Capítulo 84 - El distrito Rojo-10
El grito de Fénix aún resonaba en la sala del herrero.
El cuerpo de Lucio yacía inmóvil entre el metal ardiente.
Alex retiró lentamente sus garras del pecho de Lucio y miró a Fénix con una calma cruel.
Fénix temblaba.
No de miedo.
De rabia.
Sus puños se cerraron con tanta fuerza que los nudillos se pusieron blancos.
—Ya me hartaste… —dijo con la voz baja, temblorosa.
Alex inclinó ligeramente la cabeza.
Fénix levantó la mirada, con los ojos llenos de furia.
—Ahora voy a acabar contigo.
Durante un instante ninguno se movió.
Luego Alex sonrió.
—Eso quería escuchar.
En el siguiente segundo se lanzó hacia adelante como una bestia.
Fénix también corrió.
Chocaron con violencia.
Alex lo empujó con una fuerza brutal, atravesando la sala del herrero. Ambos rompieron una pared lateral de madera y salieron al exterior entre astillas y polvo.
Rodaron por el tejado de una casa cercana.
El techo estaba inclinado de forma pronunciada, casi como una pendiente resbaladiza; un tejado así tiene una inclinación muy marcada que hace difícil mantenerse firme sobre él.
Fénix logró detenerse clavando el pie entre las tejas.
Alex aterrizó frente a él, agazapado.
Debajo de ellos, el Distrito Rojo ardía en varias calles.
Las llamas iluminaban el cielo nocturno.
El viento soplaba fuerte en la altura del tejado empinado.
Ambos se miraron fijamente.
Sin espada.
Sin distracciones.
Solo ellos dos.
La pelea final estaba a punto de comenzar.
El viento soplaba con fuerza sobre el tejado empinado.
Las tejas crujían bajo el peso de ambos combatientes.
Fénix no esperó.
Avanzó con un paso firme y lanzó un golpe directo hacia el rostro de Alex.
El impacto fue seco.
Alex giró la cabeza por la fuerza del golpe y retrocedió medio paso.
Pero el tejado no era estable.
El pie de Fénix resbaló ligeramente sobre una teja suelta y su cuerpo se tambaleó hacia un lado. Durante un instante perdió el equilibrio.
Alex levantó la mirada y sonrió.
—Error.
Se lanzó hacia adelante y descargó un golpe brutal dirigido al pecho de Fénix.
Fénix reaccionó en el último segundo.
Se inclinó hacia un lado.
El puño de Alex pasó rozando su costado, arrancando varias tejas que salieron disparadas por el impacto.
Las piezas de cerámica cayeron rodando por la pendiente del techo y desaparecieron en la oscuridad de la calle.
Fénix recuperó el equilibrio con dificultad, apoyando un pie más arriba en la pendiente.
Alex volvió a erguirse frente a él.
Ambos respiraban con fuerza.
El tejado inclinándose bajo sus pasos.
El combate continuaba sobre el tejado inclinado.
Las llamas iluminaban la noche desde abajo, proyectando sombras temblorosas sobre las tejas.
Alex avanzó con una velocidad brutal.
Fénix intentó moverse, pero el terreno inestable jugaba en su contra.
El golpe llegó directo.
El puño de Alex impactó en su pecho con una fuerza devastadora.
El aire abandonó los pulmones de Fénix al instante.
Su cuerpo salió despedido hacia atrás, deslizándose por el tejado empinado. Las tejas se rompían bajo su peso mientras descendía hacia el borde.
Luego desapareció.
Alex soltó una carcajada.
—Se acabó.
Caminó lentamente hacia el borde del tejado, mirando hacia las llamas que ardían abajo.
—Al final… ni siquiera hizo falta esforzarse.
Se inclinó para mirar el cuerpo de Fénix cayendo entre el fuego.
Pero no lo vio.
En ese mismo instante, una mano surgió desde el borde del tejado.
Y agarró su tobillo.
Alex apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Fénix no había caído.
Había logrado sujetarse del borde en el último instante.
Con la otra mano aferrada a la madera del tejado, utilizó toda su fuerza para tirar.
Alex perdió el equilibrio.
—¡¿Qué—?!
Fénix lo empujó hacia abajo con un movimiento violento.
El cuerpo de Alex cayó desde el tejado directamente hacia la calle en llamas.
Pero no llegó al suelo.
Debajo del tejado, en medio de la plaza, se alzaba una estatua antigua de Miyamoto Musashi.
La figura del legendario espadachín sostenía su katana elevada.
Alex cayó de espaldas.
La hoja de la estatua lo atravesó completamente.
Su cuerpo quedó empalado contra la figura de piedra.
Durante un instante, Alex quedó suspendido allí.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
Miró hacia abajo, viendo la espada atravesando su torso.
—…interesante… —murmuró con voz débil.
La herida comenzó a brillar con una luz extraña.
Alex estaba en llamas debido al incendio provocado la piel comenzo a quemarse y Alex apenas se podia mover.
Su piel comenzó a desintegrarse.
Primero las manos.
Luego los brazos.
Su rostro se resquebrajó como ceniza.
Alex intentó moverse… pero su cuerpo se deshacía cada segundo.
—Así que… así termina…
El viento arrastró los primeros fragmentos de polvo oscuro.
Su forma se desmoronó lentamente hasta desaparecer por completo.
Alex había muerto.
Arriba, Fénix seguía colgado del borde del tejado, respirando con dificultad.
Debajo de él, las llamas seguían ardiendo.
Y la estatua de Musashi permanecía inmóvil en medio del fuego, como testigo silencioso del final del combate.
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Editado: 11.04.2026