CAPÍTULO 209: Recapitulación
Después de los eventos ocasionados en el glaciar, Enid Corp recuperó los restos de Adán. A partir de ese hallazgo, la corporación logró sintetizar el suero Uber Lycan, un proyecto largamente perseguido que marcaría un antes y un después en el equilibrio de poder del mundo paranormal. Con la creación de este suero, Enid Corp inició una nueva etapa de expansión y reclutamiento, incorporando a nuevos elementos clave: Fénix Roger y Marcus Blackwood.
El año 2000 quedó rápidamente registrado como un periodo de actividad constante y creciente violencia.
El 6 de marzo del año 2000, el llamado Equipo Fénix, integrado por Fénix, Vannesa y Lucían, fue emboscado en un orfanato abandonado. El responsable del ataque fue Darem Sentinel, en un enfrentamiento que dejó consecuencias profundas tanto a nivel operativo como personal para los implicados. Aquel suceso marcó el inicio de una cadena de acontecimientos que ya no pudo detenerse.
En abril del mismo año, ocurrió un atentado en la Casa Blanca. Aunque la información oficial fue cuidadosamente manipulada, los registros internos de Enid Corp confirmaron que aquel ataque estuvo directamente vinculado a experimentos y conflictos derivados del suero Uber Lycan y de entidades que operaban desde las sombras del poder político.
Durante el mes de mayo, tuvo lugar el incidente de Vladslavia. Tras el fallecimiento de su presidente, el país cayó en una espiral de caos, violencia y descomposición institucional. Vladslavia quedó sumida en la desgracia, convirtiéndose en un territorio inestable y peligroso, un punto negro en los mapas estratégicos internacionales.
El 31 de octubre del año 2000 se produjo uno de los acontecimientos más devastadores jamás registrados: el Infierno en Berlín. El incidente fue de tal magnitud que la ciudad quedó completamente inhabitable. Berlín permaneció cerrada y abandonada durante cinco largos años, hasta el inicio de su reconstrucción en 2005. Las pérdidas humanas y materiales nunca pudieron cuantificarse con exactitud.
En noviembre de ese mismo año, salió a la luz una red de fraudes que involucraba a la presidenta electa Helena Strauss. Antes de poder ser capturada, Strauss falleció en circunstancias poco claras. Su principal aliado, Viktor, CEO de Antigen, fue detenido y llevado a juicio en los Estados Unidos, exponiendo públicamente una parte del entramado de corrupción que había operado durante años.
Sin embargo, el año aún no había terminado.
En diciembre del año 2000, la ciudad de Nueva York se convirtió en el escenario de un atentado sin precedentes. El ataque se prolongó durante quince días consecutivos, dejando la ciudad prácticamente destruida. Muy pocos lograron salir con vida. Para el mundo exterior, aquello fue catalogado como una tragedia inexplicable; para Enid Corp, fue la culminación de un año marcado por el caos absoluto.
Estos fueron todos los eventos documentados en los que Enid Corp se vio directa o indirectamente involucrada a lo largo del año 2000. Para muchos historiadores y analistas, no existe duda alguna: el año 2000 fue el año más cargado de tragedias documentadas en toda la historia de la humanidad.
Estamos en el año 2012 y, por primera vez en mucho tiempo, el mundo vive una calma relativa. Las grandes tragedias que marcaron el cambio de milenio han quedado atrás y ahora solo persisten como informes archivados, expedientes clasificados y recuerdos incómodos que pocos desean remover. Las ciudades que una vez fueron reducidas a ruinas han sido reconstruidas, y las naciones han logrado recuperar una aparente estabilidad.
En la superficie, todo parece estar bajo control. Enid Corp continúa operando en silencio, observando y anticipándose desde las sombras, mientras la humanidad avanza con una falsa sensación de normalidad. No es una paz absoluta, sino un equilibrio frágil, sostenido por la vigilancia constante y la esperanza de que los horrores del pasado no vuelvan a repetirse… al menos no todavía.
En la sede de Enid Corp en Berlín, la jornada transcurría con una tranquilidad casi artificial. El edificio de cristal y acero se alzaba impecable bajo un cielo gris, mientras en su interior todo funcionaba con precisión milimétrica. Era una paz relativa, de esas que no nacen de la ausencia de peligro, sino de tenerlo firmemente controlado.
Las puertas automáticas de la recepción se abrieron y un hombre de mediana edad entró con paso decidido. Su nombre era Joe Kessler, investigador independiente, conocido por no soltar un caso hasta llegar al fondo. Su mirada recorrió el lugar con desconfianza antes de dirigirse directamente al mostrador.
—Quiero hablar con la directora ejecutiva —dijo sin rodeos—. Con Enid Drakewood.
La recepcionista, una mujer joven de expresión profesional, mantuvo la compostura.
—Lo siento, señor. La señora Drakewood no recibe visitas sin cita previa. Puede dejar sus datos y—
—No —interrumpió Joe, apoyando ambas manos sobre el mostrador—. Esto no es una visita de cortesía. Es un asunto legal. Dígale que Joe Kessler está aquí.
La recepcionista frunció ligeramente el ceño.
—De verdad, no puedo hacer eso. Le ruego que baje la voz.
—¿Bajar la voz? —replicó Joe, alzándola aún más—. Después de todo lo que esta empresa ha hecho, ¿espera que me vaya sin respuestas?
Algunas miradas comenzaron a dirigirse hacia la recepción. El ambiente empezaba a tensarse… hasta que una voz serena cortó el murmullo.
—No hay necesidad de hacer tanto escándalo.
Ambos giraron la cabeza. Enid Drakewood se encontraba a pocos metros, vestida de negro impecable, con las manos entrelazadas y una expresión tranquila, casi amable. Había aparecido sin anunciarse, como si siempre hubiera estado allí.
—Señor Kessler —continuó—. Si deseaba hablar conmigo, bastaba con pedirlo de forma adecuada.
Joe la observó con frialdad.
—He leído el informe Mercer —dijo—. El de hace dos años. Y no solo eso, tengo pruebas suficientes para llevarla a juicio. Experimentos ilegales, encubrimientos, desapariciones… Todo apunta a Enid Corp, y a usted.