CAPÍTULO 184: Final sin salida
Un lugar en negro. Un vacío absoluto, sin horizonte, sin suelo verdadero. Solo una tenue luz descendiendo desde algún punto inaccesible en lo alto, bañando un pequeño círculo.
Allí, en el centro, Fénix. Encogido en posición fetal, con los brazos rodeando sus piernas, la frente pegada a las rodillas. Sus sollozos quebraban el silencio, cada respiración sonaba como una confesión rota.
El pensamiento lo taladraba:
Había perdido todo.
El control de su cuerpo.
A sus amigos.
A su familia.
Su voz interior se volvió un susurro apagado, casi una plegaria:
"Y, aun así... el año que pasé en Enid Corp fue el mejor de mi vida."
Las imágenes acudieron solas, casi como heridas dulces: las risas compartidas en medio del peligro, las discusiones que parecían eternas, el calor de una mesa compartida. En algún punto, esas personas habían dejado de ser aliados, habían dejado de ser simples compañeros. Se habían convertido en su única familia.
Por un instante, Fénix se permitió imaginarlo: un mundo donde todo hubiera sido perfecto. Donde no existían las traiciones, ni las cicatrices, ni la sangre en sus manos. Un mundo donde Enid era solo una mujer feliz a su lado, donde sus amigos reían sin miedo a la oscuridad que los rodeaba.
Ese mundo no existía. Pero en su interior, durante un segundo, lo sintió real.
Una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla. La luz tenue pareció atraparla en su recorrido, como si el propio vacío quisiera conservarla como reliquia.
Fénix cerró los ojos.
Y el mundo, junto con él, se apagó.
Fin de la parte I