Capítulo 87 - El distrito Rojo-13
El cuerpo de Fénix yacía inmóvil sobre las piedras de la calle.
La sangre comenzaba a extenderse lentamente alrededor de su torso.
El silencio que siguió fue pesado.
Irreal.
Marius permanecía de pie a pocos metros.
No se movía.
No respiraba con normalidad.
Sus ojos estaban clavados en el cuerpo de Fénix.
Como si su mente se negara a aceptar lo que acababa de ocurrir.
El capitán de los Tigres Blancos.
El guerrero que siempre avanzaba primero.
Ahora estaba allí.
Quieto.
Sin vida.
La mano de Marius tembló ligeramente alrededor de la empuñadura de su espada.
—…No… —murmuró apenas.
El viento arrastraba cenizas por la calle destruida.
Frente a el, Lucian dejó caer el corazón ya inerte de Fénix al suelo.
El sonido húmedo del impacto rompió el silencio.
Lucian observó a Marius.
Su expresión seguía tranquila.
Como si todo aquello fuera simplemente inevitable.
—Siempre terminan así —dijo con calma—. Los héroes, los líderes, los que creen que pueden cambiar algo.
Dio un paso adelante.
Las botas resonaron sobre la piedra.
Los ojos de Lucian no abandonaban a Marius.
—Pero al final…
Otro paso.
—Todos caen igual.
Marius seguía mirando el cuerpo de Fénix.
Su respiración comenzó a volverse irregular.
Lucian se detuvo frente a él.
—Ahora…
Su voz se volvió fría.
—Tú eres el siguiente.
De repente, levantó el brazo.
Y lanzó su espada con todas sus fuerzas.
La hoja giró por el aire directo hacia el pecho de Lucian.
Lucian movió ligeramente el cuerpo hacia un lado.
La espada pasó rozándolo y se clavó en una pared detrás de él con un golpe seco.
Lucian volvió a mirar a Marius.
—¿Eso fue todo?
Pero Marius no parecía escuchar.
Sus ojos seguían fijos en el cuerpo de Fénix.
Y entonces comenzó a hablar.
Su voz era baja, cargada de emoción contenida.
—Hace tres años…
El viento movió las cenizas por la calle.
—Cuando apareció… nadie sabía de dónde venía.
Sus manos temblaban ligeramente.
—No tenía pasado… no tenía recuerdos… no tenía nada.
Lucian lo observaba con expresión neutral.
Marius continuó:
—Pero aun así… caminaba como si tuviera un propósito.
Apretó los dientes.
—En este mundo lleno de monstruos, mentiras y traiciones… él fue el único que me habló como si yo fuera… una persona.
Su mirada se endureció.
—El único que me comprendió.
Una pausa.
El dolor se mezclaba con la rabia.
—El único que nunca me juzgó por lo que fui.
Miró nuevamente el cuerpo de Fénix.
—Mi único amigo.
Su voz bajó aún más.
—El único al que realmente consideré un igual.
Lucian permanecía en silencio, escuchando.
Marius levantó lentamente la cabeza.
Sus ojos estaban llenos de furia.
—Y tú…
El aire parecía tensarse.
—Tú lo mataste.
A varias casas de distancia, lejos del centro del combate, dos figuras observaban la escena desde la azotea de un edificio oscuro.
Las llamas del Distrito Rojo iluminaban el horizonte con un brillo rojizo.
Desde allí se podía ver la calle donde todo estaba ocurriendo.
El cuerpo de Fénix en el suelo.
Marius frente a Lucian.
Y los restos del combate extendiéndose por la zona.
En el borde de la azotea estaban Darem y Grunbak.
Darem tenía los brazos apoyados sobre el borde del tejado, mirando con atención lo que sucedía abajo.
Grunbak, en cambio, estaba sentado tranquilamente sobre una chimenea de ladrillo, balanceando una pierna con absoluta despreocupación.
Observó el cuerpo de Fénix durante unos segundos.
Luego se encogió de hombros.
—Una pena que Fénix haya muerto —dijo con un tono casi indiferente—. Era un tipo interesante.
Se rascó la barbilla como si estuviera pensando en algo trivial.
—Pero bueno… a veces hay pequeños inconvenientes.
Darem lo miró de reojo.
—Para ti todo es un inconveniente menor.
Grunbak soltó una pequeña risa.
—Así funciona el mundo.
Abajo, la tensión entre Marius y Lucian seguía creciendo.
Darem volvió a mirar la escena.
Luego preguntó con calma:
—¿Quién crees que va a ganar?
Grunbak se inclinó hacia adelante para observar mejor.
—¿Marius o Lucian?
Grunbak se quedó en silencio unos segundos, evaluando la situación.
Finalmente se encogió de hombros otra vez.
—Lucian es ridículamente fuerte —dijo con total tranquilidad—. Si hablamos solo de poder… probablemente gane él.
Se estiró perezosamente.
—Pero Marius tiene esa cosa molesta que tienen algunos tipos…
Darem arqueó una ceja.
—¿Qué cosa?
Grunbak sonrió con desgana.
—Motivación.
Miró nuevamente hacia la calle en llamas.
—Cuando alguien pierde a la única persona que realmente le importaba… a veces hace cosas bastante absurdas.
Darem volvió a mirar el enfrentamiento.
Abajo, el aire parecía cargado de violencia.
Grunbak apoyó la cabeza en su mano.
—Así que quién sabe.
Bostezó ligeramente.
—Tal vez veamos algo interesante.
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Editado: 11.04.2026