Capítulo 88 - El distrito Rojo-14
No había sonido.
No había viento.
No había fuego.
Fénix abrió los ojos lentamente.
Oscuridad.
Absoluta.
Durante unos segundos no entendió nada.
Intentó moverse.
Su cuerpo respondió… pero se sentía extraño. Pesado, ajeno, como si no le perteneciera del todo.
Miró hacia abajo.
Hasta la cintura estaba sumergido en algo.
Un líquido oscuro.
Espeso.
Inmóvil.
No podía ver el fondo, pero lo sentía frío… y húmedo, como si estuviera de pie en una masa silenciosa que no reaccionaba a sus movimientos.
Frunció el ceño.
—¿Qué…?
Su voz no hizo eco.
No había nada que la devolviera.
Entonces lo notó.
Algo no estaba bien.
Su respiración… no dolía.
Su pecho…
Sus ojos se abrieron de golpe.
Instintivamente llevó la mano hacia su torso.
No había herida.
No había sangre.
Pero tampoco sentía su corazón.
El silencio se volvió más pesado.
—Esto… no tiene sentido…
De repente, a lo lejos, algo apareció.
Una luz.
Pequeña al principio.
Lejana.
Pero creciendo.
La oscuridad a su alrededor no desaparecía, pero la luz avanzaba lentamente, expandiéndose como si tuviera presencia propia.
Fénix entrecerró los ojos.
—¿Quién está ahí?
La luz se detuvo frente a él.
Era enorme ahora.
No tenía forma definida.
Solo brillaba.
Y, sin embargo, transmitía una sensación extraña.
Calma.
Pero también algo… inevitable.
Entonces habló.
Su voz no venía de un punto específico.
Resonaba en todo el espacio.
—Has despertado.
Fénix apretó los dientes.
—¿Dónde estoy?
Hubo un breve silencio.
La luz pareció intensificarse ligeramente.
—En ningún lugar… y en todos a la vez.
Fénix frunció el ceño, molesto.
—No tengo tiempo para acertijos.
Dio un paso en el líquido oscuro, que apenas reaccionó.
—Dime dónde estoy.
La luz guardó silencio un instante más.
Luego respondió con absoluta claridad.
—Estás muerto.
El mundo pareció quedarse aún más vacío tras esas palabras.
Fénix no respondió de inmediato.
Su mirada se endureció.
—…
La luz continuó, serena.
—Tu cuerpo ha caído.
—Tu corazón ha dejado de latir.
—Tu vida… ha terminado.
El silencio volvió.
Más pesado que antes.
Fénix bajó ligeramente la cabeza.
El líquido oscuro no se movía.
Nada se movía.
Todo estaba quieto.
Pero dentro de él…
Algo no encajaba.
La luz permaneció inmóvil frente a él.
Silenciosa.
Observándolo.
Fénix sostenía su mirada, desafiante, negándose a aceptar lo evidente.
Entonces la luz volvió a hablar.
—No puedes regresar por tu cuenta.
Su brillo aumentó levemente, como si sus palabras tuvieran peso.
—Pero hay una… alternativa.
Fénix entrecerró los ojos.
—Habla.
El líquido oscuro a su alrededor vibró apenas, como si reaccionara a lo que estaba por decirse.
—Puedo devolverte a la vida.
El silencio se volvió denso.
Fénix no respondió de inmediato.
—¿A cambio de qué?
La luz no dudó.
—De tu futuro.
Una pausa.
—Si aceptas… regresarás ahora mismo.
—Tu cuerpo sanará.
—Tu corazón volverá a latir.
La voz se volvió más grave.
—Pero dentro de dos años… tu cuerpo dejará de pertenecerte.
Fénix frunció el ceño.
—Explícate.
La luz se expandió ligeramente.
—Te convertirás en un recipiente.
El líquido oscuro pareció enfriarse aún más.
—Un recipiente de Wolfsbane.
El nombre resonó en la nada.
Algo antiguo.
Algo que no debería existir.
Fénix sintió un leve escalofrío, aunque no había frío real.
—¿Qué es eso?
La luz respondió con absoluta calma.
—Una criatura.
—No humana.
—No divina.
—Algo que consume.
El brillo pulsó.
—Cuando llegue el momento… tu conciencia se apagará.
—Tu humanidad desaparecerá.
—Y tu cuerpo será tomado por completo.
Una pausa.
—No quedará nada de ti.
El silencio se volvió insoportable.
Fénix apretó los puños.
—¿Dos años?
—Dos años.
—Ese es el tiempo que tendrás.
Fénix bajó la mirada hacia el líquido oscuro.
Dos años.
Dos años para vivir.
Para pelear.
Para proteger.
Para… decidir.
La voz de Lucio cruzó su mente.
“No pelees por venganza… pelea por proteger.”
Sus ojos se cerraron con fuerza.
La imagen de Enid apareció.
La de Marius.
La de todo lo que aún estaba ocurriendo.
Si no volvía…
Todo terminaba ahí.
La luz habló una última vez.
—Acepta… y regresa.
—Rechaza… y permanece aquí para siempre.
El silencio quedó suspendido entre ambos.
Fénix levantó lentamente la cabeza.
Su mirada ya no dudaba.
—…Entonces no hay elección.
Un paso hacia adelante en la oscuridad.
—Lo acepto.
La luz brilló con intensidad.
—Así será.
El mundo comenzó a desmoronarse a su alrededor.
El líquido oscuro desapareció.
La luz lo envolvió por completo.
Y en ese instante…
Su corazón volvió a latir.
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Editado: 11.04.2026