuando el troll estrellaba su brazo contra la fachada.

La estructura crujió, pero resistió.

Desde lo alto, Fénix evaluó la distancia.

El troll alzó la vista, furioso, mostrando los colmillos manchados de sangre.

Era ahora.

Fénix corrió por el tejado y saltó al vacío.

El aire silbó en sus oídos mientras descendía.

Sujetó la God Killer con ambas manos, alineando el filo hacia abajo.

El troll abrió la boca para rugir.

Demasiado tarde.

La espada descendió como un rayo.

La punta impactó en la parte superior del cráneo con un sonido seco y brutal.

Hubo resistencia.

Un instante.

Luego el acero atravesó hueso, carne y masa encefálica, hundiéndose hasta la empuñadura.

La energía de purificación, esta vez concentrada en un punto vital, se expandió desde el interior como una llama liberada dentro de un bosque seco.

El cuerpo del troll se tensó.

Sus ojos se abrieron de par en par.

Un último espasmo recorrió sus extremidades.

Y cayó.

El impacto hizo temblar el distrito una vez más, levantando una nube de polvo que cubrió la calle.

Fénix permaneció sobre el cuerpo inerte unos segundos, respirando con fuerza.

Luego retiró la espada del cráneo.

La sangre oscura comenzó a disiparse, y el cuerpo gigantesco quedó inmóvil.

Silencio.

El troll había muerto.

Fénix descendió del cadáver y miró alrededor.

El distrito seguía ardiendo a lo lejos.

La batalla aún no había terminado.

Pero al menos ese monstruo ya no volvería a levantarse.




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