Code Fénix Maximum

CAPÍTULO 212: El original

CAPÍTULO 212: El original

Fénix dejó de aplaudir. El eco de sus palmas se extinguió lentamente en el pasillo, dando paso a un silencio tenso. Su expresión se tornó casi decepcionada, como si todo aquello no hubiera sido más que un juego mal ejecutado.

—Qué fácil… —murmuró, ladeando la cabeza—. Y qué aburrido.

Clavó sus ojos oscuros en Selene y luego en Joe, evaluándolos como piezas defectuosas.

—De verdad esperaba un poco más de diversión. Una persecución, un intento desesperado de huida, algo que valiera la pena recordar. Pero no… solo un tropiezo en un pasillo y un par de miradas nerviosas.

Soltó una breve risa, grave, casi animal.

—Supongo que no todos los días se tiene un buen espectáculo.

Dio un paso al frente. Los guardias no se movieron, pero la tensión aumentó de inmediato.

—Aunque, siendo sincero… no me molesta. Las cosas simples también tienen su encanto. Especialmente cuando el resultado es tan predecible.

Fénix llevó una mano a su pecho, justo donde latía su corazón alterado por el suero.

—Además, hoy estoy de buen humor.

Sus labios se curvaron en una sonrisa torcida al mencionar el nombre que realmente le importaba.

—Enid estará satisfecha. A ella le gusta el orden, el control, que todo encaje como piezas de un tablero. Yo solo soy el que mueve las piezas cuando es necesario.

Giró levemente el cuello, como si estirara los músculos antes de una pelea que no llegaría.

—Ella me dio un propósito… una forma de existir. Antes de Enid, yo era otra cosa. Un recuerdo roto, una sombra sin rumbo. Ahora tengo un lugar. Una función. Una lealtad.

Sus ojos brillaron con una mezcla extraña de devoción y peligro.

—Algunos dirían que estoy encadenado —continuó—. Que soy un monstruo domesticado. Pero no entienden nada. Yo elegí este camino. Elegí seguirla.

Miró directamente a Selene.

—Porque Enid no promete salvación… promete control. Y el control es lo único que mantiene al mundo en pie.

Luego dirigió su mirada hacia Joe, con una sonrisa cargada de ironía.

—Así que, investigador… fugitiva… no se lo tomen como algo personal. Simplemente están en medio del tablero equivocado, enfrentándose a la persona equivocada… y al perro equivocado.

Fénix abrió los brazos lentamente, como si diera la bienvenida a lo inevitable.

—Y ahora, si me disculpan… vamos a terminar con este pequeño acto.

El gesto de superioridad de Fénix se quebró de forma abrupta.

Su mano derecha se movió sola.

Los dedos se cerraron con violencia alrededor de su propio cuello, hundiéndose en la piel con una fuerza inhumana. Un sonido áspero escapó de su garganta cuando el aire le fue arrancado de golpe.

—Ngh… ¿qué…? —gruñó, intentando resistirse.

Su cuerpo comenzó a sacudirse de manera errática, como si una fuerza invisible tirara de sus músculos. Dio varios pasos torpes hacia atrás y chocó contra dos de los soldados, que cayeron al suelo desorientados.

—¡Fénix! —gritó uno de ellos.

Pero Fénix no podía responder. Su propia mano seguía apretando con furia, los tendones marcándose bajo la piel, los ojos desorbitados por la falta de oxígeno.

Selene no necesitó pensarlo dos veces.

—¡Ahora, Joe! —susurró con urgencia.

Joe reaccionó al instante. Ambos se lanzaron hacia el ascensor más cercano mientras los guardias intentaban recomponerse del caos. Selene pulsó el botón con fuerza repetidas veces hasta que las puertas se abrieron lo suficiente para que pudieran colarse.

Entraron justo cuando el ascensor comenzaba a cerrarse.

Desde el pasillo, Fénix seguía forcejeando contra sí mismo, empujando a otro soldado contra la pared en su descontrolado movimiento.

Las puertas se cerraron por completo.

El ascensor inició el descenso.

El zumbido mecánico fue un alivio momentáneo para Selene y Joe, que respiraban agitados, con el pulso acelerado.

En el pasillo, la presión sobre el cuello de Fénix finalmente cedió. Su mano se aflojó poco a poco hasta caer a un costado. Él aspiró una gran bocanada de aire, llevándose la otra mano al cuello, aún sorprendido.

—Tch… —masculló, recuperando el aliento—. Maldito reflejo.

Enderezó la postura, con una mueca tensa en el rostro.

—Es un acto reflejo del Fénix original… —dijo en voz baja, más para sí mismo que para los demás—. Todavía quedan residuos de su voluntad en este cuerpo.

Alzó la mirada, observando las puertas cerradas del ascensor como si pudiera ver a través de ellas.

Una sonrisa peligrosa se dibujó lentamente en su rostro.

—Interesante… Esto acaba de ponerse un poco menos aburrido.

El gesto de superioridad de Fénix se quebró de forma abrupta.

Su mano derecha se movió sola.

Los dedos se cerraron con violencia alrededor de su propio cuello, hundiéndose en la piel con una fuerza inhumana. Un sonido áspero escapó de su garganta cuando el aire le fue arrancado de golpe.

—Ngh… ¿qué…? —gruñó, intentando resistirse.

Su cuerpo comenzó a sacudirse de manera errática, como si una fuerza invisible tirara de sus músculos. Dio varios pasos torpes hacia atrás y chocó contra dos de los soldados, que cayeron al suelo desorientados.

—¡Fénix! —gritó uno de ellos.

Pero Fénix no podía responder. Su propia mano seguía apretando con furia, los tendones marcándose bajo la piel, los ojos desorbitados por la falta de oxígeno.

Selene no necesitó pensarlo dos veces.

—¡Ahora, Joe! —susurró con urgencia.

Joe reaccionó al instante. Ambos se lanzaron hacia el ascensor más cercano mientras los guardias intentaban recomponerse del caos. Selene pulsó el botón con fuerza repetidas veces hasta que las puertas se abrieron lo suficiente para que pudieran colarse.

Entraron justo cuando el ascensor comenzaba a cerrarse.

Desde el pasillo, Fénix seguía forcejeando contra sí mismo, empujando a otro soldado contra la pared en su descontrolado movimiento.




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