Code Fénix Ashes of the otherworld

Capítulo 93 - Memoria borrada

Capítulo 93 - Memoria borrada

La lluvia golpeaba suavemente el techo de madera de la pequeña posada.

El ambiente era cálido.

Tranquilo.

Muy distinto al caos de los recuerdos que acababan de ser contados.

En una de las habitaciones, Fénix permanecía recostado sobre una cama sencilla, completamente cubierto de vendas en gran parte del torso y los brazos.

La luz tenue de una lámpara iluminaba apenas la habitación.

A su lado, sentada en una pequeña silla de madera, estaba Elira.

Con cuidado, mojaba un paño en agua fría y luego lo apoyaba sobre la frente de Fénix.

Durante unos segundos ninguno habló.

Solo se escuchaba la lluvia.

Elira bajó lentamente la mirada.

—Entonces…

Su voz fue suave.

—Todo eso fue lo que ocurrió en Vandrel.

Fénix asintió apenas.

—Sí.

Elira permaneció en silencio, procesando todo.

La guerra.

Lucian.

La luna roja.

La muerte.

Finalmente volvió a hablar.

—¿Y qué pasó después?

Fénix cerró los ojos unos segundos.

Su expresión cambió ligeramente.

Confusión.

Molestia.

Como si intentara alcanzar algo que se escapaba constantemente.

—No lo recuerdo bien.

Elira inclinó un poco la cabeza.

—¿Nada?

Fénix abrió nuevamente los ojos y observó el techo de madera.

—Solo fragmentos.

Su voz era más baja ahora.

—Pequeños recuerdos sueltos.

—Como sueños rotos.

Elira lo observó en silencio.

Fénix llevó lentamente una mano vendada hacia su cabeza.

—Después de ese momento…

—Todo se volvió confuso.

Una pausa.

—Recuerdo fuego.

—Gente gritando.

—Y sangre.

Elira apartó un mechón de cabello detrás de su oreja.

—Debió ser horrible.

Fénix soltó una pequeña exhalación.

—Probablemente.

Elira lo miró de reojo.

—“Probablemente”.

—Hablas como si ni siquiera estuvieras seguro de haberlo vivido.

Fénix dejó escapar una leve risa cansada.

—Créeme… yo también estoy empezando a preguntármelo.

La lluvia continuaba golpeando las ventanas.

Elira volvió a mojar el paño y lo apoyó nuevamente sobre la frente de Fénix.

—Entonces intenta contarlo igual.

Fénix giró ligeramente la cabeza hacia ella.

—¿Aunque esté incompleto?

Elira asintió.

—A veces los recuerdos vuelven mientras hablas.

Fénix permaneció callado unos segundos.

Luego suspiró.

—De acuerdo…

Su mirada se perdió nuevamente en el techo.

—Voy a intentar juntar los pocos recuerdos que me quedan de ese momento.

Y lentamente…

Comenzó a recordar.

Las calles de Vandrel estaban desiertas.

Completamente vacías.

Ni un alma.

Las puertas de las casas permanecían cerradas, las ventanas apagadas y las calles, que apenas unas horas antes estaban llenas de celebración, ahora parecían abandonadas desde hacía años.

Solo el viento recorría la ciudad.

Y la luz roja de la luna bañándolo todo.

Marius y Fénix avanzaban lentamente por la avenida principal.

Las botas resonaban sobre la piedra con un eco extraño.

Inquietante.

Marius observó los alrededores con desconfianza.

—Esto no me gusta nada.

Fénix mantenía una mano apoyada sobre la empuñadura de su espada.

—A mí tampoco.

Marius frunció el ceño mientras miraba hacia un callejón vacío.

—¿Dónde se metió todo el mundo?

—Hace menos de una hora el castillo estaba lleno.

Fénix negó lentamente.

—No lo sé.

Una ráfaga de viento recorrió la calle levantando polvo y papeles viejos.

Marius miró hacia la enorme barrera roja que cubría el cielo.

—¿Tú entiendes qué demonios está pasando?

Fénix soltó una pequeña exhalación.

—Si lo entendiera ya habría golpeado algo.

—Eso no responde mi pregunta.

—Es lo mejor que tengo.

Marius lo miró de reojo.

—Tu capacidad para improvisar sigue dándome miedo.

Fénix esbozó una leve sonrisa.

—Y aun así sigues siguiéndome.

—Claramente tengo problemas para tomar buenas decisiones.

Ambos continuaron caminando.

El silencio de la ciudad era demasiado absoluto.

Ni perros.

Ni caballos.

Ni siquiera el sonido de pasos ajenos.

Nada.

Fénix se detuvo de repente.

Marius también.

Los dos miraron alrededor al mismo tiempo.

—¿Escuchaste eso? —preguntó Marius.

Fénix permaneció inmóvil unos segundos.

Luego negó lentamente.

—No.

Marius frunció el ceño.

—Exacto.

El comentario hizo que Fénix entendiera de inmediato.

No había ningún sonido.

Ni uno solo.

Era como si la ciudad estuviera muerta.

Fénix apretó ligeramente la mandíbula.

—Esto no es normal.

Marius soltó una pequeña risa nerviosa.

—Gracias por aclararlo, empezaba a pensar que la luna roja y las barreras gigantes eran comunes.

Fénix ignoró el comentario.

Su mirada recorría cada rincón de la calle.

Atento.

Tenso.

—Siento algo raro.

—Como si…

Se detuvo.

Marius levantó una ceja.

—¿Como si qué?

Fénix tardó unos segundos en responder.

—Como si nos estuvieran observando.

El viento sopló nuevamente entre las calles vacías.

Y por primera vez desde que salieron del castillo…

Ambos sintieron un escalofrío real.

El viento recorrió la calle vacía levantando pequeñas partículas de polvo.

Fénix seguía inmóvil, atento a cada rincón oscuro de Vandrel.

Y entonces…

Pasos.

Lentos.

Tranquilos.

Resonaron al final de la avenida.

Marius entrecerró los ojos inmediatamente.

Una figura apareció caminando entre la neblina rojiza de la ciudad.

Manos en los bolsillos.

Sin apuro.

Como si estuviera dando un paseo nocturno.

Fénix lo reconoció al instante.




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