Capítulo 98 - Una visita inesperada
Era de noche.
El monasterio dormía.
La luna llena iluminaba tenuemente la habitación de Fénix.
Él permanecía apoyado contra la ventana.
Silencioso.
Mirando el cielo.
La nieve cubría los alrededores del monasterio.
Todo parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Entonces—
Un pequeño ruido detrás suyo.
Fénix giró de inmediato.
Instinto puro.
Su mano fue hacia la espada.
Y allí…
Sentado tranquilamente sobre una silla como si la habitación fuera suya…
Estaba Alucard.
Piernas cruzadas.
Absolutamente relajado.
Fénix parpadeó una vez.
—…No.
Pausa.
—No puede ser.
Alucard levantó una ceja.
—Qué bienvenida tan cálida.
Fénix entrecerró los ojos.
—Te conozco.
Los recuerdos tardaron apenas un instante en encajar.
Jotunhaim.
El frío infernal.
Aquel dragón monstruoso.
Hace tres años.
—Tú ayudaste con el dragón.
Alucard sonrió apenas.
—Vaya.
—Tu memoria no está tan rota como parecía.
Fénix soltó aire por la nariz.
—¿Qué haces aquí?
Alucard se puso de pie lentamente.
—Vine a hablar.
Miró hacia la ventana.
Hacia la luna.
—Porque el mundo está hecho un desastre.
Su tono tenía ese sarcasmo tranquilo de alguien demasiado acostumbrado al caos.
—Vandrel medio destruido.
—El Crisol del Caos sellado a medias.
—Barreras dimensionales debilitadas.
—Criaturas apareciendo donde no deberían.
Hizo un pequeño gesto con la mano.
—Lo normal.
Fénix cruzó los brazos.
—Ve al grano.
Alucard soltó una pequeña risa.
—Sigues siendo amable, veo.
Se apoyó contra una pared.
—La situación actual es simple.
—Marius ya no está en este plano.
—El sellado lo lanzó a otro.
—Nadie sabe exactamente dónde.
—Nadie sabe cuánto tiempo permanecerá atrapado.
Silencio.
La luna iluminaba parcialmente la habitación.
Fénix habló sin rodeos.
—Lo voy a matar.
Alucard lo miró.
Sin sorpresa.
Solo… curiosidad.
Fénix sostuvo su mirada.
—No importa cuánto tarde.
—No importa dónde esté.
—Voy a encontrarlo.
Alucard exhaló lentamente.
—Claro.
—La clásica venganza homicida post-trauma.
Miró el techo.
—Nunca pasa de moda.
Fénix no sonrió.
Ni un poco.
Alucard notó eso.
Y su tono perdió algo de ironía.
—Hablas en serio.
—Completamente.
Fénix asintió una sola vez.
Silencio.
Luego Alucard soltó una leve exhalación.
—Bien.
Miró directamente a Fénix.
—Entonces tengo malas noticias.
Pequeña pausa.
—Si ahora mismo fueras contra él…
Señaló las vendas todavía visibles bajo la ropa.
—Morirías.
Directo.
Sin suavizar nada.
Fénix no respondió.
Alucard continuó.
—El Marius que viste en Vandrel…
—Ya no es el hombre con el que recorrías tabernas y peleabas monstruos.
Su expresión se endureció ligeramente.
—Ahora es otra clase de problema.
Miró la luna llena un instante.
Luego volvió a Fénix.
—Así que tienes dos opciones.
—Seguir entrenando hasta romperte otra vez…
Una media sonrisa sarcástica apareció en su rostro.
—O entrenar correctamente por primera vez en tu maldita vida.
La habitación quedó en silencio.
La luna llena iluminaba parcialmente el rostro de Fénix.
Alucard permanecía apoyado contra la pared, observándolo.
Fénix soltó una pequeña exhalación.
Una especie de risa seca.
—…Je.
Bajó apenas la mirada hacia su propia mano.
Todavía marcada por cicatrices recientes.
Luego habló.
Tranquilo.
Seguro.
Como alguien que ya tomó una decisión imposible de mover.
—Siempre se puede ganar.
Alucard levantó una ceja.
Fénix continuó.
—Más siendo yo.
No sonó arrogante.
Sonó peligrosamente convencido.
Se apartó de la ventana lentamente.
—Quizás no mañana.
—Quizás no dentro de un año.
Miró la luna un instante.
Su voz se volvió más baja.
Más dura.
—Quizás me lleve años.
—Décadas incluso.
Silencio.
El viento golpeó suavemente la ventana.
Fénix apretó apenas el puño.
—Pero voy a hacerlo.
Su mirada se endureció.
El cansancio.
El dolor.
El duelo.
Todo seguía allí.
Pero debajo de todo eso…
Había una voluntad monstruosamente firme.
—Voy a encontrar a ese hijo de puta.
La frase salió limpia.
Sin vacilar.
Sin rabia explosiva.
Solo certeza.
—Voy a alcanzarlo.
—Voy a superar lo que sea necesario.
—Voy a atravesar cualquier maldito infierno que tenga delante.
Alucard escuchaba sin interrumpir.
Fénix siguió.
—Porque al final da igual cuán fuerte se haya vuelto.
—Da igual en qué plano se esconda.
—Da igual cuánto tiempo pase.
Una pausa corta.
Sus ojos permanecían clavados en la luna.
—Algún día…
—Voy a estar parado frente a él otra vez.
Su tono descendió hasta convertirse casi en un juramento tranquilo.
—Y ese día…
—Se terminó.
Silencio.
Alucard lo observó unos segundos.
Luego soltó una pequeña sonrisa ladeada.
—Bueno.
—Eso fue preocupantemente motivador.
El sonido del metal golpeado llenaba la sala.
CLANG.
CLANG.
Chispas.
Calor.
Hierro al rojo vivo.
Tom daba los últimos ajustes a una enorme armadura colocada sobre una mesa metálica.
Fénix observaba apoyado contra una pared.
La armadura tenía un diseño agresivo.
Oscuro.
Capa pesada.
Placas superpuestas.
Protecciones reforzadas en hombros, brazos y piernas.
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Editado: 27.06.2026