CAPÍTULO 190: Blood War-6
Berlín — Sede de Spectral-Corp
En pleno corazón de Berlín, un edificio de vidrio negro y acero se erguía como una fortaleza de modernidad. La sede de Spectral-Corp brillaba bajo el cielo nocturno, imponente, fría y silenciosa por fuera, pero rebosante de actividad en su interior. Laboratorios, oficinas estratégicas y, sobre todo, las salas de entrenamiento donde los equipos de limpieza se preparaban para una de las tareas más peligrosas del mundo: mantener la ilusión de normalidad en un planeta plagado de criaturas sobrenaturales.
Bajo la dirección del enigmático Señor Simon Verkut, Spectral-Corp operaba desde las sombras para borrar los rastros de los enfrentamientos entre vampiros y lycan. Cuando la sangre manchaba las calles o un edificio quedaba reducido a cenizas, los equipos de limpieza eran los primeros en llegar. Eliminaban pruebas, neutralizaban amenazas y convertían lo imposible en silencio.
En una sala de reuniones amplia, las paredes estaban cubiertas de mapas, pantallas tácticas e imágenes en tiempo real de desastres recientes. Simon Verkut, un hombre de mediana edad de rostro severo y presencia autoritaria, se mantenía al frente. Frente a él, un grupo de soldados con uniformes tácticos negros escuchaba con atención.
—Escuchen bien —gruñó Verkut, golpeando la mesa con el puño—. Hasta ahora, nuestro trabajo ha sido limpiar los desastres que dejan estos malditos monstruos. Nos llaman cuando hay sangre, cuando hay cuerpos que deben desaparecer o edificios que deben quedar reducidos a cenizas. Y hemos cumplido con excelencia… pero esta vez es diferente.
Un silencio cargado se extendió en la sala. Los soldados intercambiaron miradas tensas.
—El gobierno alemán nos ha asignado algo más grande. No es solo una limpieza. Es una operación de caza. El objetivo es Marius.
El nombre cayó sobre ellos como un peso de plomo. Marius: el alfa supremo de los lycan, un monstruo que arrastraba un siglo de masacres a sus espaldas.
—¿Por qué nosotros? —continuó Verkut, caminando frente a los soldados—. Porque Marius no es solo un problema para las criaturas de la noche. Es un problema para la humanidad. Su actividad está fuera de control, y encubrirlo se vuelve cada vez más difícil. Si sigue así, será cuestión de tiempo antes de que la población descubra la verdad. Y cuando eso ocurra… será el fin de la civilización tal como la conocemos.
Se detuvo y los miró uno por uno.
—El objetivo es claro: neutralizar a Marius y eliminar toda evidencia de su existencia. No será fácil. Marius no es cualquier lycan. Es el alfa de los alfas. Pero no estamos aquí porque sea fácil. Estamos aquí porque nadie más puede hacerlo.
Las pantallas mostraron imágenes satelitales de un bosque remoto. Se veía a un grupo de lycan desplazándose a lo largo de una carretera.
—El equipo Bravo estará a cargo de la limpieza. Alpha, ustedes estarán en el frente. Su misión es cazar a Marius. Vivo o muerto. Tenemos autorización para operar sin restricciones. Nadie hará preguntas si utilizamos fuerza letal.
Uno de los soldados levantó la mano.
—¿Tendremos refuerzos o apoyo aéreo?
—Negativo —respondió Verkut con una firmeza helada—. Esta operación depende únicamente de nosotros. No subestimen a Marius ni a su manada. Si alguien flaquea, todos morirán.
Los soldados asintieron, tensos, decididos.
—Prepárense. Tienen veinte minutos para equiparse. Alpha va en primera línea. Esta noche cambiaremos el rumbo de esta guerra silenciosa.
Los soldados se levantaron de inmediato, aferrándose a sus armas y ajustando sus chalecos. La cacería había comenzado.
Área de Preparación — Equipo Alpha, Spectral-Corp
En la sala de preparación, los miembros del equipo Alpha revisaban su arsenal. Entre cascos, cargadores y rifles de precisión, reinaba un silencio disciplinado. Algunos intercambiaban palabras breves; otros ajustaban las comunicaciones. Y allí, destacando entre todos, estaba Enid Drakewood.
Con el cabello recogido y el rostro parcialmente oculto bajo el visor de su casco táctico, Enid se movía con la seguridad de quien ya había sobrevivido a demasiadas misiones. Sin embargo, mientras cargaba el rifle y ajustaba su chaleco antibalas, su mente vagaba lejos de la sala.
Marius…
Apretó los labios al recordar el motivo real por el que estaba allí.
Todos creen que esto es solo otra operación de limpieza. Pero yo tengo otros planes.
Mientras verificaba un cuchillo de plata en su cinturón, sus pensamientos se afilaron. No estaba allí por lealtad ciega a Spectral-Corp. Tampoco por un sentido heroico de proteger a la humanidad. Estaba allí por algo más importante: una oportunidad única.
Una muestra de sangre… eso es todo lo que necesito. Una gota de la sangre de Marius podría cambiarlo todo.
La sangre del alfa supremo era un tesoro genético. Poder puro. Una mezcla de fuerza, regeneración y velocidad que superaba a cualquier criatura conocida.
Enid abrió discretamente un compartimento secreto de su mochila y revisó un pequeño vial vacío, preparado para almacenar la muestra.
Si consigo esta sangre... no será solo un arma contra ellos. Será un arma para mí. Mi seguro. Mi ventaja.
Sabía que ni Spectral-Corp ni el gobierno eran fiables. Ambos querían controlar a las criaturas, no erradicarlas. Y ninguno dudaba en sacrificar a su propio personal.
No pienso ser un peón en este juego. No otra vez.
Cerró el compartimento y revisó las municiones de su Glock personalizada. Era la única que sabía exactamente qué quería de aquella misión.
—¡Drakewood, date prisa! —gritó un soldado desde el otro extremo de la sala—. Salimos en cinco minutos.
Enid asintió en silencio, ajustó su casco y tomó su rifle. Pero antes de avanzar, una última idea cruzó su mente, afilada y peligrosa.