Capítulo 86 - El distrito Rojo-12
El polvo aún flotaba en el aire dentro de la casa destruida.
Las vigas rotas crujían sobre sus cabezas.
Fénix se puso completamente de pie frente a Lucian. Su respiración seguía pesada por el combate anterior, pero su mirada era firme.
—Ya me has jodido bastante —dijo con la voz cargada de rabia—. Mandaste a Alex, nos tendiste una emboscada…
Dio un paso adelante.
—Pero ahora se acabó.
Marius avanzó hasta colocarse a su lado, levantando su espada.
—Esta vez peleas contra los dos.
Enid observaba desde atrás, preparada para intervenir si era necesario.
Lucian miró a ambos en silencio durante un momento.
Luego suspiró con calma.
—Siempre tan directos.
Fénix y Marius comenzaron a moverse para atacar.
Pero no llegaron a dar el primer golpe.
Lucian desapareció de su posición.
En el siguiente instante apareció frente a ellos.
Demasiado rápido.
Extendió ambos brazos y los empujó con una fuerza brutal.
El impacto fue devastador.
Las paredes ya debilitadas de la casa no resistieron.
La madera explotó en astillas cuando los cuerpos de Fénix y Marius atravesaron la estructura y salieron disparados hacia la calle.
Cayeron varios metros hasta estrellarse contra el suelo del Distrito Rojo.
El impacto levantó polvo y fragmentos de piedra.
Fénix rodó por el suelo hasta detenerse contra un montón de escombros.
Marius cayó unos metros más allá.
Ambos quedaron tendidos unos segundos, aturdidos.
Las costillas de Fénix ardían.
Un hilo de sangre descendía por la frente de Marius.
Los dos lograron incorporarse lentamente.
Heridos.
Doloridos.
Pero todavía capaces de luchar.
Arriba, entre los restos del techo roto, la silueta de Lucian apareció nuevamente.
Los observaba desde lo alto con la misma calma inquietante.
La batalla verdadera acababa de empezar.
Fénix y Marius lograron ponerse de pie con dificultad entre los escombros. Sus cuerpos estaban golpeados, pero seguían firmes.
Desde lo alto de la casa destruida, Lucian descendió lentamente, cayendo con elegancia sobre la calle.
Sus botas tocaron el suelo con suavidad.
Los observó a ambos durante unos segundos.
Luego sus ojos se detuvieron en Fénix.
—Debo reconocer algo —dijo con tranquilidad—. Acabar con Alex no es una hazaña pequeña.
Fénix escupió sangre a un lado.
Lucian continuó:
—Alex era uno de los guerreros más peligrosos del Imperio Milenario.
Cruzó las manos detrás de la espalda.
—Así que, sí… te respeto por eso.
El viento arrastró cenizas entre las calles del Distrito Rojo.
Lucian levantó tres dedos lentamente.
—Por respeto a tu esfuerzo, te daré una oportunidad.
Fénix lo miró con desprecio.
Lucian habló con calma absoluta.
—Voy a contar hasta tres.
Bajó un dedo.
—Cuando termine… usaré mi técnica secreta.
Bajó otro dedo.
—Y después de eso, esta pelea habrá terminado.
Fénix soltó una risa corta.
—¿Sabes algo?
Lucian arqueó ligeramente una ceja.
—No me gustan los tipos que hablan demasiado.
Lucian levantó la mano.
—Tres.
Fénix dio un paso adelante.
—Además…
—Dos.
Fénix empezó a decir algo más.
—…si realmente fueras tan fuerte—
—Uno.
En ese mismo instante, Lucian desapareció.
El aire se distorsionó.
Antes de que Fénix terminara la frase, Lucian ya estaba frente a él.
Demasiado cerca.
Demasiado rápido.
La mano de Lucian se hundió en el pecho de Fénix.
Atravesó carne.
Hueso.
Pulmón.
La espalda de Fénix se tensó por el impacto.
Sus ojos se abrieron con incredulidad.
El silencio cayó sobre la calle.
Lucian retiró lentamente la mano.
En su palma sostenía algo.
Rojo.
Húmedo.
Palpitante.
El corazón de Fénix.
Aún latiendo.
El silencio se apoderó de la calle.
Durante un instante, nadie se movió.
Fénix seguía de pie.
El agujero en su pecho aún humeaba levemente por el calor de la sangre.
Su cuerpo tembló.
Un pequeño espasmo recorrió sus brazos.
Luego tosió.
Un hilo de sangre salió de su boca y cayó sobre las piedras de la calle.
Lucian observó el corazón que sostenía en su mano.
Aún latía.
Lento.
Pesado.
La sangre resbalaba entre sus dedos.
Lucian inclinó la cabeza con curiosidad, como si estudiara un objeto extraño.
—Curioso… —murmuró.
Levantó el corazón ligeramente.
—Un corazón fuerte.
Miró a Fénix, que aún parecía intentar mantenerse en pie.
—Resististe más de lo que esperaba.
Sus ojos se posaron nuevamente en el órgano palpitante.
—Capitán de los Tigres Blancos…
Su voz se volvió tranquila, casi reflexiva.
—Un guerrero que apareció de la nada hace tres años… sin pasado… sin historia… y aun así fue capaz de cambiar el curso de varias batallas.
El latido comenzó a debilitarse.
—Es una pena.
Lucian cerró ligeramente la mano alrededor del corazón.
—Habría sido interesante ver hasta dónde podrías haber llegado.
A unos metros, Marius permanecía inmóvil.
Sus ojos estaban abiertos.
No por miedo.
Por incredulidad.
—…Fénix… —susurró.
El cuerpo de Fénix se balanceó.
Sus ojos perdieron el enfoque.
Sus piernas cedieron.
El cuerpo cayó hacia adelante.
Golpeó el suelo con un sonido seco.
Y quedó inmóvil.
Sin vida.
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Editado: 11.04.2026