Code Fénix Ashes of the otherworld

Capítulo 89 - El distrito Rojo-15 FIN

Capítulo 89 - El distrito Rojo-15 FIN

El aire era denso.

El olor a humo y sangre impregnaba cada rincón del callejón.

Marius corría como podía, tambaleándose, apoyándose en las paredes para no caer.

Su respiración era irregular.

Cada paso le dolía.

La sangre le recorría el costado, empapando su ropa.

Aun así, no se detenía.

Tenía que seguir.

Tenía que… sobrevivir.

Giró en un callejón estrecho, casi a ciegas.

Y entonces lo sintió.

Esa presencia.

Detrás de él.

Sin necesidad de mirar, lo sabía.

Lucian lo estaba siguiendo.

Sin prisa.

Como un depredador seguro de su presa.

Marius apretó los dientes y aceleró como pudo.

De repente, tropezó ligeramente… y vio algo apoyado contra la pared.

Una ballesta.

Vieja.

Pero funcional.

Sin pensarlo dos veces, la tomó.

Sus manos temblaban mientras la cargaba.

Se giró.

Apuntó hacia la entrada del callejón.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Entonces…

Pasos.

Lentos.

Firmes.

Lucian apareció en la entrada, caminando con total calma.

Marius no dudó.

Disparó.

La flecha salió disparada a toda velocidad, directa al pecho.

Impacto.

Pero…

No ocurrió nada.

La flecha se partió contra su cuerpo como si hubiera golpeado una muralla.

Marius abrió los ojos con incredulidad.

Disparó otra.

Y otra.

Todas tuvieron el mismo resultado.

Inútiles.

Lucian se detuvo.

Miró los restos de las flechas caer al suelo.

Y entonces…

Sonrió.

Una risa baja, cargada de desprecio.

—¿Eso es todo?

Marius retrocedió un paso.

Su agarre sobre la ballesta se debilitó.

Lucian avanzó.

Sin prisa.

Sin esfuerzo.

—Patético.

En un instante…

Desapareció.

Y apareció frente a él.

Antes de que Marius pudiera reaccionar…

Lucian lo empujó con una fuerza brutal.

El impacto fue seco.

Marius atravesó la pared detrás de él.

Madera y piedra estallaron en pedazos.

Su cuerpo salió despedido al interior de una casa abandonada, rodando por el suelo entre escombros.

Un golpe.

Otro.

Y finalmente se detuvo.

Tosiendo sangre.

Apenas consciente.

Los pasos de Lucian resonaron mientras atravesaba el agujero en la pared.

Entró.

Sin apuro.

Mirándolo desde arriba.

—Mírate.

Su voz era fría.

Vacía.

—¿De verdad pensaste que podías hacer algo?

Marius intentó moverse.

Pero su cuerpo no respondía.

Lucian lo observó unos segundos más.

—Eres… patético.

El polvo aún flotaba en el aire.

Marius apenas podía moverse entre los escombros, con la respiración rota y la vista nublada.

Lucian avanzaba hacia él.

Lento.

Imparable.

—Se acabó —murmuró, alzando ligeramente la mano.

Y entonces—

Un sonido seco.

Preciso.

Una barra de metal atravesó su pecho.

Directo al corazón.

El tiempo pareció detenerse.

Lucian abrió los ojos con una mínima sorpresa.

Bajó la mirada lentamente.

La barra sobresalía por su espalda.

Por primera vez…

Su cuerpo no reaccionó de inmediato.

No hubo regeneración.

No hubo burla.

Solo silencio.

Sus piernas cedieron.

Cayó de rodillas.

Luego, al suelo.

Su piel comenzó a agrietarse.

Como si se estuviera deshaciendo desde dentro.

Una especie de vapor oscuro empezó a desprenderse de su cuerpo.

Desintegrándose.

Desapareciendo.

Marius, aún en el suelo, apenas podía procesarlo.

Su mirada temblorosa se alzó hacia la entrada.

Y entonces lo vio.

Entre el humo…

De pie.

Con la respiración pesada.

Cubierto de heridas… pero vivo.

Fénix.

Marius se quedó completamente helado.

—Tú…

Su voz apenas salió.

—Yo… te vi morir…

Fénix no respondió de inmediato.

Su mirada estaba fija en el cuerpo que se desvanecía de Lucian.

Luego habló, con tono serio.

—Esa es la clave.

Dio un paso hacia adelante.

—Si dañas su corazón… no pueden volver a levantarse.

El cuerpo de Lucian terminó de deshacerse en el suelo, evaporándose por completo.

No quedó nada.

Solo silencio.

Marius seguía mirándolo.

Incapaz de entender.

—Esto… no tiene sentido…

Fénix finalmente giró la cabeza hacia él.

Sus ojos… no eran los mismos.

Había algo distinto.

Algo más frío.

Más profundo.

—Luego te explico.

Una pausa.

Marius seguía en el suelo, respirando con dificultad, con la mirada fija en Fénix.

Procesando.

Intentando entender.

Pero entonces…

Una sonrisa.

Pequeña al principio.

Incrédula.

Y luego más clara.

—Idiota… —murmuró, con la voz quebrada.

Se le escapó una risa leve, mezclada con el dolor.

—Sigues vivo…

Fénix no respondió con palabras.

Solo lo miró.

Y, lentamente…

Le tendió la mano.

Un gesto simple.

Pero firme.

Sin dudarlo, Marius alzó el brazo con esfuerzo y la tomó.

El agarre fue fuerte.

Real.

Fénix tiró de él y lo ayudó a ponerse en pie.

Marius tambaleó un poco, pero logró mantenerse.

Aún sonriendo.

Aún sin creérselo del todo.

Fénix lo sostuvo un instante para que no cayera.

Y entonces habló.

Con un tono más relajado.

Más humano.

—Ya está.

Una pausa.

Miró hacia el exterior, donde las llamas iluminaban la noche.

—Por fin todo acabó.

Volvió a mirar a Marius.

—Podremos volver a Vandrel.

El nombre quedó suspendido en el aire.

Como una promesa.

Marius bajó la mirada un segundo.

Asintió lentamente.

—Sí…

Pero en el fondo de esa calma…




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