Capítulo 97 - Preparación
Horas después.
Oscuridad.
Frío.
Y… calor.
Una mezcla extraña.
Confusa.
Fénix comenzó a recuperar la consciencia lentamente.
Primero el sonido.
Leña crepitando.
Viento golpeando madera.
Después…
El dolor.
Un dolor monstruoso.
Intentó mover apenas un brazo.
Error.
Una punzada brutal atravesó todo su cuerpo.
Como si le hubieran clavado hierro caliente entre los huesos.
Un gruñido escapó de su garganta.
Costillas.
Espalda.
Piernas.
Todo dolía.
Todo.
Abrió lentamente los ojos.
Una habitación pequeña.
Techo de madera.
Mantas.
Una estufa encendida en una esquina.
No podía moverse.
Ni siquiera incorporarse.
La puerta se abrió.
Pasos rápidos.
Y entró Tom.
Al verlo despierto, abrió mucho los ojos.
—¡Fénix!
Fénix reaccionó de inmediato.
Con un esfuerzo salvaje levantó una mano temblorosa.
Agarró a Tom del borde de la ropa.
—¿Qué… demonios… pasó…?
La voz le salió rota.
Débil.
Desesperada.
Tom lo sostuvo rápido.
—¡Ey, tranquilo!
—¡Tranquilo, no te muevas!
Fénix apretó más fuerte.
—¡Tom…!
—¡¿Qué pasó?!
Tom tragó saliva.
Nervioso.
Agotado.
—No… no lo sé.
Fénix quedó inmóvil.
Tom negó rápidamente con la cabeza.
—Lo último que recuerdo…
Respiró hondo.
—Es estar en el castillo.
—Después…
—Nada.
Silencio.
El fuego crepitó suavemente.
Tom continuó.
—Desperté fuera de Vandrel.
—En las afueras.
—Igual que la princesa.
Las palabras tardaron unos segundos en asentarse.
Fénix lo miró fijamente.
Tom bajó un poco la mirada.
Su voz se volvió mucho más baja.
—El resto…
Pausa.
—El resto de las personas están muertas.
Silencio absoluto.
Solo el viento afuera.
Fénix sintió un vacío abrirse dentro del pecho.
Tom lo vio intentar incorporarse.
Mala idea.
Apenas movió el torso—
Dolor.
Brutal.
Inmediato.
Fénix soltó aire entre dientes.
Tom lo empujó suavemente de nuevo hacia la cama.
—¡No!
—No hagas eso.
Su tono se volvió serio.
—Y sinceramente…
Negó lentamente.
—No te recomiendo moverte.
Miró las vendas cubriendo prácticamente todo su cuerpo.
—No tengo idea de cómo sigues vivo.
Pausa.
—De verdad.
—No lo entiendo.
Fénix respiraba con dificultad.
Tom continuó.
—Tienes heridas que deberían haber matado a cualquier persona diez veces.
Miró sus brazos vendados.
Luego su pecho.
—Costillas destrozadas.
—Hemorragias.
—Heridas profundas por todo el cuerpo.
Exhaló lentamente.
—Milagrosamente… sigues aquí.
Fénix permaneció unos segundos en silencio.
Mirando el techo.
Respirando dolor.
Y una sola pregunta comenzó a abrirse paso lentamente en su mente.
Vandrel.
Marius.
Enid.
La habitación quedó en silencio.
Solo el sonido suave del fuego llenaba el espacio.
Tom permanecía sentado al lado de la cama.
Mirando a Fénix con preocupación.
Finalmente habló.
—Fénix…
Pausa corta.
—¿Qué pasó en las calles de Vandrel?
Silencio.
Fénix no respondió.
Su mirada permaneció fija en el techo de madera.
Tom insistió, más despacio.
—Cuando desperté…
—Todo estaba destruido.
—Cadáveres.
—Sangre por todas partes.
Tragó saliva.
—¿Qué demonios pasó allí?
Nada.
Ni una palabra.
Fénix desvió lentamente la mirada hacia un lado.
Los recuerdos volvieron.
La plaza.
Los cadáveres.
Los Lycans.
Marius.
El ojo azul.
Su mano comenzó a cerrarse lentamente debajo de las mantas.
Tom lo notó.
—Fénix…
—¿Dónde están los demás?
Silencio.
Más pesado esta vez.
Los dedos de Fénix se cerraron con fuerza.
Más.
Hasta que las vendas crujieron ligeramente alrededor de su mano.
Tom bajó un poco la voz.
—¿Qué viste?
Fénix apretó todavía más los puños.
No.
No quería decirlo.
No podía.
Porque si empezaba a hablar…
Todo volvería.
La traición.
La impotencia.
El odio.
Su mandíbula se tensó.
Tom lo observó unos segundos.
Esperando una respuesta.
No llegó.
Solo vio cómo Fénix cerraba los ojos lentamente.
Y cómo sus manos seguían apretándose.
Temblando.
Dentro de su cabeza…
Solo existía una palabra.
Una sola.
Fría.
Simple.
Venganza.
Un mes después…
El invierno había llegado rápido.
Demasiado rápido.
En poco menos de un mes, el frío ya cubría la región con mañanas heladas, viento cortante y cielos permanentemente grises.
El monasterio permanecía silencioso entre las montañas.
Pacífico.
Frío.
En el patio central—
CLANG
El sonido del acero rompía la calma.
Fénix entrenaba.
Solo.
Su espada se movía con precisión.
Cortes horizontales.
Verticales.
Cambios de postura.
Respiración controlada.
Pero aún no era perfecto.
No todavía.
Sus movimientos seguían teniendo pequeñas imperfecciones.
Rigidez.
Su cuerpo seguía readaptándose.
Volviendo a funcionar.
Volviendo a obedecer.
El vapor escapaba de su respiración con cada movimiento.
Sudor mezclándose con el frío.
En una ventana del monasterio…
Lilith observaba en silencio.
A su lado estaba Tom con una jarra caliente entre las manos.
Lilith mantuvo la vista fija en Fénix.
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Editado: 13.06.2026