Code Fénix Maximum

CAPÍTULO 205: Misión suicida

CAPÍTULO 205: Misión suicida

Misión Recuperación

La noche envolvía la cordillera con un silencio denso, apenas roto por el viento que barría la nieve como cuchillas invisibles. En la base avanzada, a varios kilómetros de la entrada de la cueva, el equipo Alfa se preparaba para descender. Michael ajustaba los cierres de su equipo táctico, mientras Selene comprobaba por última vez el cargador de su arma. Junto a ellos, cuatro soldados de Enid Corp revisaban sensores térmicos y cuerdas de anclaje.

Desde la superficie, en una plataforma improvisada de acero y focos halógenos, Enid Drakewood observaba las pantallas junto a Grunbak. La imagen mostraba un mapa tridimensional de la cueva: un laberinto de hielo antiguo, con una enorme cámara central marcada en rojo.

—La misión es clara —dijo Enid con voz firme a través del comunicador—. Entráis, aseguráis el perímetro y recuperáis los restos de Eva. Nada de improvisaciones. Si algo se mueve ahí abajo, quiero saberlo al instante.

Michael apretó el comunicador contra su oído.
—Recibido. ¿Qué tipo de lecturas tenéis?

Grunbak intervino, con un tono extrañamente calmado.
—Picos de calor intermitentes. Demasiado regulares para ser naturales. Sea lo que sea, no está muerto del todo… o no duerme como algo normal.

Selene frunció el ceño mientras miraba la oscura abertura de la cueva.
—Entonces no solo venimos a recoger un cadáver.

—Nunca lo es —respondió Enid—. Pero recordad: Eva es prioritaria. Si podéis traerla intacta, mejor. Si no… traed pruebas.

El equipo Alfa avanzó. Las linternas perforaron la oscuridad azulada del hielo, revelando paredes cubiertas de símbolos antiguos, casi borrados por el tiempo. A cada paso, el frío se hacía más profundo, más antinatural, como si la cueva respirara lentamente.

—No me gusta este sitio —murmuró uno de los soldados.

Michael lo escuchó, pero no respondió. Tenía la sensación de que no estaban solos, de que algo llevaba siglos esperando precisamente ese momento.

En la superficie, Grunbak sonrió apenas, observando las lecturas.
—Empieza —dijo en voz baja.

Y en las profundidades de la cueva nevada, algo antiguo pareció agitarse en su letargo eterno.

Mientras descendían lentamente por la cueva nevada, las cuerdas crujían bajo el peso del equipo y el viento helado se filtraba desde la abertura superior como un susurro antiguo. Las linternas iluminaban paredes de hielo azuladas, cubiertas de grietas que parecían cicatrices del tiempo. Michael avanzaba en silencio, atento a cada sonido, mientras Selene descendía a su lado con una expresión inusualmente solemne.

—Para los vampiros, Eva no es solo un mito —comenzó Selene, rompiendo el silencio—. Es la madre de nuestra especie. La primera. La que aceptó la oscuridad cuando el mundo aún no entendía lo que era el miedo verdadero.

Michael giró levemente la cabeza hacia ella, escuchando con atención.

—Se dice que Eva no fue creada como los demás —continuó Selene—. No hubo mordida, ni ritual incompleto. Ella fue transformada directamente, de forma pura. Por eso su sangre es distinta. Más antigua. Más fuerte. Muchos creen que, si despertara, podría reclamar a todos los vampiros como suyos… o destruirlos con la misma facilidad.

Uno de los soldados del equipo alfa tragó saliva, claramente incómodo, pero Selene siguió hablando, con voz firme.

—Durante siglos, los clanes la adoraron en secreto. Templos ocultos, cánticos, sacrificios simbólicos. Pero con el tiempo, el miedo superó a la devoción. Comprendieron que, si Eva regresaba, el equilibrio se rompería. Por eso su descanso se volvió sagrado. Nadie debía encontrarla. Nadie debía despertarla.

Michael observó el fondo de la cueva, aún invisible entre la niebla helada.

—Y aun así estamos aquí —murmuró.

Selene asintió lentamente.

—Porque Enid Corp no cree en lo sagrado. Cree en el poder. Y Eva… —hizo una breve pausa— es la definición misma de eso.

El equipo siguió descendiendo, rodeado por el silencio sepulcral de la cueva.

El equipo avanzó con cautela hasta que el túnel se abrió en una cámara colosal. Ante ellos se alzaba una puerta inmensa formada por capas de hielo antiguo y piedra negra, cubierta de símbolos tallados que parecían latir con una energía silenciosa. El aire era tan frío que cada respiración se volvía visible.

Selene se detuvo en seco. Sus ojos se entrecerraron al reconocer los grabados.

—Lo sabía… —murmuró—. Esta es una puerta sellada por los antiguos.

Michael se acercó un paso, observando la estructura.

—¿Antiguos vampiros? —preguntó en voz baja.

—Sí —respondió Selene—. Los primeros clanes. Antes de las guerras, antes de Lucían, antes de todo. Este tipo de sellos no se abre con fuerza ni con tecnología. Solo reconoce la sangre de su linaje.

Sin dudarlo, Selene se quitó el guante. Sacó una pequeña hoja y se hizo un corte limpio en la palma. La sangre oscura cayó lentamente y la pasó por uno de los surcos centrales de la puerta. Al instante, los símbolos comenzaron a brillar con un tono carmesí apagado. El hielo crujió, como si despertara de un largo sueño.

Un sonido profundo resonó en toda la cueva. La puerta empezó a spararse en dos, liberando una corriente de aire helado y antiguo. Al otro lado se reveló una cripta gigantesca, sostenida por columnas de piedra y hielo, con estatuas vampíricas arrodilladas y un sarcófago colosal en el centro.

Michael miró a Selene con asombro.

—¿Cómo funciona exactamente? —preguntó.

Selene apretó la mano herida y volvió a colocarse el guante.

—La puerta está viva —explicó—. Reconoce la sangre, pero también la intención. Si alguien que no pertenece al linaje intenta abrirla, el sello lo mata. No es un mecanismo de defensa… es una prueba. Solo quienes respetan a Eva pueden cruzar.




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